Actualizado: 14/12/2018 10:51
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Supremo, EEUU, Kavanaugh

Por qué me agrada tanto la camarada Ford

El FBI y la alegación de Christine Blasey Ford contra Brett Kavanaugh

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No se levantará un solo testigo contra un hombre
por cualquier iniquidad o por cualquier pecado que haya cometido;
el caso será confirmado por el testimonio de dos o tres testigos.
Deuteronomio 19:15

La Dra. Christine Blasey Ford, alias Chrissy, viene a confirmar cómo la resistencia anti-Trump invierte por ciego partidismo hasta el estándar americano. Hasta hace poco estribaba en creer en algún Dios y atenerse a la razón en los asuntos humanos. Me agrada mucho la Dra. Ford porque la investigación sumaria del FIB demostrará que su alegación contra Brett Kavanaugh sólo puede sostenerse con la fake religión de creer en ella y mandar al carajo la razón humana como única rectora de la apreciación de las pruebas.

El sueño de una noche de verano

El artículo de fe reza que, siendo estudiante (1978-84) de la Escuela Holton-Arms (Bethesda, Maryland), Chrissy conoció a Kavanaugh, “the boy who sexually assaulted me”. El evangelio según la Dra. Ford narra que:

1. Una noche del verano de 1982, la quinceañera Chrissy salió del club que frecuentaba en Chevy Chase (Maryland) a una fiestecita en una casa por Bethesda. Allí estaban cuatro chichos: Kavanaugh, Mark Judge, Patrick J. Smyth (P.J.) y otro de cuyo nombre no quiere acordarse, así como su amiga Leland [Ingham Keyser].

2. Ella tomó apenas una cervecita, pero Brett y Mark estaban ya visiblemente borrachos. Al subir de la sala al segundo piso para ir al baño, ella fue empujada por detrás a una habitación. Brett y Mark entraron y cerraron la puerta. La habitación tenía música puesta y Brett o Mark subieron el volumen. Tras caer de un empujón en la cama, Brett se encaramó encima de ella y empezó a manosearla. Trató de desnudarla, pero no pudo. Además de estar muy borracho, ella llevaba el traje de baño debajo.

3. Chrissy pensó que Brett iba a violarla. Al intentar pedir auxilio a gritos, Brett le tapó la boca y ella se aterrorizó. Eso fue lo que más impactó en su vida. Llegó a pensar que Brett iba a matarla sin querer al impedirle respirar. Brett y Mark estaban ebrios y reían. Mark lo mismo decía a Brett dale que aguanta. Saltó sobre la cama dos veces y en la última ocasión todos rodaron. Ella pudo incorporarse y salir de la habitación.

4. Entró al baño, cerró la puerta y escuchó después cómo Brett y Mark bajaban la escalera con mucho ruido, dando tumbos contra las paredes. Tras esperar otro rato, ella bajó por la misma escalera a la sala y salió de la casa. Ya en la calle tuvo enorme sensación de alivio.

Mucho ruido y pocas nueces

Lo primero que va a encontrar el FBI es que Smyth y Keyser no recuerdan haber coincidido jamás en ninguna fiestecita con Brett y Chrissy. Algo difícil de olvidar, porque la fiesta descrita por la Dra. Ford sería una en que Chrissy se fue de repente sin despedirse. Al verla de nuevo “su amiga Leland [Keyser]” tendría que haberle preguntado al menos qué pasó.

Lo segundo que va a encontrar el FBI es que Chrissy fijó el marco temporal de la agresión en “una noche del verano de 1982”, pero Brett llevaba meticulosamente sus calendarios y en las notas de aquel verano no hay ninguna peripecia por Bethesda. Ni borrones ni tachaduras.

El FBI dará también con que Chrissy no sabe a qué casa fue ni quién era dueño de la casa u organizador de la fiestecita. Ni con quién se encontró en la calle que pudo llevarla de vuelta a su propia casa. Así quedan borrados dos testigos excepcionales: quien pudo notar cómo estaba Chrissy inmediatamente después de haber escapado del terror y quien debe recordar una fiesta tan peculiar que —de pronto— tuvo música muy alta en el segundo piso, de donde bajaron dos borrachos dando tumbos y luego una chicha, que se fue sin decir ni pío.

El FBI encontrará que Chrissy vino a contar los detalles en sesión de terapia de pareja hacia 2012, que trajo su causa del deseo de agregar una segunda puerta de entrada a la casa que comparte con su esposo, Russell Ford, pero no requirió terapia al casarse con él en 2002, esto es: al reproducirse sin violencia el mismo contexto vital de tener un hombre encima dentro de una habitación cerrada.

El FBI encontrará que la prueba del detector de mentiras que la Dra. Ford pasó es una broma colosal. Tras redactar su propia declaración, la Dra. Ford respondió tan sólo dos pregunticas: 1) ¿Es falso algún pasaje de su declaración? y 2) ¿Inventó usted algún pasaje de su declaración? Ambas respuestas fueron negativas y ni siquiera hubo preguntas de control, que estas pruebas llevan de cajón para comprobar la veracidad.

El FBI se topará con que en esta declaración, del 7 de agosto, la Dra. Ford escribió que fiestaban “4 [borrón] boys and a couple of girls”, aunque en la carta a la senadora Feinstein, del 30 de julio, había escrito “me and 4 others”, pero que —cualquiera sea el número— nadie tiene idea de ninguna fiesta con Brett and Chrissy presentes, ya sea por Bethesda o en otro lugar, durante el verano de 1982 o en otra estación del año e incluso en otro año.

Así que el FBI no tiene siquiera que aclarar por qué la Dra. Ford rehúsa entregar todas las notas de su terapia en 2012, luego de haberlas revelado parcialmente al Washington Compost y tener que echarle el muerto a su terapista de haber metido a “cuatro chicos” dentro de la habitación en vez de dos.

Coda

La resurrección de Chrissy, al cabo de treinta y pico años, no viene de haber sido clavada y expirar en una cruz por nosotros. Viene de alegar como víctima que Kavanaugh intentó violarla y, como toda imputación criminal entre mortales, tiene que pasar el tamiz de la prueba.


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