Actualizado: 16/10/2017 9:39
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Sanders, EEUU, Elecciones

Por una campaña honesta

Si los republicanos quieren llegar a la Casa Blanca para beneficiar a los ricos, al menos deberían tener la honestidad de decirlo

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Lo más lamentable de la actual campaña presidencial no es la presencia de Donald Trump. Es la falta de honestidad de los aspirantes republicanos, al pretender hablar en favor de una clase media deteriorada, cuando lo que buscan es beneficiar aún más a los poderosos.

El senador demócrata Bernie Sanders ha transitado por el camino opuesto. Su campaña no ha necesitado de los Super PAC. Tampoco ha tenido que recurrir a los ataques personales o a las mentiras. No hay que estar de acuerdo en todo lo que dice, tampoco es necesario compartir todas sus estrategias. Es muy posible que no logre la nominación de su partido. Pero lo único que no puede negársele a Sanders es su honestidad, algo que no puede decirse de sus rivales republicanos, y que en más de una ocasión lleva a dudar de su contendiente demócrata, la senadora Hillary Clinton.

Hay dos aspectos fundamentales que los republicanos se niegan a reconocer. Uno es que los partidarios de Trump están motivados en buena medida por la necesidad de una mejor distribución de la riqueza. El otro tiene que ver con los datos macroeconómicos.

Si consideramos los índices económicos más generales —esos que los políticos e ideólogos neoliberales prefieren citar y callan ahora—, la clase media y la población estadounidense en general debería estar disfrutando una época de bonanza.

La tasa de desempleo es muy baja. El precio de la gasolina se ha reducido considerablemente. Se logró salvar a la industria automovilística. El peligro de una recesión no se ha materializado. El desempeño financiero es excelente, las ganancias bursátiles también y la dependencia energética se ha invertido al punto de que EEUU es de nuevo un exportador de petróleo.

La realidad es que Obama ha resultado el gran salvador del capitalismo estadounidense, tras la crisis en que los republicanos hundieron a esta nación la última vez que gobernaron.

Aunque dicha salvación no ha resultado pareja para todos. Pero la causa del desequilibrio excesivo no es que el actual gobierno esté en contra de los capitalistas, sino que los favorece demasiado.

Trump ha querido canalizar a su favor el rechazo a los “grandes intereses”, sin entrar en detalles. Pero cabe preguntarse si la culpa por el éxodo de fábricas y sistemas operativos; la sustitución de empleados norteamericanos por inmigrantes peor pagados y la multiplicación de paraísos fiscales obedece a un plan “comunista” o es simplemente consecuencia de la globalización y el capitalismo posindustrial.

¿Cómo confiar entonces en quienes financian sus campañas con el dinero de corporaciones y multimillonarios?

La solución a los problemas de este país no está en la disminución de impuestos a los ricos, que prometen Trump y los senadores Marco Rubio y Ted Cruz. El bienestar para la nación, en estos momentos, no depende de una falsa promesa en el regreso de fábricas que nunca volverán o en facilitarle más dinero a los ricos, para que lo inviertan en otros sitios más rentables, fuera de EEUU, sino en poner las universidades al alcance de todos. Y eso es lo que propone Sanders.

Lo demás es engaño, como cuando Rubio propugnó aquí en Florida una fracasada legislación fiscal, que pretendía aumentar el impuesto a las ventas para eliminar el de la vivienda. De triunfar la ley de Rubio, una camarera pobre, que vivía en un apartamento alquilado, habría tenido que contribuir, con el magro dinero de sus propinas, a que cualquier magnate o profesional se viera libre del impuesto a la propiedad.

Si los republicanos quieren llegar a la Casa Blanca para beneficiar a los ricos, al menos deberían tener la honestidad de decirlo abiertamente, y así contar solo con los votos de los privilegiados.


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