Actualizado: 18/10/2019 17:37
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América Latina

Postmocaudillos y neocuranderos

De cómo cierta izquierda ha decidido agenciarle un sentido reivindicador al término 'populismo'.

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Cada nación hispanoamericana ha tenido un Telmo Romero en algún momento de su historia. Los caudillos populistas del siglo XX también se rodearon de rasputines y curanderos. Perón, a quien Marcos Aguinis reputa de "arquetipo", tuvo en su vida dos brujos de cabecera: Evita y, luego, el ignominioso López Rega.

Dejada atrás la era de las dictaduras claramente militares, hasta hace poco uno podía hacerse entender, sin lugar a equívocos, al llamar "populista" a cualquier régimen electoralmente fraudulento, tiránico, manirroto, palabrero, clientelar, azuzador de resentimientos de casta o de raza, corrupto y corruptor.

' La razón populista'

Pues bien, cierta izquierda bien pensante ha decidido robarnos la palabra y dotarla de un sentido reivindicador: volverla contra sus enemigos; reivindicar lo que de "atajo hacia el desarrollo humano" presuntamente tiene el populismo de los Chávez y los Morales.

La operación, desde luego, comienza en la academia, en los centros de estudios culturales del Tercer Mundo que hay en muchas universidades gringas y algunas europeas.

Por ejemplo, hay un caballero que dicta clases en la Universidad de Essex, Inglaterra. Se llama Ernesto Laclau. Se define a sí mismo como postmarxista (¿qué podrá ser ello?) y el Fondo de Cultura Económica le ha publicado un libro suyo titulado La Razón Populista.

Como es ya característico de cierta industria académica en esta era de descrédito del marxismo, Laclau se esmera en la cocción de una bullabesa hecha de Foucault, Derrida, Lacan, métodos de la lingüística generativa transformacional, una pizca de Antonio Gramsci y préstamos de la terminología propia de las ciencias "duras".

En uno de sus ensayos en pro del neopopulismo, Laclau dice cosas tan inextricables como esta: "la construcción de una subjetividad popular sólo es posible con base en la producción de significantes tendencialmente vacíos".

¿Cómo saber, a punto fijo, si ese galimatías está a favor o en contra?

Para mí que ni siquiera es brujería, sino algo de nombre más castizo: engañifa.


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