Actualizado: 20/10/2017 18:43
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El “factor Putin” irrumpe en la campaña electoral por la presidencia de Estados Unidos

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El hackeo de los correos electrónicos de la Convención Nacional Democrática (CND), que al cabo no resultaron ni tan dañinos, ni siquiera escandalosos —hay sendos textos en el The Washington Post y en The New Yorker que colocan el asunto en su justa medida— pone en evidencia las ansias hegemónicas del presidente ruso Vladimir Putin.

No es Trump el preferido del zarevich ruso: es Sanders.

Mientras de Hillary Clinton se puede esperar una política exterior semejante a la del presidente Barack Obama —pienso que, incluso, más agresiva—, y para el caso particular de Rusia quizás toda una estrategia que aplaque los pininos imperialistas de Putin; mientras que de un Trump-presidente es difícil saber que resultaría en términos de política exterior, toda vez que sus declaraciones al respecto han sido compulsivas, incoherentes, y eso a pesar de haber dicho que Putin le simpatiza, Sanders por su parte hubiera sido el presidente americano más blando de la Historia de este país, y los rusos lo saben.

Y les gustaba la idea, esa de un Presidente Kumbaya, cuasi-socialista, anti-capital, anti-capitalista, tan parecido a aquellos izquierdistas sesenteros que la URSS alentaba y apoyaba. Tan quintacolumnista, el Bernie, que Putin decidió echarle una última tabla de salvación a ver qué pasaba.

Y no pasó nada.

La correos electrónicos solo provocaron la renuncia de la presidenta del Comité Nacional Demócrata (CND), Debbie Wasserman Schultz, que a diferencia de Bernie y sus Berniebros entendió que había que hacerle paso a Hillary en pro de una victoria de los demócratas en noviembre. Y de inmediato se quitó del camino.

La noticia de los emails está a punto de ser olvidada. Solo el FBI y otras agencias seguirán el rastro de los hackers hasta la dasha de Putin, y ahí acabará la historia.

Pero quede el suceso como un recordatorio de un mal conjurado a tiempo: el de Bernie Sanders, su promesa de revolución, y sus revolucionarios de Starbucks, academia y “We shall overcome!”, o sea, “Venceremos!”.

Quede además como una confirmación de aquello de “dime con quién andas...”, y como una prueba más de que Bernie era, es, mala idea para Estados Unidos, y que Putin, tiranuelo boreal, antiamericano, su Berniebro, también lo sabía.


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