Actualizado: 23/05/2019 11:26
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Venezuela, Maduro, Ayuda

¿Qué pasará si el ejército venezolano no deja entrar la ayuda humanitaria?

La confrontación es inevitable. La pregunta es, ¿cómo se iniciará el proceso para acabar con el apoyo del ejército a Maduro?

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Dicen que el presidente Donald Trump no dijo en Miami todo lo que tenía que decir sobre Venezuela. Que parecía un acto de campaña y que pone en los opositores venezolanos toda la responsabilidad de lo que sucederá este sábado 23 de febrero en la frontera venezolana por donde quieran entrar la ayuda político-humanitaria. Dicen que nada va a pasar; que solo son palabras.

Y todo porque Trump no ha dicho con cuantos cañones piensa sacar a Nicolás Maduro del poder. Así lo quieren saber ya, a las claras, y que empiece la invasión; no importa cuantos muertos haya, porque lo que va a pasar, calculan todos, es que en cuanto los helicópteros americanos empiecen a tirar tiros, el ejército bolivariano se va a desmerengar. Es posible, pero, ¿y si no?

El drama venezolano se asemeja a un cabrito destrozado por las balas que de tanto quejarse y sangrar ya casi no se puede agarrar por ningún lado. Moviéndose entre los estertores de la razón y la muerte. Viniendo desde un abismo y acercándose a otro.

Juan Guaidó arenga al pueblo para que marchen los 848 kilómetros que van desde Caracas hasta Cúcuta para forzar la entrega de la ayuda humanitaria. Ciudadanos contra militares. Pero Maduro, que va a hacer un concierto musical para contrarrestar el evento del multimillonario Richard Branson (sólo a un par de locos se les ocurre hacer conciertos cuando va a empezar una guerra) utilizará esa contra-payasada para concentrar ciudadanos chavistas y enfrentarlos a las decenas de miles de ciudadanos que piensa movilizar Guaidó.

El presidente encargado prometió 250.000 voluntarios que irán hasta Cúcuta, y esa caravana, que con cálculos conservadores tendrá de largo unos 200 kilómetros, repletos de 50.000 compactos autos familiares y un poco menos si van en camiones con sus respectivos ciudadanos dentro.

¿Tendrán que convencer ellos solitos a los militares bolivarianos de que les dejen pasar de ida y vuelta hasta Cúcuta? Y los militares, mediante algún pacto secreto tramado en estos días, ¿los dejarán pasar al otro lado a buscar los suministros y después regresar por donde mismo vinieron?

Es poco probable, ¿pero, y si pasa? Y si todo se desarrolla pacíficamente —que eso es lo que se dice que se quiere, pero en realidad no se quiere, porque lo que se quiere es que se forme la bronca— ¿qué vendría después?

¿Y si el ejército bolivariano pone a 30 kilómetros de la frontera un par de barricadas para que ninguno de los 50.000 autos o camiones pase? Para que ese puente de Cúcuta, ya conocido internacionalmente, no se convierta en lo que Maduro llama un “show” y la oposición describe como una gesta libertadora. ¿Qué pasa si el ejército bolivariano no se desmerenga espontáneamente en Cúcuta?

La confrontación es inevitable. La pregunta es, ¿cómo se iniciará el proceso para acabar con el apoyo del ejército a Maduro? La chispa inicial, ¿será casual o provocada?

Como supuestamente decía Pablo Escobar, hay sólo dos alternativas: plata o plomo. Ya la plata y la amnistía se las han ofrecido repetidamente a las fuerzas armadas leales, primero lo hizo Guaidó, después su ángel guardián, el senador Marco Rubio, y por último el mismísimo presidente Donald Trump, este lunes en Miami. Y hasta el momento de redactar esta columna no existe rebelión en las fuerzas bolivarianas.

No hay escape para Trump. Su definida indefinición lo pone al alcance del ridículo. Para hacer buenas sus palabras en Miami de que “Maduro tiene sus días contados” tiene que haber conflicto este fin de semana.

Un conflicto civil que lleve a un conflicto militar. Que lleve, según las estrategias y esperanzas del plan operativo Bolton-Rubio-Guaidó, a que los militares retiren su apoyo a Maduro. Y si no colapsa el apoyo militar con el amago de tiros, tendrán que empezar los tiros.

El 23 de febrero es un día crucial. Y ojalá me equivoque. Que Dios guarde de la violencia al gran pueblo venezolano.

Jorge Dávila Miguel es analista político y columnista de CNN en Español.


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