Actualizado: 21/11/2019 17:15
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Brasil

Recetas con carne humana

¿Qué pueden hacer el gobierno y la sociedad para acabar con el crimen organizado?

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En la ciudad de São Paulo, famosa por su cosmopolitismo culinario, en la última semana el "PCC a la paulista" se ha convertido en un plato típico que, no es exagerado afirmar, tiene como principal ingrediente la carne humana.

Servido gratuitamente por los medios de comunicación, aunque sin saciar el hambre de nadie, las acciones violentas del Primeiro Comando da Capital (PCC, facción del crimen organizado que dirige atentados, secuestros y el tráfico de drogas desde el interior de las prisiones) han engrosado el libro de recetas de la cuarta mayor ciudad del planeta. ¿Tempero? El terror, mejor paladeado que la sal para churrasco; y salsa, mucha salsa… de sangre.

Una centena de muertos entre civiles, policías y bandidos han servido de mesa sueca para dieciséis millones de paulistas, quienes, sin mucho apetito, debieron tragarse el bocado mientras permanecían en sus casas, para evitar que sus cuerpos engrosaran la exquisitez de la receta. Vale comentar que, para los brasileños, "exquisito" no es sinónimo de "refinado" o "sabroso", sino más bien de algo "extraño", de lo cual siempre es mejor desconfiar.

Mientras el presidente Lula da Silva lleva cuatro años prometiendo acabar con el hambre de los pobres, sin conseguirlo, Marcola (Marcos Willians Herbas Camacho), un joven ex caterista, asaltante de bancos y autodidacta con profunda experiencia en celdas públicas, prepara la cena —y la escena— para negociar derechos y deberes entre poder público y "poder paralelo".

Pan caliente antes del asado

La Copa del Mundo en Alemania se aproxima, y el país del fútbol, la samba y la bossa nova reclama, desde sus periferias y sus presidios, televisores para acompañar el evento. Éste es el argumento que circula de boca en boca, como pan caliente antes del asado.

Si Brasil abriera las puertas de su fragilísimo sistema carcelario de máxima seguridad, con toda certeza el número de "bandidos" que ellas encierran sería más que suficiente para abarrotar líneas aéreas, agencias de viajes y, desde luego, agotar las entradas para la final, aplaudir a la selección brasileña y, nunca se sabe, mostrarle a la élite paulista que existen otros modos de comer.

Esto es, no se trata apenas de televisores para ver la Copa desde una celda, sino del número de presos que deberán dividir una misma pantalla. La superpoblación de las cárceles brasileñas genera al Estado un gasto que ni siquiera los impuestos compensan, ya que los propios gobernantes roban tanto o más que los llamados bandidos.


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