Actualizado: 16/10/2017 9:39
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Alemania

Sin lágrimas para un espía muerto

Markus Wolf, quien dirigió la macabra Stasi durante la Guerra Fría, murió tranquilamente en su cama a los 83 años.

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Apodado por los servicios occidentales de inteligencia "El hombre sin cara", porque nunca obtuvieron su foto, Markus Wolf, quien dirigió la macabra Stasi alemana durante la Guerra Fría, murió hace unos días tranquilamente en su cama a los 83 años.

Para algunas de sus víctimas durante los años comunistas, el hecho resultaría casi irrelevante si no fuera porque hasta el día de hoy más de cinco millones de personas ya conocen lo que Wolf y sus compinches hacían en la Staatssicherheit, más conocida como Stasi, es decir, el Servicio de Seguridad del Estado de la antigua República Democrática Alemana.

Una ley sin precedentes

En el otoño de 1989, cuando se derrumbaba el muro de Berlín, una de las cosas que la gente pedía a gritos en la capital alemana era el desmantelamiento de la Stasi, que había sido el brazo armado del Estado comunista en la represión de la sociedad y el apuntalamiento de la dictadura totalitaria.

Marianne Birthler, actualmente comisionada federal de la oficina donde se guardan los expedientes de millones de personas, afirma: "aquí se espiaba y se obligaba a espiar al vecino, al amigo, se obligaba a los informantes a traicionar, aunque también hay ejemplos de valentía civil y de coraje en la gente que se opuso a la tiranía (…) Los files también muestran cómo funcionaba el aparato de represión, especialmente entre los jóvenes y hasta entre los niños".

En 1992, el Parlamento alemán (Bundestag) aprobó una ley única que hizo historia en derecho civil, ya que es el único país donde los archivos secretos de la dictadura no se destruyeron, sino que se pusieron inmediatamente a disposición de la población.

A partir de entonces, los ciudadanos alemanes y de otros países han tenido el derecho a revisar sus expedientes, a leerlos y conocer cómo el servicio de la Seguridad del Estado influenciaba sus propias vidas. Esto se puede solicitar por correo o a través de internet en la página www.bstu.de. En un plazo de 12 semanas el interesado recibe respuesta sobre si en los archivos hay información de lo solicitado.

Estos archivos están abiertos no sólo para las personas que sufrieron persecución, sino para científicos, representantes de la prensa internacional e historiadores. Las personas que trabajaron para la Stasi no pueden obtener empleo en la administración pública alemana.

Una historia real

Hasta la fecha, unos cinco millones de personas han pedido leer sus expedientes. Uno de ellos es Timothy Garton Ash, quien recuerda como si fuera hoy la tarde en que llegó al viejo edificio en Berlín donde había estado la Stasi y una empleada le puso en las manos un portafolio de dos pulgadas de espesor con el nombre de "ROMEO: OPK-Akte, Mrs, XV 2889/81", y le comentó: "usted tiene un expediente muy interesante".

"¿Romeo?", le preguntó Garton Ash. "Sí", dijo ella, "esa era su clave". ¿Qué sintió entonces? "Al abrir el file que habían elaborado sin yo saberlo, comencé a ver la red de complicidad y culpa que habían desarrollado individuos que eran alentados a espiar y a traicionar. Comprendí que no podía acusar a aquella gente, sino a su sistema".


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