Actualizado: 25/10/2021 18:08
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Argentina

Sombras que atormentan

La acusación contra la ex presidenta Isabel Martínez de Perón aviva el debate sobre autoridad, derechos humanos e impunidad en América Latina.

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Los argentinos han reabierto por estos días una vieja herida. Isabel Martínez de Perón (su nombre verdadero es María Estela Martínez), viuda del pontífice del justicialismo y presidenta entre 1974 y 1976, fue recientemente detenida en Madrid, y hoy se halla en libertad provisional. Aunque historiadores la pintaban inhábil para empujar el carro del Estado, y de floja personalidad, tuvo arrestos para trepar desde bailarina de cabaret en Panamá hasta la Casa Rosada.

Siempre en precario cuando se le compara con Eva Perón —dueña de su excelencia y su rumbo—, Martínez de Perón espera, ya con 75 años, por la conclusión de un proceso de extradición que se perfila extenso.

¿Cuál es la culpa de esta anciana a quien las sombras de hace tres décadas vienen a atormentar?

La primera historia

Cumplida una nueva victoria electoral, Juan Domingo Perón vuelve al poder en 1974. Como vicepresidente lleva a su tercera esposa. Al morir el caudillo, en julio de ese año, ésta toma las riendas del país.

Pero no son tiempos fáciles. Argentina se sacude. Derecha e izquierda no dan tregua, y entre los mismos peronistas se sacan los ojos por ocupar el vacío dejado por el argentino más trascendente y polémico del siglo. Los militares, con larga presencia política en América Latina, acechan su hora. Los derechos humanos se violarían en forma cada vez más masiva.

Y he aquí el origen de la detención de la ex mandataria, consecuencia de la declaración el pasado año, por el juez federal Norberto Oyarbide, de la no prescripción de los crímenes perpetrados por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina). El magistrado los catalogó de crímenes de lesa humanidad. Posteriormente, enviaría un pedido de detención internacional contra la Perón, pocos días después del dirigido por el juez Raúl Acosta.

El gestor de la funesta Triple A fue un carcamán muy próximo a Isabel Perón, y antes también a su marido. José López Rega desplegó una pesada capa de influencia a partir de su jefatura en el Ministerio de Bienestar Social durante el período de la otrora bailarina.

Pasará a la historia como "El Brujo", mote generado por su afición al esoterismo, que compartía con Isabel.

La Triple A llevó a cabo asesinatos selectivos, fundamentalmente contra marxistas y el ala izquierda del peronismo. Las víctimas se estiman en 1.500 personas.

Una coincidencia bastante dilatada señala que los métodos de la entidad paramilitar serían adoptados por los regímenes castrenses, a quienes se atribuyen 30.000 desaparecidos.

De acuerdo con Oyarbide, existe documentación y elementos de prueba que podrían inculpar a Isabel Perón. Estos indican que la ex mandataria "sabía del accionar del grupo paramilitar y su dependencia de El Brujo", dijo a la prensa.

Además del hallazgo de armas en el ministerio de López Rega y el conocimiento de la importación de otros cargamentos donde pudo involucrarse el ejecutivo, los querellantes aluden a nuevos testimonios y al hecho de que la Perón designara embajador a El Brujo y, como sus colaboradores, a otros dos jerarcas de la Triple A. La designación se efectuó cuando a fines de 1975 ya se les acusaba de integrar la corporación represiva.

Dichos colaboradores —Miguel Ángel Rovira y Rodolfo Almirón— se encuentran hoy en manos de la policía.

Las estrechas ligaduras entre López Rega y la ex bailarina se inician públicamente en el momento en que ella lo introduce en el entorno de Perón. Para el escritor Miguel Bonasso, ambos eran agentes de la CIA con el encargo de espiar la intimidad del líder del justicialismo.

Recuérdese que la biografía montonera de Bonasso suele restarle credibilidad entre determinados sectores argentinos, y esto para no entrar a analizar la confesión del creador de El presidente que no fue y Recuerdo de la muerte: "los historiadores me odian".

Por otra parte, las violaciones masivas de derechos humanos en Argentina se iniciaron antes del golpe de Estado contra Isabel en 1976, y quizás por indicación de Juan Domingo Perón, comenta a Encuentro en la Red Gabriel Salvia, presidente de CADAL (Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina).

Barbaridad jurídica o salud para la memoria

Para uno de los abogados defensores, Atilio Neira, la causa no amerita una vinculación forzosa con la ex presidenta, por cuanto "ella no tuvo responsabilidad alguna" en los delitos cometidos, pues "no conocía los hechos", dice tajante.

Niega asimismo la firma por Isabel en 1975 de decretos que ordenaban "aniquilar el accionar de la subversión". Si acoge, por otro lado, un vínculo de El Brujo con la CIA, aleja de la agencia a la otrora mandataria, pero subraya: "Hay muchos elementos que no se han tocado" en la causa, y recomienda "que se abran los archivos de inteligencia militar, que se pidan los archivos de la CIA y los vínculos del aparato de inteligencia norteamericano con el golpe de Estado en Argentina".


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