Actualizado: 04/12/2020 15:14
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EEUU, Elecciones, Trump

Teatro del absurdo

Los seguidores a ultranza de Trump, con una dosis considerable de cinismo e hipocresía, intentan sembrar dudas sobre los resultados del proceso electoral, pilar fundamental del sistema democrático

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No pretendemos abordar las obras de Beckett o Ionesco, no en lo absoluto, sino la obra desalineada de las tradiciones democráticas que se está poniendo en escena por un mal perdedor al que todos conocemos como Donald Trump. Claro que él tiene todo el derecho de armar su pataleta lo que ocurre es que le está haciendo un flaco favor a las sanas tradiciones de este país en cuanto a la transferencia del poder y eso como toda acción tiene sus consecuencias y él las sabe, porque él no será tan inteligente como su ego lo lleva suponer, pero sí es sumamente astuto, sus varias bancarrotas así lo demuestran.

Legalmente, cumpliendo todos los requisitos establecidos, Biden no es el presidente electo de Estados Unidos. Eso es relativamente una perogrullada, no lo será hasta que el Colegio Electoral así lo proclame por tener 270 o más delegados que voten por él. Es la ley, así se establece en la Constitución, pero a lo largo de los años y los múltiples procesos electorales el evidentemente perdedor ha aceptado su derrota y ha concedido el triunfo al ganador de la manera más cortés, civilizada, políticamente correcta e incluso patriótica. Estoy convencido que si Biden hubiese perdido hubiese concedido caballerosamente sin dilación alguna. En 2016 Hillary Clinton, supongo con el corazón apretado, acepto su derrota.

La aceptación de la derrota tiene una larga tradición en la política norteamericana. Se considera que un telegrama de felicitación de William Jennings Bryan, candidato presidencial demócrata en 1896 enviado al ganador William McKinley fue la primera concesión pública en EEUU. La primera radiada fue la de Al Smith en 1928 concediéndole la victoria a Herbert Hoover. En 1940 los noticieros cinematográficos filmaron la aceptación de la derrota de Wendell Willkie frente a Franklin D. Roosevelt. La primera concesión televisada en vivo fue la de Adlai Stevenson derrotado por Dwight D. Eisenhower en 1952.

En esa ocasión, Stevenson dijo: “La gente ha emitido su veredicto y lo acepto con mucho gusto. Es tradición estadounidense luchar duro antes de las elecciones. Es igualmente tradicional cerrar filas tan pronto como la gente ha hablado”.[1]

Es qué Trump quiere pasar a la Historia como el primer presidente que se negó a mostrar su declaración de impuestos, o como el tercero en ser llevado a juicio político, o prefiere que sea recordado como el primero que se negó a conceder que fue derrotado. Reconozco que para su inflado ego esto no es fácil de digerir, y que él está respondiendo a su base que no quiere aceptar la derrota, pero si fuese capaz de mirar a largo plazo el aceptar la derrota lo beneficiará más que perjudicarlo.

Sé que ahora los partidarios de Trump van a recordar las elecciones de 2000, pero esa y esta son animales de diferente especie, en aquella se discutían los 537 votos de Florida que tenía Bush sobre Gore[2] que, por cierto, y sé que eso al final no cuenta, le ganó el voto popular a Bush por 544 mil votos; aquí se discute 280 mil votos en los estados en que la comedia-tragedia de Trump argumenta que hubo fraude.

Recordemos que en 2016 Trump mencionó en más de una oportunidad que las elecciones eran fraudulentas y cuando se le preguntaba si aceptaría los resultados de la misma nunca lo hizo, él pensaba que no podía ganar, varias actitudes y acciones así lo indican, pero cuando tanto los demócratas como los republicanos fueron sorprendidos por los resultados solo se volvió a hablar de fraude en cuanto al voto popular. En estas elecciones se pasó meses anunciando el fraude y la coartada fueron desde un inicio los votos por correo, práctica que se vio incrementada por la pandemia y que, como siempre, los votantes demócratas han utilizado históricamente en mayor volumen que los republicanos.

El sentido común, que es nada común cuando se trata de fanáticos, nos dice de la imposibilidad de crear una maquinaria que abarque decena de miles de personas, una asociación ilícita, un grupo gansteril, mafioso, para preparar y ejecutar un fraude en unas elecciones en que cada estado cuenta con una organización designada para la ejecución y supervisión de las mismas y que en muchos casos, por ejemplo, Georgia, está en manos de republicanos; es absurdo, total y completamente absurdo. No existe precedente alguno en la historia de este país de semejante confabulación contra la democracia. Esto no es la Cuba de los pucherazos, los robos de urnas y los ‘sargentos políticos’ comprando cédulas electorales o intercambiándolos por una cama en un hospital, y las viejitas boleteras de Hialeah nunca tuvieron alcance nacional.

Los miles de zombis que salieron a votar, las plumas sharpie que no marcan, las computadoras infectadas con virus que eliminan los votos de Trump y se los endilgan a Biden y otras teorías conspirativas al uso no pueden revertir los resultados en donde para ello es necesario eliminar decenas sino cientos de miles de votos. Trump y el inefable Giuliani, que está al frente de la puesta en escena, lo saben perfectamente, no es necesario tener conocimiento de matemáticas superiores para entender que la tarea de revertir los resultados es una ‘tarea imposible’. Veamos lo numeritos en cuestión:

.BidenTrumpDiferencia
Arizona1.655.1921.642.37912.813
Nevada671.427634.70136.726
Wisconsin1.630.5791.610.02220.557
Michigan2.790.6782.644.541146.137
Pensilvania3.378.6473.329.38649.261
Georgia2.471.9522.457.86014.092
TOTALES12.598.47512.318.889279.586

Con esas cifras hay que operar para lograr quitarle a Biden sus 270 y más votos electorales; podemos tomar el camino más fácil: ocuparnos nada más que de aquellos estados donde la diferencia es menor:

.DiferenciaVotos electorales
Trump.217
Arizona12.81311
Georgia14.09216
Wisconsin20.55710
Pensilvania49.26120
.63.631270

Es decir que para alcanzar 270 votos electorales necesita demostrar el fraude masivo en cuatro estados. ¿No les parece que es bastante complicada la tarea? Pero siguen reclamando ante jueces que declaran sin mérito sus pretensiones[3].

La otra vía es aún más compleja:

.DiferenciaVotos electorales
Trump.217
Michigan146.13716
Pensilvania49.26120
Arizona12.81311
Georgia14.09216
.208.211280

En esta variante, para alcanzar los 270 votos necesitarían demostrar que 208 mil de los votos alcanzado por Biden son ilegales, falsos, fraudulentos. No hay matemática, ni lógica, que soporte este absurdo.

Mientras tanto le niegan a Biden todos los elementos necesarios para producir una transición ordenada y segura, lo cual solo beneficia a los enemigos de este país, pero al parecer ello no está entre las prioridades del presidente en funciones, son otros sus intereses, durante su estadía en la presidencia no ha movido un dedo por tratar de unificar el país, más bien lo contrario y ahora culmina con toda esta puesta en escena que exacerba esa división, sin tomar en cuenta que la alta votación que él alcanzó fue superada por Biden en más de cinco millones.

Los seguidores a ultranza de Trump, con una dosis considerable de cinismo e hipocresía, argumentan ante los continuos descalabros judiciales que lo que ahora interesa es la pureza y transparencia del proceso electoral, pero lo que en realidad están logrando es sembrar dudas sobre los resultados del proceso electoral pilar fundamental del sistema democrático. Putin estará de plácemes.

La meta real, al parecer, esta puesta en 2024. Los llamados de Biden a la necesaria unidad van a caer en oídos sordos. La soprano calva está entonando un aria disonante, aberrante y peligrosa para el país.


[1] “The people have rendered their verdict, and I gladly accept it. It is traditionally American to fight hard before an election. It is equally traditional to close ranks as soon as the people have spoken.”

[2] Gore, que había concedido en privado la elección a Bush, retiró su concesión. El resultado final en Florida fue lo suficientemente pequeño como para requerir un recuento obligatorio según la ley estatal. La ventaja de Bush se redujo a poco más de 300 votos cuando se completó el día después de las elecciones. Un recuento de los votos en el extranjero aumentó más tarde el margen de Bush a 930 votos. 680 de las papeletas aceptadas en el extranjero se recibieron después de la fecha límite legal, carecían de matasellos obligatorios o la firma o dirección de un testigo, o estaban sin firmar o sin fecha, emitidas después del día de las elecciones, de votantes no registrados o votantes que no solicitaron boletas, o se contaron dos veces.

[3] Para un rápido resumen de esas demandas judiciales ver: https://www.brennancenter.org/our-work/analysis-opinion/why-these-new-election-lawsuits-will-fail


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