Actualizado: 24/11/2017 16:37
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EEUU, Rusia, Trump, Putin

Trump al encuentro con Europa y con Putin y Peña Nieto

Trump cuenta a su favor que lo más probable es que Putin intente mostrar su cara más amable, no solo frente al estadounidense sino ante la prensa y los otros mandatarios

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El presidente Donald Trump, partió de Washington el miércoles rumbo a Polonia, tras lo cual acudirá a la cumbre del G20 en Hamburgo, Alemania, donde se reunirá con sus homólogos ruso, Vladímir Putin, y mexicano, Enrique Peña Nieto.

La primera dama de EEUU, Melania Trump, acompaña a su marido en esta gira europea, el segundo viaje internacional del Presidente desde su llegada a la Casa Blanca el pasado 20 de enero.

De todos sus encuentros a realizar, indudablemente el que llevará a cabo con el mandatario ruso, Vladimir Putin, será el más trascendente y de mayor importancia mediática.

Pero eso no quiere decir que hay mucho que esperar de la reunión.

No es algo que Trump pudo anticipar, cuando durante su campaña electoral vaticinó: “Vamos a tener una estupenda relación con Putin y con Rusia”.

Más allá de las declaraciones oportunas del momento, y los tuits al uso que se producirán, posiblemente a su regreso, el panorama es mucho más complejo. Tan complejo que, en este caso, no bastarán sus textos breves.

La conversación con Putin, que tendrá lugar a última hora del viernes 7 de julio, al margen de la Cumbre del G20 en Hamburgo, pondrá a prueba no solo esa supuesta capacidad “negociadora”, de la que alardeó en todo momento durante el proceso electoral, sino que por sus características servirá de indicador de si, en realidad, ese ideal de hacer “América Grande de Nuevo” tan cacareado en campaña, tiene alguna posibilidad de materializarse en la arena internacional.

Por supuesto que Trump y sus adláteres dirán que todo fue de perilla, y por supuesto también que ello no será noticia.

El Presidente tiene a su favor que lo más probable es que Putin intente mostrar su cara más amable, no solo frente al estadounidense sino ante la prensa y los otros mandatarios.

Putin va a hacer todo lo posible para hacer quedar bien a Trump, y eso es algo con lo que ya cuentan los republicanos en Washington y fundamentalmente en la Casa Blanca.

El gobernante ruso tiene la ventaja de ser alguien que está en el poder desde hace casi dos décadas, frente a un magnate que es un desconocedor de la política internacional, algo que, por otra parte, no parece molestarle a este último.

Y ambos, Putin y Trump, cuentan también con un elemento común en el aspecto personal: los dos cultivan la imagen de “tipos duros”, “machos alfa” y cualquier otro aditamento que venga bien al objetivo de mostrar “hombría”.

Solo que en este caso ambos “machos alfa” buscarán mostrarse no en pose de enfrentamiento sino de buscar un terreno común.

Precisamente, para dejar en claro ese objetivo, la Casa Blanca ha asegurado que no hay una “agenda formal” para la reunión, aunque el mandatario estadounidense quiere fomentar “áreas de cooperación” con el Kremlin en asuntos como la amenaza de Corea del Norte, Siria o la campaña contra el Estado Islámico (EI).

Por su parte, el ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, expresó hace unos días su confianza en que dicho encuentro arroje luz sobre las “perspectivas de cooperación” entre ambos países.

“Vemos con qué preocupación la mayoría de los países del mundo asisten al estado actual anormal de estas relaciones, que se han convertido en rehén de la lucha política interna en EEUU”, destacó, de acuerdo a la agencia Efe.

Yuri Ushakov, un alto asesor de Putin, dijo que la reunión sería crucial para la estabilidad internacional y que era de interés de ambas partes “romper el presente estancamiento en las relaciones bilaterales”, de acuerdo a la AFP.

Al mismo tiempo, el alto funcionario estadounidense Thomas Shannon se reunió ayer con el embajador de Rusia en EEUU, Sergéi Kisliak, con el fin de desbloquear el diálogo bilateral y rebajar la tensión antes del esperado encuentro entre Putin y Trump.

Así que poco hay que esperar, por parte de Trump, de una acción decidida sobre las acusaciones de interferencia rusa en las pasadas elecciones presidenciales.

Apenas hay que añadir que tal supuesta acción, en última instancia, no hizo más que beneficiar al triunfo de Trump.

Por lo demás, el mandatario estadounidense no ha cesado en afirmar que tales esfuerzos no son más que “fake news” y justificaciones de una derrota, por parte de los demócratas.

“Trump debe ser cortés, pero también firme y no mostrarse demasiado amigable”, dijo Michael O’Hanlon, un experto en asuntos rusos de la Brookings Institution.

“Si quiere mejorar las relaciones EEUU-Rusia, debe primero expresar la gravedad de sus preocupaciones por el reciente comportamiento ruso. De lo contrario, Putin puede pensar que es un pusilánime, y el Congreso se opondrá a la política de Trump hacia Rusia”, estimó.

Sin embargo, la opinión del experto choca con el comportamiento característico del mandatario estadounidense, al que lo ocurrido parece preocuparle poco, pese a las afirmaciones de los órganos de inteligencia de EEUU.

Aunque una cosa es lo que Trump diga después de la reunión, y otra muy distinta son una serie de hechos que, ninguno de los dos participantes en el encuentro programado, pueden abolir con frases, sonrisas y gestos.

El propio Shannon tuvo que anular la pasada semana su viaje a Rusia después de que el viceministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Riabkov, cancelara la cita tras las nuevas sanciones impuestas por el Congreso, de endurecer las sanciones impuestas por la ocupación rusa de Crimea y su injerencia en Ucrania.

También el apoyo de Rusia al régimen sirio de Bashar al Asad ha generado mucha tensión.

Moscú enfureció cuando el Gobierno de Trump lanzó un ataque con misiles de crucero contra las fuerzas sirias en abril, en represalia por lo que Washington consideró un ataque con armas químicas por parte del régimen de Asad contra civiles.

Hay acciones que Trump puede tomar —que es muy probable que tome— y que seguramente agradarán a Putin, como devolver los dos complejos diplomáticos rusos en Maryland y Nueva York que fueron incautados en diciembre, aún durante el Gobierno de Obama, a medida que emergían evidencias de la injerencia rusa en la campaña.

También hay pasos en los que ambos mandatarios posiblemente logren avanzar, como la lucha contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI), cuyos últimos bastiones —Mosúl en Irak y Raqa en Siria— parecen estar a punto de colapsar.

Pero es precisamente esa derrota inminente del EI, en el terreno, lo que también seguramente se convierte ahora en un terreno incluso más espinoso para los países que representan, y es el conflicto sirio.

Aquí es donde podría Putin lograr su mayor provecho del encuentro, en asegurarse la permanencia de Asad. Algo no muy difícil con la renuencia estadounidense a una mayor involucración en la guerra civil en Siria. Solo que entonces EEUU estaría mostrando una estrecha visión de momento, con consecuencias prácticas y futuras en el incremento de potenciales enemigos, por si fueran pocos los que ya tiene.

Aunque en la actualidad la crisis con Corea del Norte y el terrorismo de EI son motivos más que suficientes —justificaciones socorridas y también reales— para establecer prioridades donde Siria, Ucrania y Crimea poco van a pesar, al igual que Afganistán.

Lo más probable es que, tras la reunión del viernes, se produzca un ligero avance en el mejoramiento de relaciones entre Moscú y Washington, y un énfasis, por parte de la Casa Blanca, en la posibilidad de un diálogo entre los dos gobernantes, a partir de una química personal, en la cual —de nuevo— Trump enfatizará que, para ello, él es el único y el perfecto.

¿Y dónde queda el encuentro con Peña Nieto? Pues en la última línea de las reuniones. No será más que eso: una postdata.


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