Actualizado: 23/05/2019 11:26
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EEUU, Trump, Cohen

Trumpsky y su abogado

Michael Cohen, quien fuera el abogado personal de Donald Trump durante años y especialista en esconder los trapos sucios del magnate inmobiliario, ha sido condenado a tres años de cárcel

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Por tratar de cultivar una rosa blanca inmobiliaria en Moscú, ya sea en junio como en enero de 2016, Trump habría entrado en colusión con Putin para robarle la elección presidencial a Hilaria Clinton y quedar a merced del Kremlin con tremendo kompromat: un permiso de construcción. Tal es la idiotez mediática que genera la táctica del fiscal especial Bob Mueller en su indagación de la colusión de Trump con Rusia: repartir acusaciones entre varios sujetos secundarios para sostener la imputación sin pruebas contra el sujeto principal.

Ya nadie se acuerda de Carter Page. No importó que hubiera colaborado con el FBI para coger al agente ruso Evgeny Buryakov ni que el FBI tuviera grabado a otro de la misma camada, Victor Podobnyy, diciéndole a otro más: “I think he [Page] is an idiot (…) tell him to go fuck himself.” Así y todo, el detective de alta fidelidad, Jim Comey, llevó a Page al Tribunal de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA) como si fuera un espía ruso.

Russiagate

La llamada prensa liberal se desfogó entonces en Page para meter con cuchara la colusión del agente Trumpsky con su handler Putin. Sólo que, a pesar de que POLITICO Magazine justificó por qué valía la pena vigilar a Page, Mueller no se atrevió a acusarlo. Quedó sin explicar por qué si, como reiteraba Comey, Trump nunca estuvo bajo investigación, nadie se dignó a advertirle que tenía un presunto espía ruso en su campaña.

Mueller tampoco se atrevió a recomendar que el general Michael Flynn fuera a la cárcel, ya que había cooperado sustancialmente con la investigación. Así vino a tapar que nunca debió ser encausado. Los propios agentes del FBI que interrogaron a Flynn afirman que no mintió. Flynn fue parte de la campaña de Trump y de su equipo de transición, amén de su fugaz asesor de Seguridad Nacional. Puesto que cooperó con Mueller y el memo de su sentencia no sugiere nada que huela a colusión con Rusia, se cae de la mata que no hubo tal.

Así pasan y van pasando las historias e historietas de la resistencia, esto es: de quienes se resisten a aceptar que desbancó a Hilaria con campaña bien orientada a ganar en el Colegio Electoral. El último grito de la idiotez mediática es el alboroto con el exabogado de Trump, Michael Cohen, quien encajó tres años de cárcel por delitos sin nada que ver con la colusión e incluso actos que no son delictivos, aunque el fiscal federal Robert Khuzami (Distrito Sur de Nueva York) forzó a Cohen a declararse culpable a cambio de la sentencia más benigna posible.

American Pravda

Cohen declaró que había mentido al Congreso sobre un proyecto de Trump Tower en Rusia para no afectar su campaña presidencial. En vez de hasta enero de 2016, las negociaciones habrían durado hasta junio. Y allá va eso:

  • Donald Trump Jr. también mintió al Congreso. Así lo reportó National Public Radio (NPR), pues Trump Jr. había declarado al Comité Judicial del Senado que cierto proyecto en Moscú concluyó sin resultados “a fines de 2014”. Sólo que Trump Jr. se refería a un proyecto ajeno por completo a la Trump Tower moscovita de Cohen.
  • Trump Sr. también habría mentido. Con esto se bajó enseguida The New York Times en la estela de NPR. Como el presidente había respondido ya por escrito a preguntas del fiscal especial sobre el proyecto en que participó Cohen, Mueller habría cogido a Trump en el brinco. TNYS no tuvo más remedio que corregirse.
  • Cohen es prueba viviente de Trump implicado con Rusia. Lo soltó The Washington Post, aunque Cohen se declaró culpable de mentir al Congreso sin aportar ninguna prueba de colusión, sino al contrario, como se verá más abajo.
  • Cohen tiene más salsita para echarle a la colusión. Lo dijo Gloria Borger, analista política en jefe de CNN, para renovar la fe en el milagro de que las cosas irán más allá, tal como hemos venido escuchando cada vez que Mueller genera algo intrascendente. El inefable John Brennan, que como ex director de la CIA sí que sabe de eso, remachó con que Cohen es la punta del iceberg de “mentiras, engaño, corrupción y crímenes”.
  • Cohen y Trump conspiraban. Tal fue la movida de Mimi Rocah, analista legal de NBC News y MSNBC, luego de tuitear Trump que había “lightly looked” al proyecto de un edificio en Rusia. Para Rocah, la conspiración no distingue entre miradas ligeras e intensas. Sólo que este comentario no viene al caso. La clave de toda conspiración —acuerdo para cometer un crimen— no consta ni en este proyecto ni en otro lado.

Nada. None. Cero. Zippo.

Tal y como en las declaraciones de culpabilidad de Cohen por fraude fiscal y bancario, mal manejo de fondos de campaña electoral y mentir al Congreso, ningún indicio de colusión asomó con George Papadopoulos por mentir al FBI sobre una fecha; ni con Paul Manafort por servir a políticos ucranianos pro-rusos y evadir impuestos; ni con Rick Gates por testimonio falso y conspiración relacionada con tales políticos; ni con Alex van der Zwaan por testimonio falso sobre sus contactos con Gates.

No afloró ni siquiera con los rusos acusados en ausencia [no hace falta nombrarlos: da lo mismo la lista de Mueller que otra sacada del directorio telefónico de Moscú] por haber conspirado para interferir en las elecciones. Ni saldrá nada en los correos electrónicos entre Roger Stone y Jerome Corsi, que se trompetean sin fundamento como colusión con Wiki-Leaks, ni menos aún en la causa criminal contra María Butina, acusada por Mueller de ser agente operativa de la inteligencia rusa con base en Tampa.

Al compás de Carl Bernstein, quien asevera que las revelaciones de Mueller estremecen al mundo, la comparsa demócrata arrolla infatuada por el misterio de que el fiscal especial tiene pruebas de colusión contra Trump. Sin embargo, adonde más lejos ha llegado Mueller es a que Cohen recibió en 2015 un mensaje del pesista olímpico ruso Dmitry Klokovque con la promesa de “sinergia a escala de gobierno”. Cohen ni siquiera respondió, pero Anderson Cooper (CNN) largó que la cosa parecía “collusiony”.

Humo de basura

La CNNista Chris Cilizza admitió que no hay prueba de que satélites de Trump entraran en órbita con Rusia para robarse las elecciones y que al cabo fue Cohen, no Trump, quien mintió al Congreso, pero “boy oh boy, is there a lot of smoke”. Cilizza no precisa que tanto humo viene de quemar periodismo basura, aventado por ese fenómeno de la civilización del espectáculo denominado mainstream media (MSM).

La colusión queda descartada por simple lectura del pliego de información criminal contra Cohen, que sustituye al indictment o acusación formal en las causas criminales con declaración de culpabilidad del acusado.

  • En una carta del 28 de agosto de 2017, Cohen asevera al Comité de Inteligencia del Senado que Trump “nunca estuvo en contacto con nadie más” sobre el proyecto en Moscú y nunca se acordó “viajar a Rusia”. A diferencia de otras afirmaciones, estas no fueron tachadas de falsas por Mueller.
  • El proyecto ni siquiera se concibió por la Organización Trump, sino por un promotor inmobiliario de Nueva York, Felix Sater, inmigrante ruso sin acceso al Kremlin, quien en nombre del Grupo Bayrock ni siquiera propuso que Trump asumiera la construcción, sino que prestara su nombre a la torre a cambio de compartir ganancias.
  • Tras espulgar toda la correspondencia entre ambos, Mueller no encontró que Sater y Cohen abordaran temas de influencia electoral o hackeo. Lo que sí encontró fue que Sater sólo pudo ofrecer a Cohen acceso en Rusia nada más que a un conocido que a su vez conocía a otro asociado en proyectos inmobiliarios con un amigo de Putin.
  • Mueller puntualiza que Cohen trató de comunicarse por correo electrónico con la oficina de Vladimir Putin el 14 y el 16 de enero de 2016. Resulta que lo hizo a través de un buzón general, como cualquier hijo de vecino.
  • Adonde más lejos pudo llegar Cohen fue a una secretaria de la oficina del vocero de Putin, Dmitry Peskov, quien acaba de mostrar los correos de aquel y subraya que, como la presidencia no se involucraba en proyectos de construcción, se despachó a Cohen con invitarlo al Foro Económico de San Petersburgo, tal y como a cualquier otro inversor.

Así, los propios cargos contra Cohen prueban que nunca vinieron al cuento las elecciones y que Trump ni tenía líneas formales ni back channel para comunicarse con Putin. MSM sólo puede aventar el humo de la basura periodística que quema para cegar al público y embarajar que Mueller no encuentra ni encontrará su propia razón de ser: la colusión de Trump con Rusia.

El sexo como pieza de recambio

Al desvanecerse sin remedio la colusión, el fiscal federal Khuzami insinúa que Trump habría cometido un delito al pagar de su bolsillo, a través de Cohen, $130.000 a Stormy Daniels y $150.00 a Karen McDougal, quienes aprovecharon la candidatura de Trump para chantajearlo con que revelarían públicamente haber sido co-protagonistas de aventuras extramaritales de Trump hace más de una década.

El representante Jerry Nadler (D-NY) espetó ya por CNN que Trump había incurrido así en “impeachable offenses”. Sería una broma si no fuera porque Nadler encabezará el Comité Judicial de la Cámara de Representantes e ilustra ejemplarmente la hipocresía demócrata.

  • Nadler sabe bien que el precedente judicial de absolución del senador demócrata John Edwards, por violaciones del régimen legal de financiamiento de campañas políticas en virtud de su relación extramarital con Rillie Hunter, exonera también a Trump. En ambos casos la intención política de ocultar el affair a los votantes no puede desligarse de la intención personal de ocultarlo a la familia.
  • Nadler sabe también que, incluso si se aceptara que no declaró aquellos pagos de su bolsillo como contribuciones de campaña, Trump no habría cometido infracción criminal y encajaría apenas una multa, que sería insignificante comparada con aquella récord de $375.000 impuesta a Obama por no declarar, en su gloriosa campaña de 2008, unas 1.300 contribuciones de otros, no de su bolsillo, que sumaron más de $1,8 millones.

El carnaval

Ni la infracción del régimen legal de financiamiento de campañas políticas ni el jelengue con Rusia tienen pies ni cabeza, pero estas cosas son inevitables en la civilización americana del espectáculo. El representante Adam Schiff (D/CA) salió ya con que Trump estaba negociando directamente con Putin y debe investigarse si los rusos lavaron dinero con la Organización Trump. Daría risa si no diera espanto: Schiff es el presidente entrante del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes.

La bandería demócrata no se resignará a haber perdido las elecciones en 2016 y proseguirá con su politiquería de entorpecer la gestión de Trump y buscar una causal de impeachment. Sólo que la bandería trumpista tratará entonces de replicar ensartando a Hilaria Clinton y los ex Comey y McCabe (FBI), Brennan (CIA), Clapper (DNI), Lynch (Fiscal General) y otros por haber mentido a agentes federales y abusado de poder. Alquilen balcones.


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