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Ucrania

Un mal ejemplo

Las ambiciones de los líderes políticos han afectado el tránsito a la democracia y la 'revolución naranja' se esfuma aceleradamente.

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Cuando el presidente ucraniano Víktor Yushenko convocó elecciones parlamentarias anticipadas para el próximo 7 de diciembre, al disolver la legislatura un año después de los últimos comicios extraordinarios, tenía perfecta conciencia de que lanzaba al país a una crisis institucional.

Yushenko dio este paso —que podría acabar con la esperanza del país de acceder este año a la antesala de la OTAN— para superar una nueva crisis de poder por el endémico pulso entre las fuerzas políticas rivales, con las consiguientes rupturas de alianzas.

Todos los partidos, menos el presidencial Nuestra Ucrania (NU), lo criticaron por la decisión (tenía derecho pero no estaba obligado), al tiempo que algunos se mostraron dispuestos a abrir la campaña electoral.

Varios de los que criticaron la medida argumentaron la incapacidad de Yushenko para mantener un gobierno estable, un mal que ha contribuido a debilitar cada vez más la frágil democracia ucraniana.

El presidente disolvió la Rada Suprema (Parlamento), debido a la ruptura de la alianza "naranja" y la incapacidad de los diputados para crear una nueva coalición gobernante en el plazo de un mes, como establece la Constitución.

Comienzo de la crisis

La enésima crisis en la coalición naranja estalló hace un mes, cuando el Bloque de la primera ministra, Yulia Timoshenko (BYT), uno de los pilares de la alianza, apoyó en la Rada, junto a la oposición, un proyecto de ley que restaba facultades al presidente y simplificaba el procedimiento para su impugnación. Entonces, Yushenko se sintió amenazado.

El presidente acusó a Timoshenko de intentar implantar "una dictadura del primer ministro" y de "traición", al sellar un pacto "secreto" con la principal formación opositora, el Partido de las Regiones (PR), del ex primer ministro Víktor Yanukovich, de tendencia pro rusa.

Ni siquiera logró salvar la crisis la revocación por el Parlamento de la ley aprobada, que limitaba las facultades de Yushenko. El jefe de Estado de Ucrania estaba decidido a intentar mudar la correlación de fuerzas en el poder legislativo. Un error de cálculo que se manifestará posiblemente contra sus intereses.

Timoshenko calificó de "anticonstitucional" la disolución de la Rada. La ministra adujo que la economía del país se verá gravemente afectada por la presencia de un gobierno en funciones con el telón de fondo de la crisis financiera mundial. Un argumento sensato, sino se tratara de país donde parece no regir el sentido común ni los intereses nacionales.

La primera ministra decidió usar armas legales para evitar las elecciones anticipadas: consiguió que el Tribunal Administrativo de Kiev suspendiese el decreto del presidente para convocar los comicios. Por su parte, la portavoz presidencial, Zoya Sharikova, dijo que esa orden judicial no tenía valor, porque Yushenko había destituido antes al juez que emitió el fallo.

Se esfuma la 'Revolución Naranja'

Todavía está en el recuerdo de la gente el otoño de 2004, cuando las calles de Ucrania se cubrieron de banderas naranjas y la gente se lanzó contra el régimen corrupto y antidemocrático del ex presidente Leonid Kuchma, quien con su camarilla de comunistas arrepentidos hundió el país, sumiendo en la pobreza a 48 millones de personas.

Aquella revuelta popular logró revertir los resultados de unas elecciones declaradas fraudulentas por las instituciones democráticas: el candidato elegido, Víctor Yanukovich, fue barrido de la escena en una segunda vuelta por el entonces triunfante Víktor Yushenko, quien ganó por un amplio margen con la promesa de acabar con la mafia, devolver la prosperidad al país y reinstaurar la democracia. Con sus pugnas intestinas, los políticos ucranianos han borrado los ideales de las miles de personas que se lanzaron a las calles para luchar por la democracia.

Sobre esta situación, Zoltan Dujisin, especialista en asuntos de Europa del Este, dijo a CUBAENCUENTRO.com que "las esperanzas levantadas durante la revolución naranja siguen esfumándose continuamente, la coalición de Timoshenko y Yushenko es insostenible, y sus diferencias irreconciliables. Ambos ambicionan la presidencia del país, y Yushenko, cuyo nivel de popularidad está por los suelos, se arriesga a perder en unas elecciones anticipadas".

En este escenario, Yushenko parece dispuesto a enfrentarse a Rusia y mostrarse como paladín de Occidente, a pesar de contradecir los valores democráticos con sus acciones diarias.

Divorcio de los políticos

Timoshenko, una populista que propugna una mayor intervención estatal y más beneficios sociales, ha ido abandonando el nacionalismo ucraniano para ganarse votos en el este del país. Su posición moderada ante el conflicto georgiano indignó a Yushenko y fue un factor importante de la gota que colmó el desacuerdo entre ambos dirigentes.

El único consenso entre los tres grandes partidos, incluso el de Yanukovich, es acercar Ucrania a la Unión Europea. Para Yushenko, esto conlleva necesariamente la adhesión a la OTAN, mientras que Timoshenko y Yanukovich prefieren mantener buenas relaciones con Rusia.

El analista Dujisin señaló que "la consecuencia más grave de estos comicios anticipados es que el electorado ucraniano puede divorciarse irremediablemente de sus políticos. Los analistas ucranianos están de acuerdo en que las ambiciones personales de Timoshenko y Yushenko se han sobrepuesto a los intereses del país, y los acontecimientos políticos se leen con un cinismo extremo, pero justificado. La Ucrania 'pro occidental' parece un caso perdido, y Yushenko, un político sin futuro".

El caso de Ucrania se presenta como un mal ejemplo del proceso de tránsito a la verdadera democracia desde el autoritarismo al estilo soviético. Es un camino complicado, debido a que Rusia considera a Ucrania un territorio de su traspatio, el antiguo granero de la Unión Soviética. El Kremlin también se aprovecha de la dependencia energética de Ucrania y mueve todos sus peones en este juego político, también alejado de los verdaderos intereses del pueblo ucraniano.

La Unión Europea tampoco ha servido de gran ayuda a los políticos ucranianos pro occidentales, quizá por temor a no incomodar demasiado al "oso" soviético.


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El presidente ucraniano Víktor Yushenko (izq.), junto a su homólogo italiano Giorgio Napolitano, en Roma el 8 de octubre de 2008. (AP)Foto

El presidente ucraniano Víktor Yushenko (izq.), junto a su homólogo italiano Giorgio Napolitano, en Roma el 8 de octubre de 2008. (AP)