Actualizado: 14/12/2018 10:51
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Los Ángeles, EEUU, Colón

Una muestra de estulticia

La retirada de una estatua de Colón en Los Ángeles no es un acto de justicia histórica

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La ciudad de Los Ángeles retiró una estatua de Cristóbal Colón porque considera que no hay que “celebrar al responsable de un genocidio”. Esto es una reverenda sandez. ¿Acabaremos sacando las momias de la época faraónica de los museos, las esculturas de los césares, los retratos de reyes hechos por Velázquez y Goya de las salas de exhibición? ¡Cuánta estulticia!

Quitar la pequeña estatua obedece en gran parte a la labor del concejal angelino Mitch O’Farrell, que se ha lanzado a una cruzada contra los símbolos de la conquista española en el área, según informa el diario español El País.

No está solo en el empeño, porque la demagogia es una labor casi siempre de realización fácil y rentable para algunos políticos, aunque espuria.

La supervisora del condado Hilda Solís dijo en el acto que con tal retirada, “empezamos un nuevo capítulo en nuestra historia en el que aprendemos de los errores del pasado para que no estemos condenados a repetirlos”, de acuerdo al periódico español.

En realidad, es todo lo contrario: quitar la efigie de reducido tamaño —que no fue un tributo imperial sino un regalo a la ciudad de una asociación de italianos en el sur de California— evidencia no solo un acto de desconocimiento histórico sino, lo que es peor, una puerta abierta a la intolerancia, la incomprensión y el retroceso histórico: el condado de Los Ángeles no ha hecho más que imitar a esos conquistadores, de los cuales reniega ahora, quienes destruyeron templos indígenas para construir sobre ellos sus iglesias: no empiezan un nuevo capítulo sino repiten otros que parecían superados.

Grupos en favor de los indígenas llevan años protestando por la celebración del pasado colonial español que destruyó su modo de vida, y como parte de sus reivindicaciones la han emprendido no solo con Colón sino también contra Fray Junípero Serra, que evangelizó California a finales del siglo XVIII.

Sin embargo, el rechazar “una visión romántica de la expansión de los imperios europeos y la explotación de los recursos naturales y los seres humanos”, al decir de Solís, no debe ser sustituido por una visión idealizada —e igualmente romántica— del pasado indígena: el imponer una imagen igualmente falsa del “buen salvaje”.

El concejal O’Farrell, que desciende de la tribu Wyandotte de Oklahoma, ha logrado que en lugar del Columbus Day se celebre el Indigenous People’s Day, el “día de los pueblos indígenas, aborígenes y nativos”. ¿Y por qué no una celebración incluyente en donde los hechos se contemplen y analicen en su verdadera dimensión histórica? Glorificar el pasado indígena es tan pernicioso como una alabanza sin matices de la conquista y civilización, por parte de los europeos de las tierras americanas.

¿Qué es lo que se pretende? ¿Darle marcha atrás a la historia? Tales intentos, por bien intencionados que parezcan, no solo son actos demagógicos sino lo que es mas pernicioso: caldo de cultivo para movimientos e intentos en el sentido contrario, incluso más extremistas aún.

El revisionismo histórico, que desde hace años se ha apoderado de buena parte de las universidades estadounidenses, resulta tan nefasto como la negación de que la empresa colonizadora no fue un simple acto de evangelización sino una empresa motivada por el afán de riqueza y de sumisión de una población por una potencia extranjera. Pero el análisis y el juicio de lo ocurrido en el pasado no debe llevar a la idealización de parte alguna.

La historia, hasta hoy, se empecina en la repetición del esquema de dominadores y dominados. Reconocer lo que pasó, “para que no vuelva a suceder” implica eso: un reconocimiento, no una negación. Quitar a Colón de la vista pública no es más que una forma de negar parte del pasado, en lugar de reconocer sus virtudes y males.


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