Actualizado: 16/10/2019 8:52
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Gran Bretaña

Una sucesión en serio

Tony Blair termina su mandato con un balance mixto de éxitos y fracasos.

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Es el único líder del Partido Laborista británico que ha conseguido ganar tres elecciones consecutivas. A los 43 años, se constituyó en el primer ministro más joven que asumía esas funciones en Reino Unido, desde 1812. Después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, afirmó: "Todas las democracias deben unirse para combatir el terrorismo". Se llama Tony Blair y abandonará el número 10 de Downing Street el próximo 27 de junio, con un balance de gobierno que acumula victorias y derrotas, como es normal.

La carrera política de Blair ha tenido dos momentos diferentes, uno anterior a la invasión de Irak, en marzo de 2003, y otro posterior, cuando la mayoría de los británicos tuvieron la percepción de que habían sido engañados con las afirmaciones de que el dictador Sadam Husein tenía en su poder armas de destrucción masiva.

Algunos dirigentes totalitarios no perdonan a Blair su doctrina. En opinión del británico, lo que los dictadores hacen dentro de las fronteras de sus países, puede justificar una intervención militar.

Blair consideró, con cierta razón, que el gobernante serbio Slobodan Milosevic y Husein eran "dos hombres crueles" y apoyó la intervención militar para liquidar esas dictaduras. En política exterior, Blair se anotó un éxito en Kosovo y otro más importante aún y mucho más reciente: contribuir a la solución pacífica para el viejo conflicto de Irlanda del Norte.

Una reciente encuesta muestra que el 61% de los británicos considera que Blair ha sido un buen primer ministro, y un 69% rechaza su política de intervención en Irak. Este es uno de los factores que contribuyó al final de su carrera política, aunque no el único.

La casa por dentro

Tras la corrupción de la última etapa conservadora, Blair llegó al gobierno en 1997 con la promesa de una gestión "ética". Llegó a decir que su gobierno sería "más blanco que el blanco", pero ahora termina su mandato perseguido por el escándalo de una supuesta venta de títulos honoríficos a multimillonarios benefactores de su partido.

La percepción de los ciudadanos es que, si bien el Reino Unido es hoy un lugar mejor que en 1997 para los minusválidos, las minorías étnicas y los homosexuales, gracias a las reformas legislativas de la etapa laborista, la Gran Bretaña actual es también un país "menos agradable, menos liberal" y en definitiva "menos feliz".

Para un gobierno laborista debe resultar, en cualquier caso, decepcionante ver que los electores dan una mala nota en temas como el Servicio Nacional de Salud, la educación o los servicios públicos, pese a todo el dinero invertido por los sucesivos gobiernos de Blair para poner remedio al estado lamentable en que los encontraron.

En política interior, uno de los principales reproches que se le hacen al líder laborista es haber sucumbido a la tentación de jugar al populismo con temas tan complejos como el derecho de asilo, la delincuencia o la inmigración.

Su empeño en endurecer la legislación antiterrorista, prolongando, entre otras medidas, los plazos de detención sin cargos de los sospechosos, ha gustado a los tabloides más derechistas, pero le ha enajenado las simpatías de los defensores de los derechos humanos, incluida la mayoría de la Cámara de los Lores.

En la política interna, sin embargo, no se puede olvidar que Blair fue el artífice de las iniciativas para que Escocia y el País de Gales tuvieran sus propios parlamentos, lo que reforzó la unidad nacional.

El sucesor

Gordon Brown, el político escocés que nada más subir los laboristas al poder en 1997 dio la independencia al Banco de Inglaterra (el banco central), es el sucesor natural de su correligionario Tony Blair al frente del gobierno británico.

La sustitución se debe a un pacto entre ambos políticos, conocido como el Pacto de Granita por el nombre del restaurante del barrio londinense de Islington, donde supuestamente se produjo, tras la muerte del dirigente laborista John Smith.

En virtud de ese pacto, Brown no le disputaría el liderazgo a Blair, pero a cambio éste le dejaría el control total de la política económica y se comprometía además, supuestamente, a entregarle las llaves del número 10 de Downing Street, al cabo de un tiempo que no llegó a precisarse y que ha sido causa de tensiones entre ambos.

El pasado 17 de mayo, Brown fue elegido nuevo líder del Partido Laborista, con el respaldo de 313 de los 353 parlamentarios de esa organización política con capacidad de voto, dejando fuera de juego al diputado del ala izquierda John McDonnell. Esta votación abrió el camino para el proceso de sucesión efectiva de Blair.

Brown, de 56 años, casado y padre de dos niños pequeños, se ha preciado una y otra vez de haber proporcionado al Reino Unido su mayor período de estabilidad económica, con un crecimiento constante, baja inflación y un índice de desempleo netamente inferior al que se encontraron los laboristas al llegar a Downing Street.

El poder de Brown en los sucesivos mandatos laboristas de Tony Blair ha sido tal, que algunos rechazan la etiqueta "presidencialista" que se atribuye habitualmente al estilo de gobierno de este último, y hablan de una monarquía dual. Todas las decisiones importantes no se han tomado de modo colegial, como era tradición en el gabinete, sino que han sido fruto de negociaciones entre los dos pesos pesados.

Sin golpes de timón

Blair y Brown no pueden tener, sin embargo, temperamentos más distintos: el primero es carismático, con grandes dotes de comunicador, tan necesarias en el mundo de los mass media. Blair es, según reconocimiento general, "más forma que sustancia", mientras que Brown es un trabajador infatigable, atento siempre al detalle. Muchos de los que han servido bajo sus órdenes dicen que es muy desconfiado y hasta "estalinista" en sus métodos.

Su falta de carisma y sus torpes intentos de conectar con el gran público, mostrando un supuesto interés por la música de los nuevos grupos "pop", algo que pocos acaban de creerle, es el mayor handicap electoral del titular del Tesoro, que en los sondeos de popularidad aparece siempre detrás del líder conservador David Cameron.

La gran incógnita es cómo será Brown, una vez en la jefatura del gobierno: tiene fama de más estatalista y próximo a los sindicatos que Blair, pero al mismo tiempo ha apoyado todas las reformas privatizadoras de los servicios públicos acometidas por este último, por lo que muchos dudan que dé un fuerte golpe de timón.

La lección de todo este proceso es la sucesión dentro de un régimen democrático donde se toma en cuenta la opinión de los ciudadanos, en este caso el rechazo a la intervención en Irak, y los políticos carismáticos que no tratan de perpetuarse en el poder.

Nadie podrá negarle a Tony Blair que consiguió desplazar a los "Tories" (Partido Conservador) del poder, después de 18 años consecutivos en el gobierno. Podemos estar es seguros de que el sistema político británico no permitirá que Blair se convierta en consejero detrás del trono de Brown. En el Reino Unido, la sucesión del primer ministro es un asunto serio.