Actualizado: 26/01/2021 0:24
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Powell, EEUU, Elecciones, Giuliani

USA electoral: una nación en peligro

La civilización del espectáculo cosecha hoy la siembra de la Russia Collusion, sin que vengan bien ni la unidad nacional ni el tiempo de sanar porque no cabe reconciliación entre el cuchillo y la herida

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Lo que faltaba en el vodevil poselectoral de USA llegó con Sidney Powell, abogada defensora del malogrado general Michel Flynn y jurista del equipo que encabeza Rudy Giuliani para revertir, contra toda esperanza, los resultados de las pasadas elecciones: la Isla de Cuba pintoresca metió sus narices en ellas. Así tenemos otra peripecia de la broma colosal que Hegel advirtió en la historia: repetirse como comedia luego de aflorar como tragedia.

Recurva

Sólo la civilización del espectáculo en USA puede tragarse que Trumpoloco ganó las elecciones de 2016 con ayuda de Rusia y como marioneta de Putin. Así fue la tragedia y nada tiene de sorprendente que ahora su bandería ponga en escena la comedia de injerencia extranjera con que las tecnologías de origen foráneo en los sistemas de votación Dominion y Smartmatic fueron promovidas por los Servicios de Inteligencia de Castro (SICA), luego de concebirse para manipular votos y venir probándose en Venezuela desde 2004.

Y como siempre hay un tanque o tanqueta pensante para arrollar en comparsa política, un analista de estrategias en el Centro para Política de Seguridad (Washington), Michael Waller, recicló que la expresidenta del Consejo Nacional Electoral de Venezuela, Ana Mercedes Diaz, había declarado en 2013 que la reelección de Hugo Chávez se aseguró mediante contrato de suministro de máquinas de votación suscrito en 2004 con la firma Smartmatic.

Powell esgrime ahora esta peripecia para soltar que China desempeñó su papel y los SICArios —versados en exportar la subversión de cualesquiera formas— sirvieron como intermediarios en la gestión de alterar información electoral en USA por cuenta de Pekín. Waller refuerza con que los SICArios no sólo tienen alto poder de penetración, como demostraron con la superespía Ana Belén Montes en la Agencia de Inteligencia Militar (DIA) de USA, sino también mucha capacidad para jugar largo plazo. Por eso aún están activos jóvenes radicales que daban tánganas a favor de Castro en las décadas de 1960 y 1970. No en balde Joe Biden manejó como vicepresidenta a la representante Karen Bass (D-CA), quien tiene su historial con la Brigada Venceremos y en eso de atraer, valorar, cultivar y reclutar a estadounidenses para la revolución cubana o mundial.

Intereses creados

El interés compartido entre Pekín y La Habana en salir de Trump-Pence y vérselas mejor con Biden-Harris nos lleva a las maquinitas de votar de la firma Dominion. No porque algunos de sus componentes sean de manufactura china ni porque la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI) empine a Cuba como ciberpotencia, sino porque SICA se acopla con la ciberpotencia china, que desde la desunión postsoviética gestiona en la Isla bases de inteligencia electrónica (SIGNINT) apuntado hacia USA. Así, el alegato de Powell sobre la conexión cubano-china para dar guerra de alta tecnología contra USA en el ámbito electoral sólo tiene parangón con los ataques terroristas sónicos que amargaron la vida de diplomáticos de USA y Canadá en La Habana e igualmente suelen atribuirse a China o Rusia.

Campos roturados

Y así mismito la civilización del espectáculo cosecha hoy la siembra de la Russia Collusion, sin que vengan bien ni la unidad nacional ni el tiempo de sanar porque no cabe reconciliación entre el cuchillo y la herida. Hace rato que las banderías republicana y demócrata se apuñalan con tanta perfidia que ya no hay vuelta atrás. Máxime con una prensa que abandonó su misión de forjar opinión pública bien informada para deformarla a gusto con agitación y propaganda al estilo del Departamento de Orientación Revolucionaria (DOR).

La siembra de otoño de Trumpoloco planta semillas de fraude del Partido Demócrata como si los resultados de la votación se hubieran alterado. Se pasa por alto que el fraude florece en terreno abonado por el sistema electoral mismo antes que por tal o cual partido. Ya en 2012 el Pew Research Center detectó que unos 24 millones de registros electorales no eran válidos o adolecían de incorreciones significativas, más de 1.8 millones de muertos seguían registrados y casi 2.75 millones de vivos estaban registrados en más de un estado [1].

Nada se ha hecho por rectificarlo. Así, recurrir al voto masivo por correo enviando boletas a todos los electores registrados y recibiéndolas a vuelta de correo sin tener métodos efectivos de comprobación incita al fraude, pero hasta ahí las clases. Muertos, residentes en otro estado y electores sin registro válido deben haber votado también a favor de Trumpoloco. Así será hasta que se tenga registro electoral exacto y conteo certero de votos en todos los estados.

Truquito politiquero

Todo estriba en trocar la racionalidad por la percepción emotiva. Veamos un ejemplo ilustrativo del otro bando: la incompetencia de la administración de Trumpoloco como causa eficiente de más muertes en USA por coronavirus que todas sus guerras desde aquella hispano-cubana-americana. Dejemos a un lado que todo el mundo sabe y hasta la Casa Blanca imprimió en flyer que hay que usar una buena máscara y guardar la distancia correcta entre personas para evitar la propagación de un virus que no puede calificarse de chino.

Si la pandemia es crisis nacional de vida o muerte y el gobierno de Trumpoloco causa tantas bajas, ¿por qué la oposición, en control de la Cámara de Representantes, no se apeó con una ley para salvar la patria? Tan repleta de ciencia y convincente que esa ley hubiera superado con facilidad la barrera republicana del Senado y Trumpoloco no se hubiera atrevido a vetarla.

Al mismo tenor salen hoy al ruedo mediático la injerencia chino-cubana y la demanda bíblica que promete Powell. La reyerta a puñaladas mediáticas entre banderías prosigue para animar tanto a la mayoría [más de 78 millones por Biden] como a la minoría [menos de 75 millones por Trumpoloco] e impide sostener, como verdad evidente, que transitamos de un presidente sin orden ni concierto a otro que le patina el coco y resucitó luego de que, aun siendo vice, fuera tirado pa’la tonga en 2016 como sucesor de Obama.

Coda

Unos 248 millones de estadounidenses son elegibles para votar, pero 33 millones ni siquiera se inscriben. De 215 millones que lo hicieron, casi 72 millones no votaron en esta elección con plusmarca histórica de participación [ca. 67 %]. Así, el partido abstencionista volvió a ganar por enésima vez con su mayoría silenciosa de verdad: más de 100 millones de votos.

Y así fue porque la grandeza democrática de USA radica en que su orden constitucional permite llevar una vida soportable sin importar mucho quién es el presidente de turno ni qué color tiene el condado de residencia en el mapa electoral. Esperemos que nadie tenga que morir abrazado a la bandera americana en este último reducto.

Nota

[1] PEW: “Inaccurate, Costly, and Inefficient Evidence That America’s Voter Registration System Needs an Upgrade” (2012)


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