Actualizado: 18/10/2019 17:37
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Venezuela, Maduro, Guaidó

Venezuela: ¿Golpe de Estado o farsa que se repite?

¿Será que la oposición venezolana no aprendió de su propia historia?

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Dicen que la historia se repite, una vez como tragedia otra como comedia. En el caso de la historia reciente de Venezuela, la tragedia y la comedia, se han dado juntas, tomadas de la mano, en dos ocasiones.

La primera fue en abril de 2002, cuando un falso golpe de Estado sirvió para liberar a Chávez del linchamiento popular en su madriguera de Miraflores. Eran los tiempos en que el poderoso sindicato de trabajadores de la empresa petrolera PDVSA, todavía no había sido copado por el oficialismo, y aglutinaba masas como no podía hacerlo ningún partido, pero esto es cosa del pasado.

Al final de aquel pronunciamiento, el mismo ejercito que secuestró al comandante bolivariano, sería el encargado de traerlo al poder, siempre bajo la orientación del gobierno cubano.

En el interín se formó un gobierno provisional que sirvió en realidad como trampa para los que de verdad creyeron que había tenido lugar un verdadero destronamiento, para colmo inconstitucional.

Fue entonces que apareció la famosa Acta de Constitución del Gobierno de Transición Democrática y Unidad Nacional, conocida como “el Carmonazo”, decreto ley redactado el 12 de abril de 2002, el día después del supuesto de golpe de Estado en Venezuela de 2002, que tuvo intenciones de derrocar al presidente venezolano Hugo Chávez.

La normativa estableció un gobierno de transición y disolvió los principales aparatos de poder controlados por el chavismo en esos momentos; entre ellos la Asamblea Nacional, el Tribunal Supremo y la Fiscalía General, borrándole el termino de “Bolivariana” a la República y nombrando presidente a Pedro Carmona Estanga, líder de la Patronal Fedecámaras. Su objetivo inmediato era restablecer la Constitución de la República de Venezuela de 1999 como norma fundamental, pero no tuvo tiempo.

Como por arte de magia política se dio la reaparición de Chávez en un helicóptero, y recuperó su gobierno sin disparar un tiro, así de belicosos fueron los putchistas de Carmona, a quien los rápidos acontecimiento dejaron solo, y los venezolanos antichavistas se quedaron con el sabor de la miel del cambio en la boca.

El fugaz presidente sería encarcelado bajo el cargo de golpista, pero el bueno de Chávez le concedería el arresto domiciliario, tendiéndole así a su enemigo el puente de plata por donde huir.

Pedro Carmona, el hombre que presidió Venezuela durante 28 horas terminará pidiendo asilo político en Colombia. Había cumplido su misión, la de hacer quedar mal a la oposición. A nadie en el gobierno le interesaba castigarlo sino usarlo para devolver a la vida el cadáver moral en que ya para ese entonces, Chávez se había transformado.

Lo mismo pasa hoy con Nicolás Maduro. Por lo visto se le quiere salvar usando la misma fórmula y nadie se percata.

Así ha comenzado la segunda tragicomedia venezolano, también en abril, pero ahora de 2019. Eso sí, parece que la nueva adaptación se extenderá un poco más que la película original.

Comienza con la “destacada” actuación (nunca mejor dicho), cuando una cuadrilla de militares, aparentemente disidentes, que se ha acercado a Juan Gerardo Antonio Guaidó Márquez presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, reconocido por más de cincuenta países como presidente encargado de Venezuela, aunque sin el menor poder sobre el aparato del Estado, y por supuesto el ejército o la policía.

Le traen como prueba de su lealtad una suerte de trofeo, su compañero de partido Leopoldo López, a quien “valientemente” han liberado de su propio hogar donde guardaba arresto domiciliario desde julio de 2017 tras ser condenado a 13 años de prisión.

Mas allá de algunas tanquetas dedicadas a pasarle por arriba a jóvenes opositores desarmados, y la acción violenta de la delincuencia pro gubernamental conocida como colectivos, no se sabe de ninguna movilización de tropas gubernamentales para aplastar la sedición, parece que no es tan temible.

Mientras tanto los “especialistas” especulan sobre las posibilidades de triunfo del golpe en ciernes, la neutralidad del ejército o simplemente la llegada del inicio del final de una dictadura.

Todos olvidan o simplemente desconocen, que, tras 20 años de construcción socialista, al estilo castrista, el poder lo tiene todo bajo control, incluida la oposición, sobre todo si es armada.

La situación evidentemente no le quita el sueño al gobierno, pero sí se presta para amigos nacionales y extranjeros del régimen creen el pánico con meros objetivos propagandísticos. Veamos algunos ejemplos que nos da la tónica del discurso que se está utilizando.

El Foro de Comunicación para la Integración de Nuestra América (FCINA) que agrupa a Comunicadores y Movimientos Sociales de América Latina y el Caribe lanzó un comunicado condenando el intento de golpe en la República Bolivariana de Venezuela y de paso acusando al gobierno de Iván Duque, de alentar abiertamente “esta intentona”.

En el mismo sentido se pronuncian los miembros de La Plataforma de Periodistas y Comunicadores de Venezuela, quienes aseguran rechazar y condena “el intento fascista de derrocar al Gobierno legal y constitucional de Nicolás Maduro Moros, promovido por un minúsculo grupo de civiles y militares traidores”. Aseguran a la vez que se trata de un zarpazo dirigido desde del gobierno norteamericano y el gobierno de Colombia.

La redacción internacional del periódico Granma, órgano del Partido Comunista, emitía un editorial, según el cual Cuba rechaza enérgicamente amenazas del gobierno de EEUU, así como el intento golpista en Venezuela; y se hace eco de las palabras escritas por Miguel Díaz-Canel en su cuenta de Twitter, según el cual “No hay operaciones militares, ni tropas cubanas en Venezuela. Llamamos a la comunidad internacional a detener esta peligrosa escalada agresiva y a preservar la Paz. Basta ya de mentiras”.

La misma retórica en defensa del gobierno de Nicolás Maduro permea el tratamiento noticioso dado a acontecimientos venezolanos en medios como; Rusia Hoy, Telesur, y la persa Hispan Tv y por supuesto el resto del aparataje mediático del régimen de La Habana.

En realidad, salvo los canales hispanos de Miami, apenas existe contrapeso, al mensaje de los alabarderos maduristas. Los medios de países democráticos de tan comedido y poco profundos en el análisis termina por confundir a su público, no hablemos ya de los que como la radio televisión española insisten en endilgarle lo de presidente autoproclamado al líder de la oposición venezolana. No nos extrañemos después que los españoles terminen eligiendo como partido de gobierno, aquel que se alió con los separatismos actuales y cuyo líder plagió una tesis.

De lo que se trata hoy como ayer es de convertir al astuto Maduro en una especie de Salvador Allende y Guaidó en otro Pinochet, solo que sin dientes. Y lo peor para la oposición después de los muertos que ya está aportando en lo fácil que se lo está poniendo a los directores reales de la función el líder opositor. Si algo necesita el gobierno son llamados beligerante a derribarlo, como el que acaba de hacer el presidente alternativo desde la base aérea La Carlota en Caracas, a las Fuerzas Armadas para que se levanten contra Nicolás Maduro.

Una vez más la oposición cae en la trampa, y es que para combatirla no hace falta gran inteligencia basta con la falta de escrúpulos y las experiencias aprendidas en la Unión Soviética por quienes realmente mandan en Venezuela.

Mientras tanto el presidente encargado de Venezuela se involucra sin saberlo en lo que ya se percibe como autogolpe, al estilo de aquel de 2002 por el que pobre Carmona Estanga debió poner los pies en polvorosa. Nos abocamos a un “guaidoazo”, y el resto del guion represivo que vendrá detrás ¿Será que la oposición venezolana no aprendió de su propia historia?


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