Actualizado: 15/07/2020 12:39
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Coronavirus, Religión, Economía

Y después… ¿qué?

La crisis de 2008 generó más desigualdades en cuanto a la apropiación de las riquezas; nada nos asegura que una combinación de esos resultados no sea la consecuencia final de esta crisis

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En algún momento esta pandemia terminará como otras lo han hecho en el pasado, dejando su estela de víctimas mortales y por suerte otra mayor de victimas que se recuperaron, ¿y eso será todo? No creo, habrá consecuencias que no se limitaran a la esfera económica, sino que abarcaran los más disímiles aspectos de la vida social e incluso de la de cada individuo en particular.

De alguna forma la religiosidad de los pueblos y de las diferentes personas sufrirán algún impacto, desde los seguidores del culto Ifa con babalawos que se ven obligados a cambiar la letra del año para incluir una pandemia que no previeron, hasta los devotos del cristianismo que vieron y vivieron una Semana Santa que rompía necesariamente con todos los cánones establecidos. Poco sabemos, por no decir que nada, sobre como la pandemia alteró o no a musulmanes, budistas, hindúes y tantos otras religiones y sus devotos seguidores.

Quizás resulte exagerado la advertencia, o premonición, del Dr. Anthony Fauci de que habrá que evitar el estrechar la mano, esa añeja costumbre que indicaba que no se portaba un arma, pero seguramente que esos abrazos, en ocasiones exagerados e innecesarios, desaparecerán entre los afectuosos latinos, o Latinx como se le ha dado en llamar; y aún más esos aparentes besos en las mejillas que se intercambian entre las damas o con ellas.

Sin lugar a dudas que el interés en utilizar los cruceros como una forma de vacacionar se va a ver muy comprometido después de los apocalípticos hechos ocurridos con más de una veintena de ellos, que no le fueron permitidos el atraque en los más variados y disímiles puertos, que antes los esperaban con regocijo e interés económico. Claro que ellos siempre fueron un peligro epidemiológico en particular de los norovirus que desencadenaban copiosas diarreas y vómitos entre sus pasajeros, pero era un riesgo menor, y de poca divulgación, comparado con la situación creada por la covid-19.

Otro tema que se ha desarrollado exponencialmente en medio de la pandemia es el del trabajo a distancia, sin lugar a dudas que el mismo con sus múltiples pro y algún que otro contra; por ejemplo, la reducción de personas moviéndose hacia o desde sus residencias al trabajo ha producido una considerable reducción del tráfico y con ello de la contaminación, los accidentes y el consumo de gasolina, lo cual sin lugar a dudas tendrá un efecto positivo hasta en relación con el cambio climático.

La existencia del Internet y las múltiples herramientas que permite utilizar para mantener y propiciar el trabajo a distancia y el relativo contacto entre empleados y sus mánager y entre ellos, torna estas relaciones en algo bastante impersonal, con una pérdida del necesario calor humano en las relaciones entre dichos factores, algo que ya se venía dando con la utilización de los mensajes digitales y los emails. Por otra parte, el trabajo a distancia abre una nueva brecha entre los trabajadores, llamémosle intelectuales, y los manuales.

Miles de edificios dedicados a oficinas quedaran deshabitados generando una contracción que puede tener funestos resultados en el sector de bienes raíces lo cual nos trae a la memoria la debacle, por causas muy distintas, de 2008. Lo cual de rechazo afectara a miles de compañías dedicadas a la limpieza y mantenimiento de estas oficinas ahora vacías.

Hay indicadores que evidencia que estas relaciones a distancia han hecho su entrada, necesaria y prudente, en el campo de la salud, y ya ha comenzado el desarrollo de las consultas a distancia, incluso por vía telefónica, hasta dónde avanzara esto, es difícil de predecirlo, pero algunos elementos apuntan a que este comienzo va a generar otros desarrollos en la dirección del distanciamiento físico entre el paciente y el personal de salud, siempre que ello sea posible.

Igual está ocurriendo con la relación maestro, o profesor, y sus alumnos. Lo que se ha dado como una experiencia necesaria y provisional en medio de la pandemia puede dar lugar a propuestas definitivas en particular en la enseñanza superior, con lo cual una buena parte de las edificaciones de las universidades resulten obsoletas. Dudo que en la enseñanza primaria y secundaria esta experiencia deje raíces profundas, pero si es posible que, de una forma u otra, afecte el futuro de la enseñanza en los niveles inferiores y obligue a los padres a vincularse de manera más directa y efectiva en la enseñanza de sus hijos y quizás las escuelas dejen de ser esos lugares donde los padres envían a sus hijos para poder ir a trabajar.

Otro cambio que debemos esperar estará relacionado con los controles en los puertos y aeropuertos en particular relacionado con la llegada de viajeros de otros países, quizá se lleguen a extremos como demandar certificaciones médicas oficiales que garanticen la salud del viajero, pero por lo menos seguramente se va a mantener el control de la temperatura corporal ya puesta en práctica en la actualidad, que probablemente no han sido del todo eficaces ya que como sabemos una persona puede estar infectada sin manifestar ningún síntoma.

Quizás sea de mayor impacto, por lo menos en EEUU, dos temáticas que desde hace mucho vienen flotando en el escindido espectro político, y estos son: el complicado asunto de la asistencia médica universal sea esta paga o gratuita, o parcialmente gratuita. Y el del UBI (Universal Basic Income) como una formula, en esta circunstancia, de salir del caos económico en que nos estamos sumergiendo y como una vía, muy discutida y discutible, de eliminar la pobreza y reducir la dependencia de los más desfavorecido de las ayudas gubernamentales de carácter transitorio.

Las crisis son situaciones transformativas que manejadas con inteligencia y adecuadamente pueden ser oportunidades para el desarrollo. No siempre resulta así, la crisis generada por el ataque terrorista del 9/11 tuvo un efecto devastador para las libertades individuales; la crisis de 2008 generó más desigualdades en cuanto a la apropiación de las riquezas; nada nos asegura que una combinación de esos resultados no sea la consecuencia final de esta crisis que no está generada ni por un grupo terrorista ni por la irrefrenable codicia de determinados sectores financieros, sino por un elemento biológico mal manejado desde sus inicios y por aquellos supuestos a proteger a sus respectivas sociedades.

No es hora de hablar de un virus chino, y podíamos también decir italiano, o español, es la hora de enfrentar la pandemia con respuestas globales y tal acción global es imposible si el país más fuerte del mundo, EEUU, está ausente o actúa solo y en muchas de sus acciones de manera egoísta, dejándole el campo libre a China que tratando de soslayar su criminal negligencia ahora reparte dádivas y ayudas que son bienvenidas por los países receptores pero que abren lógicas dudas sobre la capacidad de respuesta de las democracias frente a una crisis mundial.

Nunca seremos lo mismo. Si cambiamos para bien o para mal, sin considerar únicamente lo catastrófico, dependerá del liderazgo que sea capaces de asumir las democracias, que deberían ir encabezada por EEUU, pero que hasta el momento no parece ser lo que está ocurriendo.


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