Actualizado: 23/10/2017 23:51
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EEUU, Elecciones, Trump

Conservadores y radicales

El debate conservador en EEUU se sitúa entre los que tratan de enmendar la sociedad civil mediante un ajuste de acuerdo a las circunstancias y quienes buscan una contrarrevolución revanchista

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Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, el conservadurismo en Estados Unidos giró en torno a un debate único, que se ha repetido una y otra vez.

Lo que se conoce como movimiento conservador norteamericano tiene su origen en las ideas del pensador y político inglés Edmund Burke. El conservadurismo de Burke no se sustentaba en un conjunto particular de principios ideológicos, sino más bien en la desconfianza hacia todas las ideologías. En su denuncia de la Revolución Francesa, Burke no buscaba una justificación del ancien régime y sus iniquidades, y tampoco proponía una ideología contrarrevolucionaria, sino que advertía contra todos los peligros de desestabilización que acarreaban las políticas revolucionarias.

En este sentido, en los últimos años el debate conservador en Estados Unidos se ha situado entre los que se mantienen fieles a la idea de Burke, de enmendar la sociedad civil mediante un ajuste de acuerdo a las circunstancias imperantes en cada momento, y quienes buscan una contrarrevolución revanchista.

Y en la actualidad, dentro del Partido Republicano cada vez adquieren mayor fuerza los contrarrevolucionarios o al menos se han convertido en el sector más combativo dentro de la institución.

Lo que buscan estos contrarrevolucionarios es destruir todas las leyes, principios y normas que llevaron a la creación de una sociedad con servicios de seguridad social, asistencia pública y beneficios para los más necesitados. Volver a la época del capitalismo más salvaje de la década de 1920, existente antes del establecimiento del New Deal/Fair Deal de las décadas de 1930 y 1940, y de la puesta en práctica años después del concepto de la Nueva Frontera/Gran Sociedad de los años 60 del siglo pasado.

Los legisladores que siguieron al pie de la letra los principios del Tea Party, como los senadores Marco Rubio y Ted Cruz, encontraron en esa agrupación una vía para destacarse y alcanzar una posición independiente de lo que por años fue el establishment republicano. Pero con la llegada de Donald Trump se produjo un revuelco de posiciones, estrategias y postulados en la campaña por la presidencia de EEUU.

Al menos en principio el plan económico de Trump tiene semejanzas con los postulados republicanos en cuanto a política fiscal —por ejemplo, con las propuestas del presidente de la Cámara, Paul Ryan—, pero al mismo tiempo, al principio y durante la campaña de elecciones primarias, prometió mantener sin cambios la Seguridad Social, el Medicare y el Medicaid, un tema sobre el que no ha vuelto a referirse.

Por otra parte, para cumplirse las promesas de Trump, solamente en cuanto a la ley y el orden, sería necesario un súper gobierno que colocaría en cada esquina a un agente policial que respondiera directamente al presidente, al menos que se comparta cierta fe en los atributos divinos del magnate inmobiliario. En igual sentido transitarían sus criterios sobre inmigración y la expulsión del país de millones de indocumentados que viven en EEUU.

Estas contradicciones, que han llevado la convivencia entre la ultraderecha religiosa, los partidarios del Tea Party y los seguidores de Trump encuentra una base común en algo que el empresario de la industria del juego ha aprovechado a su favor desde el primer momento: la posibilidad de seleccionar dentro de su discurso, por lo general confuso y cambiante.

Resulta por tanto fácil apostar a que, aunque el candidato ha prometido respetar el Seguro Social y los planes de Medicare y Medicare, una vez que una política de reducción extrema de impuestos deje las arcas del Gobierno sin fondos, estos programas sean recortados no por motivos ideológicos sino por causas económicas.

Una otra vez Trump ha demostrado que manipular los sentimientos, los temores y las frustraciones, aprovecharse de la ira, no deja de ser una opción siempre presente en la sociedad estadounidense. Está por ver si actuará en ese sentido en el segundo debate presidencial del domingo, o si en última instancia tal estrategia le dará el triunfo en las urnas.


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