Actualizado: 27/05/2019 9:55
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Debate Palin-Biden, decidido a los puntos

Sarah Palin mantiene el tipo ante Joe Biden en un debate en el que, probablemente, el gran perdedor haya sido John McCain.

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El debate vicepresidencial entre el senador Joe Biden y la gobernadora Sarah Palin fue esperado con mayor interés que lo que es común en estos encuentros de actores secundarios.

Estaba en juego mucho más que la valoración de los aspirantes a una posición que —con la excepción de Dick Cheney— ha sido protocolar y poco efectiva, característica que seguramente volverá a imponerse el próximo año, de acuerdo a las características personales de ambos pretendientes a la Casa Blanca. Para el candidato presidencial republicano, el senador John McCain, era una prueba de si su elección de compañero de boleta resultaba un fiasco o no. Para el demócrata y también senador Barack Obama, el impulso decisivo necesario para afianzar su delantera.

Aunque se sabe que los norteamericanos no votan por el número dos en el ticket, sino que se limitan al nominado presidencial, el duelo sí iba a servir para, a través de los actores secundarios, juzgar a los personajes principales de esa obra teatral (algunos radicales incluso dirían que farsa) que no dejan de ser las elecciones norteamericanas.

Este rodeo intenta, en alguna medida, sustentar una impresión apresurada: anoche hasta cierto punto ganó Palin, y definitivamente perdió McCain.

La gobernadora logró convencer que su selección no fue tan disparatada como se pensaba. Sin embargo, no pudo cumplir lo que en otras circunstancias debió ser su función principal: defender sin tregua a su compañero de boleta. Una y otra vez Biden criticó el historial de McCain y refutó los puntos de vista de la campaña republicana. Y en muchas ocasiones Palin sólo supo responder con lugares comunes, una sonrisa fingida y la repetición de los mismos lemas que funcionan exclusivamente con los simpatizantes demostrados.

Como ha ocurrido más de una vez con Sarah Palin, lo que se veía como uno de los problemas principales que enfrentaba, obró en su favor. Antes del debate estaba convertida en una especie de chiste nacional. Las respuestas vagas y sin sentido de sus entrevistas con Katie Couric y Charlie Gibson habían suplantado por completo su imagen. Ya resultaba difícil distinguirla de la excelente parodia de Tina Fey en Saturday Night Live.

Ayer Palin demostró que no es esa caricatura. La gobernadora de Alaska exhibió, de forma muy satisfactoria, algunas de las cualidades que llevaron a McCain a decidirse por ella. Otras características se han repetido hasta el cansancio: inyectar juventud y vigor a la campaña y asegurar el voto de la extrema derecha cristiana. Ahora sabemos que hubo más. Al igual que McCain —mucho más debido a su expresividad—, Palin es una figura política que encarna el populismo de derecha, aquel que se apoya en frases hechas, el tradicionalismo en su esencia más reaccionaria y una sabiduría de aldea que pretende encubrir la incultura y la falta de una visión más amplia.

El problema para Palin, pero sobre todo para McCain, es que no hay nada que indique que estos remedios de abuelita y esa sabiduría de almanaque provinciano van resultar convincente, en un momento en que los norteamericanos se enfrentan a una grave crisis económica y una situación de inseguridad que trasciende el desastre en que ha culminado la bonanza de bienes raíces e hipotecas fáciles. Más bien todo lo contrario.

Algo que quedó claro en el debate de la noche del jueves fue la diferencia entre un senador que estuvo todo el tiempo exponiendo hechos, y aclarando las falsedades y medias verdades de su contrincante, y una gobernadora que cuando le preguntaban sobre un tema en el cual no estaba cómoda volvía a otro en que obviamente se sentía más segura, o en el que al menos dominaba mejor el guión que le habían escrito.

Si algo demostró Palin fue una gran habilidad en no contestar preguntas. En muchos casos se limitó a comentarios breves y ligeros, mirando sus notas con frecuencia. Parece ser que siguió al pie de la letra un consejo que varios comentaristas de televisión le habían dado públicamente: mientras menos hable, mejor para ella.

Biden, por su parte, de forma reiterada criticó a McCain por sus declaraciones contradictorias sobre temas económicos y por su posición ante la guerra de Irak.

Respecto a la economía, Palin dijo que Obama había votado para aumentar los impuestos 94 veces, pero Biden respondió que ese dato era incorrecto y apuntó que, en todo caso, McCain había votado "477 veces para elevar los impuestos''.

La gobernadora dijo que McCain hizo sonar la alarma desde hace años en torno a Fannie Mae y Freddie Mac, las gigantescas hipotecarias que actualmente se encuentran en graves problemas, y que sin embargo otros legisladores habían ignorado sus advertencias.

Biden vio las cosas en forma distinta, y dijo que las primeras palabras de McCain después de que la crisis estallara fueron: "Los indicadores fundamentales de la economía están sólidos''.

El senador demócrata fue incisivo al destacar que lo que se conoce como conducta disidente o rebelde de McCain —una bandera que éste repite para distanciarse de Bush e incluso del Partido Republicano— no es tal.

Cuando Palin repetidamente se refirió a ella misma y a McCain como "rebeldes'', Biden dijo que el senador republicano por Arizona nunca había sido un disidente o rebelde dentro de su partido, en las cuestiones que realmente cuentan para la vida del norteamericano común.

Los candidatos también chocaron en cuanto a políticas energéticas, al señalar Palin que Obama votó en favor de una iniciativa apoyada por el gobierno de George W. Bush que le daba mayores libertades a la industria petrolera. En contraste, indicó que como gobernadora había actuado con firmeza frente a las grandes firmas petroleras y que McCain había votado contra la iniciativa de Bush.

Biden indicó que durante la última década, McCain votó "20 veces contra el darle fondos a las fuentes de energía alternativas y que él considera, creo, que la única solución al problema es perforar, perforar, perforar''.

Respecto a la guerra de Irak, Biden fue especialmente duro al criticar la posición de McCain ante el conflicto, calificándolo como "el único'' en negarse a fijar un calendario para la retirada de los soldados estadounidenses.

Palin, por su parte, llevó la discusión al terreno personal, al atacar al aspirante a la vicepresidencia demócrata por apoyar a Obama en el tema de la guerra iraquí, "especialmente con su hijo en la Guardia Nacional'' y en camino a Irak.

En cuanto a Obama, dijo que "esa es otra historia. Cualquier persona que puede cortar los fondos para los soldados luego de prometer no hacerlo, es todo un caso''.

La respuesta de Biden fue cortante: "John McCain votó en favor de detener los fondos para los soldados. Permítame que lo diga otra vez: John McCain votó contra una enmienda que contemplaba 1.000 millones, 600 millones de dólares'' para los equipos que "están protegiendo al hijo de la gobernadora y, Dios mediante, al mío y a muchos otros hijos e hijas. Él votó en contra''.

El hijo de Biden, Beau, es secretario de Justicia de Delaware y hoy viaja a Irak con su unidad de la Guardia Nacional. Palin tiene un hijo en territorio iraquí con la Guardia Nacional de Alaska.

En cuanto al medio ambiente, Palin se negó a señalar como causas únicas del cambio climático las actividades humanas. "Hay algo que debe de decirse sobre la actividades humanas, pero también hay que señalar los cambios cíclicos en la temperatura de nuestro planeta'', indicó, y dijo que no quería discutir sobre sus causas.

Biden indicó que el origen de ello es claramente producto de la actividad del hombre y agregó que "si uno no comprende cuál es la causa, es virtualmente imposible encontrar una solución''.

De toda la discusión, el enfrentamiento sobre Irak fue el más personal, y el más duro, dentro de un debate donde el senador Biden trató al extremo de no lucir agresivo y abrumador frente a una candidata que se sabe no tiene su misma experiencia.

La gobernadora se cuidó de mirar a su contendiente en reiteradas ocasiones. McCain ha sido acusado de comportarse de forma arrogante al no mirar a Obama durante el pasado debate.

Latinoamérica no figuró como tema en el encuentro, pero la republicana hizo una mención, sin comentarios, a "los hermanos Castro''.

La referencia a Fidel y Raúl Castro se produjo cuando Palin recordaba que Obama, había dicho que si ganaba las elecciones estaría dispuesto a dialogar con enemigos y adversarios de Estados Unidos "sin precondiciones''.

El presidente iraní Mahmud Ahmadinejad, el líder norcoreano Kim Jong Il, "los hermanos Castro, y otros dictadores peligrosos figuran entre los que Barack Obama ha dicho que estaría dispuesto a reunirse con ellos sin precondiciones'', dijo la gobernadora de Alaska, de acuerdo a un cable de la AP.

"Una posición como esa mencionada por un candidato presidencial va más allá de la inexperiencia'', dijo Palin. "Una declaración como esa es sumamente peligrosa porque líderes como Ahmadinejad, que trata de adquirir armas nucleares y borrar de la faz de la tierra a un aliado nuestro como Israel, no debe ir a una reunión sin precondiciones y sin que se tomen primero acciones diplomáticas'', agregó.

Biden, presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, dijo que la afirmación de Palin sobre la política exterior de Obama "sencillamente no es cierta''.
"El no dijo que se reuniría con Ahmadinejad'', explicó.

Indicó que le sorprendía que Palin, y por consiguiente McCain, "no se dieran cuenta que Ahmadinejad no controla el aparato de seguridad en Irán''.

"La teocracia controla el aparato de seguridad'', comentó.

La referencia a los hermanos Castro en el segmento dedicado a política exterior, aun cuando en un contexto no relacionado con la región, fue similar a otra hecha por el candidato presidencial republicano, durante el primer debate celebrado la semana pasada, en que Latinoamérica estuvo igualmente ausente. En aquella ocasión, McCain criticó a Obama por decir que se reuniría con Raúl Castro sin condiciones previas. Obama pasó por alto el punto.

En lo referente al estilo, ambos candidatos se destacaron en distanciarse de lucir elitistas. Palin usó expresiones coloquiales.

"¿Puedo decirte Joe?", le preguntó a Biden tan pronto se estrecharon la mano y se colocaron en sus podios.

Biden estuvo de acuerdo y ella se refirió a él así más de una hora después. "Di que no es cierto Joe'', dijo sonriente al criticarlo por centrar sus comentarios contra el gobierno de Bush en lugar del futuro.

Biden, por su parte, trató de demostrar que era un hombre común y corriente, que al mismo tiempo tiene amplios conocimientos y experiencia en los asuntos políticos.

La gobernadora sólo tuvo un error obvio, al referirse dos veces al jefe de las fuerzas estadounidenses en Afganistán como "general McClellan'', cuando de hecho su nombre es David McKiernan. Biden no tuvo en realidad grandes problemas. Lo ayudó el tener una experiencia de más de 35 años en el Senado, con amplios conocimientos en política exterior y asuntos nacionales.

Según un sondeo divulgado el jueves, poco después de la emisión televisada a todo el país por la cadena CNN del debate, Biden ganó ampliamente el intercambio, por 56% a 31%. Otro estudio de la cadena CBS arrojó un resultado aún más abultado a favor del senador Biden: 46% de los electores indecisos consultados dio ganador al aspirante demócrata, contra 21% que declaró vencedora a su contrincante republicana. Falta por ver si esta tendencia se mantiene o cambia.

Más que en ocasiones anteriores, un buen número de norteamericanos presenciaron el debate del jueves como quien va a un encuentro de boxeo sólo con la esperanza morbosa de ver la aparatosa caída de uno de los contendientes. No fue así. En este sentido la gobernadora de Alaska no se dejó noquear. Aunque todo parece indicar que perdió el combate por puntos. La derrota, sin embargo, va a afectar más a su compañero que a ella. Porque si alguien necesitaba una victoria anoche, era John McCain.


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