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Guerra on line

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La guerra de guerrillas del siglo XXI ha comenzado.

 

Tras el incidente entre China y Estados Unidos en que resultó muerto un piloto de combate asiático, y la disputa diplomática, rehenes mediante, miles de “voluntarios” hackers chinos pusieron en acción la variante on line de la guerra de guerrillas. Seiscientas cincuenta webs del gobierno norteamericano, instituciones, empresas y universidades han sido el blanco.

 

El FBI ya había advertido que un ataque masivo en la red podría producirse, de modo que muchas instituciones tomaron sus precauciones y tuvieron menos que lamentar. Otras, no corrieron la misma suerte.

 

Entre las webs atacadas estuvieron, por supuesto, la de la CIA, pero también la de la Liga de Fútbol Americano, bancos de California, centros médicos, universidades e institutos de investigación. Uno de los sitios más atacados fue www.whitehouse.gov, el sitio de la Casa Blanca, a la que Bush llama “la casa de todos los norteamericanos”, frase que los hackers ampliaron hasta convertirla en la “casa de todos los chinos”. Durante seis horas, el servidor de la Casa Blanca anunció “denegación de servicio” como consecuencia de una sobresaturación en la demanda de acceso. Aprovechando la denegación de acceso, los hackers se “apropiaron” miles de computadoras conectadas a la red, que a su vez solicitaron masivamente acceso a las webs atacadas. Se generó una demanda que multiplicó por ocho la capacidad de los servidores, y como consecuencia se produjo el colapso.

 

Los patrióticos hackers norteamericanos respondieron al ataque dejando fuera de combate a cientos de portales de Pekín, centros de investigación científica, instituciones militares y del gobierno asiático.

 

La acción delictiva, “insurgente”, o la pura gamberrada de los hackers, cuya aparición data de los comienzos de Internet, ha dado paso a organizados rangers on line. Se disparan subrutinas y líneas de comando, se derraman bytes en lugar de sangre. Los misiles portadores son las inofensivas líneas telefónicas. Basta un PC doméstico, más barato que un fusil de asalto con mira infrarroja, y un breve entrenamiento, para contar con un soldado en la red. No importa que sea miope, tenga los pies planos o corra los cien metros planos en diez minutos. Este nuevo “modelo” de guerra parece más light y, por supuesto, menos televisivo que la Guerra del Golfo. Pero las apariencias engañan. En un mundo cada vez más interconectado y donde desde las transacciones financieras hasta las órdenes militares, o una operación quirúrgica, se producen on line; un ataque organizado de hackers puede dislocar los servicios de emergencia, obstruir la acción médica, enloquecer las finanzas o sabotear los sistemas de comunicaciones de los que depende el tráfico aéreo. No sólo bytes serán derramados en tales circunstancias. Lógicamente, los países industrializados cuentan con más medios para repeler (o lanzar) ataques de esta naturaleza; pero al mismo tiempo son más vulnerables, dado su alto grado de interconexión. Aunque, por otra parte, el recurso esencial en esta guerra cibernética es el talento, que florece en todas las latitudes. Si un hacker solitario es capaz de crear un virus que provoque pérdidas multimillonarias, ¿qué efecto podría producir un destacamento de hackers adiestrados y dotados de todos los medios por un gobierno? ¿En qué medida serán efectivas las contramedidas y las “fire walls” ante ataques de esa naturaleza?

 

La guerra on line es algo que todavía está por ver. Por lo pronto, la Casa Blanca tuvo “un chino atrás” durante seis horas.

 

“Guerra on line”; en: Cubaencuentro, Madrid, 8 de mayo, 2001. http://www.cubaencuentro.com/meridiano/2001/05/08/2239.html.



Yo, el supremo

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“Yo, el Supremo Dictador de la República...”. Así empezaba Roa Bastos la mayor novela de dictadores escrita en América Latina. Los cubanos, en cambio, disponemos, por desgracia, de una realidad histórica tan delirante como su novela, con la diferencia que llevamos 42 años leyéndola con todo el cuerpo.

 

El discurso de nuestro Supremo el pasado primero de mayo es una pieza digna de figurar en la literatura siquiátrica. Tras contar a los sufridos asistentes su versión condensada de la historia de América, al mejor estilo del Reader´s Digest, afirma sin rubor que su triunfo de 1959 forjó “una nueva etapa en la historia de este hemisferio”. Y dado que se trata de Su Revolución, es Él, Oh Lord, el partero de la nueva era, el que cortó la cinta en la Expo Porvenir de América Latina (o de América Toda). Tres lustros promoviendo guerrillas en Latinoamérica concluyeron en una democratización del continente, lejos de los parámetros del Poder Popular. Tres lustros de guerras africanas concluyeron con aquel Megistu huyendo con su botín, las facciones angolanas repartiéndose petróleo y diamantes sobre un tapete de miseria y sangre, y miles de viudas cubanas recordando a sus muertos. Tras diez años de ausencia rusa y Período Especial, tenemos al Supremo de regreso, proclamándose el segundo fundador de América.

 

Y como un Supremo no puede menos que tener un Supremo Enemigo, afirma que “Todo cuanto hicieron los gobiernos de Estados Unidos en este hemisferio hasta el momento actual estuvo fuertemente influido por su obsesión y temor ante la presencia desconcertante de la Revolución Cubana”. De modo que una Isla de once millones de habitantes, cuyo peso económico decrece y cuya influencia internacional ha pasado de ser canónica a ser histriónica, protagoniza la atención del Norte hacia todo un continente poblado por más de 500 millones de almas. Rara anomalía de las estadísticas.

 

Claro que esa América Latina que olímpicamente desprecia, es aquella que en los 60, integrada en la OEA —“repugnante institución, invalidada moralmente para siempre por el entreguismo y la traición”—, expulsó a Cuba del gremio “Con una abyección repugnante que pasará a la historia como ejemplo sin precedentes de infamia” (la redacción es un abuso idiomático). La misma América Latina que hoy se presta a “una gigantesca anexión (...) a Estados Unidos”.

 

Según nuestro Supremo, el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) tiene como propósito “liquidar la soberanía, impedir la integración, devorar los recursos y frustrar el destino de un conjunto de pueblos (...) con lengua latina, cultura e historia comunes”. Claro que la apoyan gobiernos “burgueses y oligárquicos, sin principios políticos ni éticos, que votaron junto a Estados Unidos en Ginebra, por oportunismo o cobardía, para servirle en bandeja de plata pretextos y justificaciones a un gobierno de extrema derecha de Estados Unidos, con el objetivo de mantener su bloqueo genocida, e incluso podrían servir como excusa para agredir al pueblo de Cuba”. Y en sus inferencias podría ir más allá: la tercera guerra mundial, el fin de la galaxia, la extinción del Sol.

 

No continuaré citando la sarta de insultos, porque el espacio de mi columna es breve. Lo cierto es que nuestro Supremo tiene el legítimo derecho de opinar lo que desee sobre el ALCA, pero quizás fuera más persuasivo si ofreciera datos concretos sobre sus nefastas consecuencias, fijándose incluso en México, cuya experiencia en el Libre Comercio no es nada desdeñable. El único amago reflexivo que nos hace es alertar sobre la sustitución de materias primar naturales (presuntas exportaciones de nuestros países) por homólogos sintéticos, de donde se infiere que del Río Grande hacia el sur no hay nada exportable. En cuyo caso no habría comercio, ni libre ni preso. Y Cuba debería olvidarse del azúcar, el ron, los tabacos y el níquel, y promocionar su tecnología espacial.

 

Su panorama es francamente unipolar: USA lo comprará todo en América Latina, lo controlará todo, y los latinoamericanos se convertirán en productores de materias primas, no se sabe bien para qué, porque antes nos dijo que eran sustituibles, y mano de obra barata (casi tan barata como la cubana). Muchos cultivos desaparecerán por la competencia desleal de la subvencionada y tecnológica agricultura norteamericana, y cuando venga una crisis, medio mundo se morirá de hambre por culpa del ALCA. Al margen de que las monedas nacionales desaparecerán —como ya ha ocurrido en Cuba; aunque Él afirme que se ha revalorizado el peso criollo siete veces entre 1994 y 1999, olvidando el detalle de que se ha devaluado 22 veces respecto a 1959—. Aumentará el desempleo al Norte y al Sur del continente (por arte de magia). Debacle con hecatombe y genocidio, para continuar con su estilo.

 

Algo que no nos explica es el por qué, siendo tan mala malísima el ALCA, y tan enemigo de Cuba Estados Unidos, ese país no le propuso a nuestro Supremo integrarse a la comparsa, y hacerle así muchísimo daño.

 

Claro que esos gobiernos anexionistas no les cuentan a sus pueblos las verdades que nos revela el Supremo, “ocultan información” —rubro en que Él tiene una amplia experiencia—. Sólo Venezuela y Brasil comprenden estas verdades y “encabezan la resistencia”. Sólo por un problema de cortesía acudieron a Quebec y firmaron el acuerdo.

 

Y después de advertirnos que en sus palabras no hay ni rastros de exageración, nuestro Supremo solicita un plebiscito para que los pueblos de Latinoamérica decidan si desean o no que sus países integren el ALCA.

 

Plebiscito. Palabra burguesa que siempre ha denostado. Palabra mágica que viene repitiendo la oposición en Cuba durante decenios. Y ahora es pronunciada, al fin, por sus labios. Claro que la regla es “hagan lo que yo digo y no digan lo que yo hago”.

 

¿Le asiste algún derecho para exhortar a un plebiscito? En el orden de las ideas abstractas, le asiste incluso el derecho de proponer el deshielo de la Antártida para irrigar el Sahara. En el orden de las competencias, sólo le correspondería implementar un plebiscito en su propio país, y comprobar con cifras supervisadas que los cubanos detestan el ALCA y lo adoran a Él. La respuesta es tan obvia que en 42 años no se ha atrevido a hacerlo. En el orden del marketing político, era algo previsible:

 

1º-Demostrar que la fiesta a la que no me han invitado, es un fracaso.

 

2º-Devolver, con un cocotazo retórico, la bofetada que algunos países latinoamericanos le asestaron en Ginebra.

 

3º-Mantenerse, aunque sólo sea por bocón, en los titulares de la prensa.

 

4º-Distraer al personal de la Isla, sumido en el área de nulo comercio, en la crisis sin fondo (ni siquiera monetario), la libreta de racionamiento light, y la explotación del hombre por El Hombre.

 

Quizás la culpa la tengamos los periodistas, que comentamos sus suculentas ocurrencias en lugar de hacer un espeso silencio. O esos mandatarios que en los eventos internacionales se apresuran a hacerse la foto de rigor, por pura curiosidad paleontológica, aunque más tarde, cuando se trate de discutir en serio, no le hagan ni el más mínimo caso.

 

“Yo, el supremo”; en: Cubaencuentro, Madrid, 4 de mayo, 2001. http://www.cubaencuentro.com/encuba/2001/05/04/2199.html.



Dos cumbres

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La cumbre

 

Acaba de concluir en Quebe La III Cumbre de las Américas, con la participación de 34 mandatarios latinoamericanos y la única exclusión de Fidel Castro. El tema central ha sido la creación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que permita la libre circulación, desde Alaska a la Patagonia, de mercancías y capitales, eliminando trabas burocráticas y barreras arancelarias —a diferencia de la Unión Europea, que va camino de construir el primer conglomerado de naciones integradas, además, institucional, humana y socialmente—. El ALCA sería el mayor mercado del mundo, integrando a 800 millones de personas, 11 billones de dólares de producto interior bruto (el 40% mundial) y el 20% del comercio del planeta, funcionando de acuerdo a “las reglas y disciplinas” de la Organización Mundial de Comercio. Un anticipo ya existe, el Tratado de Libre Comercio entre Canadá, Estados Unidos y México, que ha reportado a este último un mantenido crecimiento económico. Por otra parte, durante los últimos diez años el comercio de Estados Unidos con América Latina aumentó un 219%, en contraste con su comercio con Asia (118%), UE (89%) y Africa (62%).

 

Claro que del volumen económico que engloba el ALCA una parte sustancial corresponde al hemisferio norte, en especial a Estados Unidos. Para sus capitales significaría una apertura irrestricta del continente, necesitado de inversiones y tecnología, y la perspectiva de relocalizar industrias allí donde la mano de obra es más barata. Para Latinoamérica significaría una apertura del mercado norteamericano, donde sus productos pueden ser muy competitivos, la atracción de capitales, tecnología y la creación de empleo.

 

La ausencia de Cuba se debe a que la democracia será condición ineludible para la participación en la ALCA, tal como se expresa en La Declaración de la Ciudad de Québec: “el mantenimiento y fortalecimiento del Estado de derecho y el respeto estricto al sistema democrático” será imprescindible para pertenecer y recibir beneficios del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Cláusula que firmó incluso el mandatario venezolano Hugo Chávez, quien reiterara en la Cumbre su amistad con Fidel Castro, y aludiera a la “democracia participativa” que pone en práctica Venezuela como un modelo mejor que la democracia representativa convencional. No se trata sólo de un veto al gobierno cubano, sino de una medida preventiva ante posibles tentativas autocráticas, nada escasas en la historia de nuestro continente. Incluso la Organización de Estados Americanos (OEA) preparará una Carta Democrática Interamericana. La declaración de Québec afirma que se efectuarán “consultas en el caso de una ruptura del sistema democrático de un país que participa en el proceso de Cumbres”. Aún se desconoce quién o quiénes y cómo decidirán que un país viola las normas democráticas.

 

En la negociación se incluyó también el tema de la educación, aunque los detractores no tardaron en tildarlo de un mero adorno de la tarta, cuyo ingrediente fundamental es la apertura al neoliberalismo sin fronteras.

 

Aunque ya se sabe que la IV Cumbre tendrá lugar en Argentina en 2003, y se prevee el nacimiento de la ALCA para 2005; los mandatarios latinoamericanos acudieron a la cumbre con el escepticismo que dicta la experiencia: desde 1994, Clinton estuvo hablando del tratado, imposible de llevar a la práctica en la medida que el Congreso de EE. UU. no le concedió el fast track (privilegio para negociar acuerdos por la vía rápida), prerrogativa de la que tampoco disfruta Bush, aunque pretende solicitarla esta misma semana, y se siente optimista al respecto.

 

La otra cumbre

 

Acogiéndose a aquello de que es mejor prevenir que lamentar, las autoridades de Québec levantaron una imponente valla de 3,5 kilómetros de alambre y cemento alrededor del recinto de la Cumbre (“perímetro de seguridad” ó “nuevo muro de la vergüenza”, según quien lo califique), los comercios céntricos tapiaron sus vidrieras, y se aprestaron a resistir el sitio de 30.000 manifestantes antiglobalización, de lo que se ha dado en llamar “la generación Seattle”, llegados de las Américas y Europa. También fue convocada una movilización mediante Internet, para lo cual bastaba inscribirse con nombre y país, a favor de una visión alternativa. 15.000 se manifestaron pacíficamente en la “Marcha de los Pueblos” que recorrió las calles: zapatistas, representantes de los pueblos indígenas, ecologistas de todas partes, anarquistas norteamericanos y veteranos de Seattle y Praga. Estuvieron en Québec José Bové, sindicalista y agricultor francés, máximo enemigo de McDonalds, y Paul Balagny, de SalaMi (amigo sucio, en francés). 2.000 radicales consiguieron abrir una brecha de 4 metros en la valla, y el saldo final es de 34 policías y 100 manifestantes heridos, y otros 150 detenidos.

 

Con diferencias de matices, la principal reivindicación de los manifestantes es que la globalización se trata sólo de un instrumento económico manipulado por las transnacionales, que atenta contra los derechos laborales y el medio ambiente. Juicios que, en cierta medida, comparten algunos de los mandatarios asistentes. A pesar de que su percepción de Bush es positiva —“Aunque tenemos muchas diferencias políticas, Bush me ha parecido un hombre sincero”—, Hugo Chávez afirmó, por ejemplo, que “la justicia social no sólo no ha progresado en las Américas, sino que ha retrocedido”. Fernando Henrique Cardoso, presidente de Brasil, declaró abiertamente sus simpatías por los manifestantes contra “una globalización económica sin rostro humano”, y censuró a Estados Unidos por proponer el libre comercio y mantener barreras a los productos extranjeros, o por negarse a ratificar el tratado de Kioto. Según él, los beneficios que reporte el libre comercio deberán repartirse equitativamente, de modo que contribuyan a “reducir en vez de agravar las disparidades”. Una actitud que no compartieron sus socios de MERCOSUR, en especial Argentina, aquejada de una grave crisis. Se mencionaron también como contrarios a una integración los subsidios agrícolas en EE. UU., que suman más de la mitad de los ingresos de sus agricultores, o sus políticas antidumping.

 

Incluso Vicente Fox, cuyo país disfruta ya del Acuerdo, afirmó que “no puede haber genuina democracia en sociedades con tantas desigualdades y tanta pobreza como existen en muchas áreas de América Latina, incluido México”, y a su iniciativa se debe que la Declaración de Québec recoja la necesidad de incrementar el gasto social en detrimento de los gastos militares.

 

Ciertamente, el beneficiario inmediato del Acuerdo será el capital, que podrá desplazarse sin trabas, comerciar, importar y exportar sin aranceles ni tasas, y relocalizar fábricas en busca de una mayor rentabilidad. Y el capital jamás se ha mostrado muy sensible a los temas ecológicos o el bienestar de los trabajadores. Pero abrir las puertas a la inversión, no es una patente de corso. Cada país podrá velar por que se cumplan sus normativas mediambientales, por que la creación de riqueza tenga una componente social e incentive la creación de infraestructuras para el desarrollo, y por que el inversionista cumpla la legislación laboral vigente. ¿Ganará menos por el mismo trabajo el operario de Lima que su homólogo de Detroit? Seguramente. En caso contrario, la industria se instalaría en Detroit. Aún así, muchos obreros de Lima no tendrán que emigrar para ganarse dignamente el sustento. Pero la generación de riqueza, la rentabilidad y las propias exigencias de los sindicatos deben por lógica actuar en la única dirección viable: la reducción paulatina de las distancias. No obstante, sería un error confiar ciegamente en el automatismo del mercado. Será tarea de los gobiernos velar por que esta apertura redunde en beneficio de toda la sociedad, velar por que la corrupción, mal endémico en nuestras repúblicas, no permita los crímenes de lesa humanidad y de lesa ecología que contemplamos diariamente. Tarea de todos los países miembros que haya equidad en el proceso, y que bajo la apertura no se escondan proteccionismos disimulados y unilaterales.

 

Posiblemente quien más preocupado deba estar por esta apertura es el obrero de una fábrica de Chicago, o el agricultor del centro-oeste. No dudo de la buena voluntad de la mayoría de los manifestantes, pero coincido con Vicente Fox, quien sentenció en la Cumbre: “Es fácil protestar cuando se tiene un empleo, cuando se tiene comida en la mesa, como lo tienen esos manifestantes''.

 

“Dos cumbres”; en: Cubaencuentro, Madrid, 1 de mayo, 2001. http://www.cubaencuentro.com/meridiano/2001/05/01/2144.html.



Primera plana

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Algún picúo intuitivamente lombrosiano, exclamó en su día que el rostro es el espejo del alma. Doy fe que esa ley se cumple sólo como consecuencia del azar (no se trata de una defensa propia, que conste). Más visos de ley tiene la extendida idea de que la primera plana es el rostro que denuncia el alma de los periódicos. Y por carácter transitivo, el alma de los ideólogos que arman los periódicos.
Ya puesto a la tarea, revisé los titulares de primera plana que aparecieron los días 24 y 25 de abril en los diarios cubanos Granma y Juventud Rebelde. Entre ambos, contabilicé 37 titulares, que pueden dividirse en cuatro grupos, en el siguiente orden descendente de importancia:
1-Miserias ajenas (54,1% de los titulares)
2-Qué buenos somos (27%)
3-Cómo nos quieren allá afuera (13,5%)
4-Amigo y sus amiguitos (2,7%)
5-Misceláneas (2,7%)
"Miserias ajenas", con 20 titulares, nos da cuenta de lo mal que anda la cosa allá afuera, para que los nativos no vayan a creerse que Cuba es el peor de los mundos posibles. Entre otros temas, y en primer lugar, se repasa a conciencia las miserias de los países que votaron contra el gobierno cubano en Ginebra ("el fariseísmo, la impudicia y la inmoralidad" fueron los enemigos); la crisis de Argentina, la corrupción en Nicaragua y la de Mr. Torricelli; la presunta existencia de armas nucleares tácticas de Estados Unidos en Europa (esa neocolonia yanqui, si se lee con fervor el Granma); las enfermedades mortales y el asesinato de Kabila en África; el pésimo estado de la salud pública en el planeta; el despojo de América Latina mediante el Acuerdo de Libre Comercio; la "globalización de la hipocresía" y el crecimiento de las desigualdades por la disminución de la ayuda de los países ricos a los pobres. Mediante el caso ejemplar de unos balseros que casi zozobran, se ilustra la acefalia de los cubanos que no emigran por la falta de expectativas, sino por la mera existencia de la Ley de Ajuste. Y ni protestar contra estas iniquidades: un niño de 11 años es asesinado por soldados israelíes, y se reprimen las manifestaciones en Bolivia. En suma: el mundo es un caos a punto de estallar. El capitalismo está en crisis —desde tiempos de Marx y Engels, de modo que es la agonía más larga de la historia—, y de consumirse acríticamente ambos diarios, uno acaba por no comprender cómo 5.000 millones de humanos siguen vivos.
"Qué buenos somos", con 10 titulares, refuerza la idea anterior: vean lo bien que nos va a nosotros. En esta zona nos cuentan que Camagüey es el más destacado, que los pioneros marchan con alegría hacia el futuro gracias a "30 años de una concepción revolucionaria de la educación", que es en la Isla donde existe una verdadera democracia, y que no sólo hay garantías de salud en el Escambray, sino que Cuba es un faro para la Organización Panamericana de la Salud. No falta la parte lúdica, porque 18 millones de cubanos han disfrutado del campismo, dándoles así prioridad sobre los turistas extranjeros. Que a nadie se le ocurra derogar por la fuerza esta felicidad, porque "la Isla no puede ser tomada". Pero el autobombo no se reduce a educación y salud, rubros tradicionales, sino que se extiende a la economía, con los premios a la calidad total (concedidos a 3 empresas). Sin faltar el dato autocrítico en una asamblea de balance de la UJC ("Prevaleció lo mucho que falta para avanzar"), aunque la lectura del artículo no explica qué avances faltan, sino lo bien que vamos, y que si los jóvenes no ingresan a la UJC no es porque no quieran, sino por deficiencias organizativas.
"Cómo nos quieren allá afuera", integrado por 5 titulares, agradece al pueblo mexicano y a los jóvenes argentinos su apoyo, menciona a Hugo Chávez como representante oficioso en Quebec; el acuerdo de colaboración con Laos y las 150 organizaciones de 60 países que acudirán al congreso de la CTC. Moraleja: los gobiernos, manipulados por el Imperio en crisis, son los que no nos quieren. Todos los pueblos del mundo nos aplauden, y hasta se vendrían a vivir aquí, pero no caben.
"Amigo y sus amiguitos" sólo consta de un titular, sobre la renovación en el IX Congreso del Partido de Vietnam. Su escasez corresponde a que, inexplicablemente, Amigo se ha ido quedando sin amiguitos.
"Misceláneas", por último, en un único titular, "Primavera teatral en La Habana", se refiere a eso mismo.
Comparando estas primeras planas con las de otros periódicos internacionales, brillan por su ausencia la desmantelación de la única TV crítica en Rusia mediante la Operación Gusinski; el paseíto al espacio que el millonario Tito compró a los rusos ante la reticencia de la NASA; la detención del corrupto ex-presidente filipino Joseph Estrada; o el juicio en Miami a los presuntos espías cubanos de la Red Avispa. Por no hablar de noticias locales, como la huelga de hambre del prisionero político cubano Jorge Luis García Pérez, en protesta por la negación de atención médica especializada. O la súbita irrupción de emisiones televisivas de la Florida en los receptores cubanos, por algún capricho de la climatología imperialista, que el gobierno ha sido incapaz de interferir, a pesar de que molesta a los televidentes de la Isla, adictos desde Elián a las mesas redondas.
De todas, la noticia más curiosa es la que se refiere a Vietnam, donde se renueva la dirección, pero sin renovarla al estilo occidental, sino dando más de lo mismo pero con otro look. Y menciona de paso los 15 últimos años de prosperidad bastante generalizada, aunque no explica cómo ni por qué. El diario afirma textualmente que "la renovación forma parte de la propia dialéctica de la modernidad contemporánea" (sic.), de lo que ciertos lectores suspicaces y malévolos pudieran deducir que el estatismo forma parte de la "modernidad extemporánea".
“Primera plana”; en: Cubaencuentro, Madrid,27 de abril, 2001. http://www.cubaencuentro.com/encuba/2001/04/27/2114.html.



Devoraciones

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Como hace 40 años, sólo que 40 años más viejo, Fidel Castro convocó a los cubanos en la emblemática esquina de 23 y 12, para, en sus propias palabras “ratificar el carácter socialista de la Revolución”, no para conmemorar su proclamación. En cifras oficiales, 100.000 personas acudieron al acto, en su inmensa mayoría vestidos de milicianos o soldados, y portando armas largas.
Cuarenta años atrás, sólo unos pocos miles de cubanos habían emigrado, el entusiasmo por la entrada de los barbudos en La Habana y la huida del dictador Fulgencio Batista permanecían intactos. Se acababan de producir varios bombardeos cuyo propósito era desmantelar la fuerza aérea cubana, y una de las víctimas había escrito el nombre de Fidel con sangre en una pared o, al menos, así se cuenta. La inmensa mayoría de los asistentes a aquel acto eran milicianos, uniformados y armados, que se alistaron voluntariamente para suplir la escasez de un ejército profesional. Compensando con heroísmo su escasa pericia militar, ellos serían unas horas más tarde los protagonistas de la fulminante derrota de la brigada invasora en Playa Girón. Pocos de los que participaban aquel día en la concentración tenían una idea clara de lo que proponía su Comandante en Jefe cuando proclamó “el carácter socialista de la Revolución”. Y Fidel Castro evitó la palabra prohibida: comunismo. Todos aplaudieron.
Cuarenta años más tarde, Raúl Castro, con espíritu de remake, advierte de una posible invasión norteamericana que ni él mismo se cree, y su hermano Fidel anuncia que “un nuevo amanecer comienza a iluminar nuestro futuro, un futuro que será más brillante, un socialismo que será más acabado, una obra revolucionaria más prometedora y profunda”. Corroborando lo que ya sabíamos: que la prosperidad socialista siempre se conjuga en futuro, un tiempo verbal inalcanzable.
Cuarenta años después de aquella invasión que provocó una oleada de simpatía universal hacia Cuba, el mismo gobernante se bate a la desesperada en Ginebra para no ser condenado por su recurrente violación de los derechos humanos; mientras todos los mandatarios del continente, excepto él, preparan sus maletas para acordar en Canadá, durante la III Cumbre de las Américas, los principios que regirán el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), Como si no bastaran 40 años de tecnologías obsoletas y caos económico, el pueblo cubano pierde, por el momento, una oportunidad histórica de colocarse en la mayor área de libre comercio del planeta. Pero, según Fidel Castro y gracias al socialismo, eso es una suerte, ya que la Isla “no forma parte de una América Latina balcanizada a punto de ser devorada por Estados Unidos”. Porque en su versión de los hechos, en la cumbre canadiense “la superpotencia hegemónica tratará de buscar las condiciones de rendición a los gobiernos de América Latina”. Ya de paso, según él, bloqueará los accesos de América Latina a Europa y Asia, impedirá el desarrollo del Mercosur y reeditará, corregida y actualizada, la Doctrina Monroe.
De modo que su perspicacia económica, de la cual ha dado abundantes muestras en casi medio siglo, advierte un peligro del que no se han percatado economistas y gobernantes, decenas de países donde habitan 300 millones de latinoamericanos. Todos dependientes y “devorados” por el Imperio. Excepto, claro está, aquellos cuya política sea favorable a las autoridades de Cuba.
Curiosamente, el país que Fidel Castro excluye de ser devorado, el país teóricamente más anti-norteamericano del hemisferio es, al mismo tiempo, el más dependiente. Antes que se pusiera en boga la “dolarización” de las economías latinoamericanas, ya Cuba había dolarizado la suya, hasta el punto de que los billetes de José Martí son hoy una submoneda en el país que los emite. Durante 40 años, el discurso nacionalista y reivindicativo ha descansado sobre la existencia de un enemigo, Estados Unidos, sin el cual perdería todo viso de coherencia. En el discurso oficial, el embargo no sólo ha ocasionado el cataclismo económico de la Isla, sino que es el causante del estado de sitio permanente, lo que justifica la ausencia de libertades, empezando por las democráticas. Claro que, en realidad, el embargo es la excusa perfecta para el monopolio del poder absoluto, y su levantamiento sería una catástrofe para los gobernantes cubanos. No otra explicación tiene que clamen públicamente por su derogación, mientras, de hecho, boicotean toda distensión. Por si no bastara, Cuba es, posiblemente, el país latinoamericano con una mayor proporción per cápita de emigrantes en Estados Unidos, y el único donde el volumen económico de esa emigración es superior al de su nación de origen. Hasta tal punto, que las remesas familiares de sus emigrantes son hoy la segunda fuente de ingresos de la economía cubana.
Dudo que Latinoamérica se deje devorar mansamente por Estados Unidos. La que ya ha sido devorada es Cuba, que nunca, en toda su historia, dependió tanto de ese país, como desde el día en que se proclamó su “independencia definitiva”.
Cuarenta años después de aquella declaración, el 20% de los cubanos, abolido el entusiasmo, caducadas las esperanzas, ha abandonado la Isla. Otros 32.000 han perdido la vida en el intento. Y a juzgar por los flujos puntuales durante los momentos de apertura, la popularidad del bombo de visas en la Oficina Norteamericana de Intereses y la crisis permanente de la Isla, algunos estiman en otros cuatro millones los que se marcharían sin mirar atrás. Cuarenta años después, las milicias son decorativas y Cuba dispone del segundo ejército profesional del continente, con la mayor proporción de soldados por habitante. Con rotuladores indelebles se escribe en las paredes la palabra “Fidel”, precedida por “Abajo”. Se reúnen en La Habana los protagonistas de Girón a contar sus batallitas, síntoma de que aquello es historia. Fidel Castro no se recata de pronunciar la palabra comunismo. Y los milicianos reunidos en 23 y 12, extras en el remake de aquella fecha, ya saben exactamente a qué se refería su Comandante en Jefe cuando proclamó “el carácter socialista de la Revolución”. Quizás por eso, los cargadores de las armas con que adornaron el acto fueron cautamente vaciados. Ya el ejército no es “el pueblo uniformado”. El ejército es el ejército uniformado. De modo que acabando el acto, se recogieron todas las armas. Cuarenta años después, todos aplaudieron.
“Devoraciones”; en: Cubaencuentro, Madrid,20de abril,2001. http://www.cubaencuentro.com/encuba/2001/04/20/2027.html.