Actualizado: 25/04/2019 10:04
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Los planes del General

Militarización de la economía: ¿Más lealtad hacia el poder, o más individualismo y codicia?

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Mientras el estilo propio de un líder carismático, con un impresionante poder de convocatoria, definía el método de gobierno de Fidel en los sesenta, Raúl se ocupaba de institucionalizar al otrora Ejército Rebelde, aportándole una estructura moderna y funcional.

En aquella época, en que se desmanteló aceleradamente toda la estructura productiva y de propiedad del régimen anterior, el país se movía a golpe de consignas, movilizaciones y estímulos morales. Era la apoteosis de la revolución permanente, en su etapa de máxima capacidad de demolición de la economía de mercado.

En medio de aquella euforia colectivista, tan inmadura como disparatada, "el Ministro", como comúnmente le llamaban los miembros de las FAR a Raúl, lanzó una frase que denotaba una cierta racionalidad, al compararla con los luctuosos y apocalípticos lemas de su hermano y del propio Che Guevara. "Reconocer el esfuerzo, premiar sólo los resultados", definía a bote pronto un tipo de mentalidad apegada a la utilidad práctica de la construcción socialista, la cual tomaba cierta distancia de aquella orgía voluntariosa que especulaba con la inminente construcción del comunismo en la Isla.

Teniendo en cuenta tal posicionamiento, no sorprende el estilo de gobierno que pretende implantar Raúl, basado en resultados, más pragmático, o si quiere, menos ideologizado. La profunda reestructuración realizada recientemente refuerza su poder al frente del gobierno, al conformar un equipo propio con generales y miembros del Partido Comunista de su confianza y relevar a dirigentes claves aupados por Fidel. Con este golpe, Raúl Castro dejó fuera del ejecutivo a 13 de los 28 ministros que ejercían en 2006, cuando asumió provisionalmente.

Ni discusiones ni liderazgos carismáticos

Fiel a su estilo de "premiar sólo los resultados", Raúl, apoyado en sus colaboradores militares y partidistas, intentará gobernar la sociedad mediante los métodos que implantó en las Fuerzas Armadas, con una estructura administrativa diseñada originalmente para las empresas subordinadas al Ejército. No quiere discusiones ni liderazgos carismáticos que interfieran en su mando, y menos potenciales opositores que cuestionen sus decisiones.

Cree que el problema está en el caos, en la ausencia de cultura de trabajo y el robo de los recursos del Estado. Espera imponer disciplina y racionalidad, suprimiendo mesianismos económicos, tales como las operaciones masivas de latinoamericanos en hospitales cubanos. Impondrá en todo el país una política de control, austeridad y eficiencia. Por primera vez, luego de medio siglo de fidelismo, Raúl comienza a mandar efectivamente, tras ser el eterno segundón del régimen, aunque con frecuencia la enorme sombra de su hermano provoque la impresión de un gobierno bifronte.

La metamorfosis del aparato militar comenzó hacia mediados de los años ochenta, cuando Raúl impulsó el Sistema de Perfeccionamiento Empresarial (SPE) para elevar la eficiencia de dichas industrias. Para ello se promulgaron medidas que reproducían el mercado: entre otras, sistemas de contabilidad basados en la búsqueda de beneficios, cambios estructurales que permitieran el establecimiento de empresas con participación extranjera, y formas de racionalización del personal.

Domingo Amuchástegui, un académico estudioso de este tema, ha señalado que "el perfeccionamiento es la imitación más cercana de formas de organización y administración capitalista que se ha llevado a cabo en Cuba. Ello incluye corporaciones, sociedades mercantiles de carácter privado propiedad del Estado cubano, sociedades anónimas, contratos de administración, producciones cooperadas, y diferentes niveles de asociación y de consorcios con empresas extranjeras, tanto en la isla como en el exterior".

Serias incertidumbres

Según los medios de comunicación oficiales, en 2001 se supervisaron las operaciones de 322 importantes empresas, en su mayoría relacionadas con el complejo militar-empresarial. Tales empresas producían el 89% de las exportaciones, el 59% de los ingresos turísticos, el 24% de la renta por servicios productivos, el 60% de las transacciones al por mayor en divisas y el 66% de las de comercio minorista.

Además, daban trabajo al 20% de los trabajadores estatales. Estas cifras proporcionaban el valor aproximado de la participación de los militares en la economía en aquel año, valores que sin duda se han incrementado desde entonces.

Los generales y coroneles en activo dirigen por lo menos unas 800 grandes y pequeñas empresas, que van desde ingenios azucareros hasta hoteles, gasolineras, acerías, firmas de tecnología cibernética, entre otros rubros, los cuales captan alrededor del 64% de las divisas que entran al país, según cifras oficiales. De acuerdo con la misma fuente, de las empresas con ese sistema, apenas el 7% registró pérdidas, comparadas con el resto de las empresas estatales, que tuvieron porcentajes muy altos.

Sin embargo, cabe cuestionarse hasta qué punto está preparada la incosteable y caótica estructura empresarial estatal, monetizada en pesos nacionales, para asimilar el SPE, máxime cuando las empresas de las FAR han desplegado sus reservorios capitalistas sin competencia en los ámbitos laboral o de capitales, con libre acceso a los recursos del Estado, disfrutando por tanto de condiciones cuasi-monopolistas.

Estas empresas funcionan en un régimen especial, en el cual pueden controlar los factores de producción, los precios, la comercialización, una mano de obra entrenada en los métodos de ordeno y mando, conformada en muchos casos por miembros del denominado Ejército Juvenil del Trabajo (EJT); mientras que sus inversiones se nutren de inescrupulosos empresarios extranjeros, que casi siempre aportan casi todo el capital a cambio de una mínima participación. Todo ello comporta una seria incertidumbre acerca del éxito que tendría la extrapolación de este modelo al resto de la economía nacional.

El entramado

El núcleo duro del poder reside hoy en el Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), que conforma todo el entramado fomentado por Raúl. Al frente de la junta directiva está el general Julio Casas Regueiro, actual ministro de las FAR y hombre de confianza de Raúl; pero detrás de él, como director general y con poder ejecutivo, está el coronel Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, yerno del presidente del Consejo de Estado.

El Grupo GAESA incluye empresas como Gaviota, que cuenta con más de treinta hoteles repartidos por toda la Isla y otros en construcción. La importancia de Gaviota viene dada por sus relaciones empresariales exteriores con las españolas Tryp Hoteles y Sol Meliá, y con las francesas Cadena Novotel y Club Mediterranée.

Otras empresas son Aerogaviota (vuelos domésticos para el turismo); Sermar (exploración de tesoros marinos en plataforma); Almest (inmobiliaria y construcción); Tecnotex, dedicada a la importación y exportación de los productos que necesitan y/o elaboran las demás empresas del holding; Antex, que contrata mano de obra en países del Tercer Mundo, formalizando también distintos tipos de compañías "off shore". Esta empresa es una de las más importantes y está bajo el control personal de Raúl Castro.

TecnoImport, que importa todo lo indispensable para las Fuerzas Armadas; Sasa, (estaciones gasolineras); División Financiera; TRD Caribe (Tiendas de Recuperación de Divisas), que cuenta con más de 400 establecimientos en todo el país y con unos ingresos anuales superiores a los cien millones de dólares. Sus productos sólo pueden ser adquiridos con dólares. Mantiene un gran volumen de negocio con China y Hong Kong.

También aparecen Agrotex, empresa dedicada a todo lo relacionado con la agricultura y la ganadería, desde la cría de animales hasta una fábrica de caramelos, pasando por la elaboración de mieles y alimentos en general. Almacenes Universales SA, empresa dedicada al comercio interior y exterior, con zonas francas propiedad de las FAR en Wajay, Mariel, Cienfuegos y Santiago de Cuba.

Pero quizá una de las ramas más poderosas de GAESA la conforman las Industrias Militares, una empresa matriz que se ocupa de la búsqueda de repuestos y de la fabricación de piezas relacionadas con el armamento. Tiene suscritos acuerdos especiales con Rusia, China y Brasil, y de ella depende, por ejemplo, la fábrica de armas de Camagüey.

El Complejo Histórico Militar Morro-Cabaña, GeoCuba y la Empresa de Servicios La Marina, integran también la larga lista. El grupo es gigantesco y, según fuentes fiables, facturaría más de mil millones de dólares al año. Ellos son el poder real. Son quienes gobiernan el Estado, controlan la economía y dirigen el Partido Comunista.

Consejo de… guerra

Como reprodujeron los académicos Juan Carlos Espinosa y Robert C. Harding, en Paracaídas verde olivo y piñatas a cámara lenta, trabajo publicado en 2002, "una casta militar privilegiada, sin imaginación política, liderada por Raúl Castro, espera entre bastidores. Junto a ellos están los apparatchiks y tecnócratas que conforman la masa leal en los discursos, los cuadros dispuestos a realizar las nuevas labores con el fin de impulsar sus carreras".

A este ejercito de soldados-gerentes que controlan semejante entramado económico, se añade el hecho de que la mayoría de las carteras ministeriales están ocupadas por diez generales, incluido Raúl, en la cima del poder. En primer lugar, destaca el general de brigada José Amado Ricardo Guerra, quien ocupa el puesto de secretario del Consejo de Ministros, aunque privado de "protagonismo alguno en la dirección del gobierno".


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El general Julio Casas Regueiro, ministro de las Fuerzas Armadas. (REUTERS)Foto

El general Julio Casas Regueiro, ministro de las Fuerzas Armadas. (REUTERS)