Actualizado: 16/05/2022 14:00
cubaencuentro.com cuba encuentro
| Opinión

Sociedad

Entre 'Montecristi' y 'La historia me absolverá'

El problema racial cubano bajo el prisma de la historia, la política y la academia.

Enviar Imprimir

Precisamente de su mansión estadounidense extrae Martí lo más pujante de su meditación cubana. Hay que destacar el conocimiento de primera mano de las realizaciones de la Reconstrucción en favor del negro, y de su historia, así como de la corriente emigracionista, que perturba hasta Malcom X. La reacción sureña no ha cercenado los beneficios de la Reconstrucción cuando el conspirador llega a Nueva York para su escala más dilatada. Van Den Berghe rubrica que la Reconstrucción es lo más cercano a una revolución social en la historia de Estados Unidos.

En una crónica, por ejemplo, describe Martí la votación en Kansas de hombres y mujeres de raza negra. Esto era uno de sus sueños en Cuba, y lo reverdece cuando ataca a políticos en la Isla "entretenidos sobre el derecho del negro al voto", y establecía a su compatriota de manera tajante: "quien fue bueno para morir, es bastante bueno para votar" (I:338).

No resulta casual que Frederick Douglass fuera designado embajador en Haití después de otro afroamericano, Ebenezer D. Bassett, y que Martí escribiera también sobre jurados integrados por negros en Estados Unidos, entre muchos tópicos raciales en ese país. Negros en el servicio diplomático y jurados con su presencia, tema abordado por Rafael Serra en la república, nada casualmente se convirtieron en demandas del Partido Independiente de Color (PIC).

Pero a partir del folleto (la "good compilation") brotaron ideas por lo menos extravagantes: 1) Martí no distinguió las razas en Cuba. 2) Además de ambiguo, decidió rehuir el problema, dar las razas por trascendidas. 3) Calló, "silence about race", dice una doctora, y otro estampa en la tapa del libro en español de su tesis de doctorado y no en el cuerpo del estudio, el vocablo excommunicatio, utilizado en un artículo previo en relación con Martí. Según estos autores, además, el poeta puso las primeras piedras del mito de la democracia racial, entre otras graves equivocaciones.

Desde luego que semejantes postulados derivarían —en Alejandro de la Fuente— hacia afirmaciones en las cuales el bardo legitima un discurso fundacional hegemónico. Las conclusiones de estos catedráticos provienen de la particular interpretación de unas cuantas parcelas martianas, que brindan despojadas de contexto y detalle histórico. Pero sobre todo no tratan de leer a Martí con los ojos de los negros y blancos del siglo XIX, sino desde sus deseos precocidos en las postrimerías del siglo XX o en los albores del XXI. Por cierto, que determinados desenfoques —y hasta un párrafo arbitrariamente talado— se los copian dos de ellos, respecto a Martí, con lamentable despreocupación.

Hagamos una pregunta, tal vez lógica. ¿Cómo logró este hombre convocar a los negros para la guerra —desde 1886 la esclavitud está abolida—, si ocultó y menoscabó un problema vital para el isleño de linaje africano, la igualdad, cuya búsqueda, en última instancia, lo llevaría otra vez al combate? ¿Sobre qué base convenció a José Maceo para que regresara a la contienda en 1895, cuando ni su hermano Antonio pudo?

José fue uno de los oficiales que sufrió humillantes discriminaciones durante las guerras de independencia. A este hijo de Mariana le fija en una carta: "en todo como en todo, seré su defensor" [contra los racistas desde luego, III:333], y a Serra: "Todo lo que yo consiga, ¿no es para Ud. —y para Uds.?" (XX:435).

Se estableció, en fin, entre Martí y los negros un compromiso, una negociación no firmada, para cuya ilustración sin rendijas no tenemos espacio, pero que hincaba su pilar en la lucha conjunta por la igualdad. Por su humanidad y patriotismo, pero también por esa negociación, llegó Martí tan lejos en estos contenidos.

Las relaciones raciales y la igualdad constituyen el argumento más desarrollado por el político habanero después de la independencia. No es una conclusión nuestra. Antes de la emancipación sin peligros de los componentes de geografía e historia que estorban la marcha libre de Cuba y de solventar el conflicto entre las tendencias dictatoriales y democráticas, otorga prioridad a la tarea de "acomodar a las razas diferentes" que pueblan el país (I: 21-22).

Una salvedad. Martí no suele ser el eje de los estudios más importantes de los catedráticos que provocan este artículo, pero por su trascendencia en la historia de Cuba debieran otorgarle más tiempo de reflexión. En los temas esenciales de sus investigaciones suelen ser rigurosos y certeros.