Unión Europea
Año nuevo, países nuevos
Bulgaria y Rumania ingresan en el club europeo con la esperanza de saltar hacia el desarrollo.
Bulgaria y Rumania, dos de los países más pobres del antiguo bloque comunista, ingresaron como miembros plenos a la Unión Europea el primero de enero del presente año.
Su llegada al club de los ricos significa "una carga" para algunos viejos miembros, que saben que los jugosos fondos de reestructuración ahora serán destinados a los nuevos; "oportunidades" para los capitales europeos sedientos de otros mercados y mano de obra barata; "seguridad" para Bruselas, al tener ahora la nueva frontera en el Mar Negro, y "esperanzas" para búlgaros y rumanos que han esperado 17 años por este día.
Estas dos naciones postcomunistas de la región de los Balcanes se suman a Polonia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia y Lituania, quienes fueron los primeros países postcomunistas en entrar a la UE (2004), quedando todavía en la lista de espera Albania y las demás antiguas repúblicas yugoslavas, y restando lo que fue la antigua Unión Soviética, cuyas naciones no han pedido ingresar a la UE, con excepción de Ucrania y Georgia.
El nuevo mapa
Desde el punto de vista geográfico, Europa se extiende ahora desde el Atlántico hasta el Mar Negro, agrupando, con los ocho millones de búlgaros y 22 millones de rumanos, a casi 500 millones de consumidores y 23 lenguas oficiales, lo cual está considerado por los expertos como una ventaja para el fortalecimiento de sus instituciones y de su peso como fuerza geopolítica-económica mundial.
Sin embargo, la llegada de los nuevos socios ha sido recibida con poco entusiasmo por los ciudadanos oeste-europeos. Una encuesta reciente de Eurobarómetro arrojó que sólo el 41% de los residentes en los 15 Estados que integraban la UE antes de 2004 apoyan la ampliación. Estas mismas personas se quejan de que el proceso "va a mucha velocidad".
Las opiniones responden quizás al hecho de que, a pesar de que Bulgaria y Rumania ingresan como miembros plenos, no tendrán todos los derechos hasta dentro de tres años, ya que ambos serán estrictamente monitoreados por Bruselas.
El fin es asegurarse que continuarán progresando en aspectos como la lucha contra la corrupción, el crimen organizado y los controles de calidad en una serie de artículos de exportación, cuya entrada ha sido prohibida en la UE hasta que no cumplan los estándares de la organización.
Otro de los miedos de la Unión Europea frente a Bulgaria y Rumania es a la inmigración. De hecho, con estos nuevos ingresos se aplicará la misma restricción que se mantiene a los países postcomunistas que se unieron en 2004, para quienes no funciona el llamado Acuerdo Schengen de libre circulación de personas, aunque sí de mercancías.
Tanto Bulgaria como Rumania son mucho más pobres que el resto de los países de la UE. Su producto interno bruto per cápita es sólo un 33% de la media europea, muy por debajo incluso de Polonia (50%), y tiene un nivel salarial bajo.
¿Qué significa el ingreso para Bulgaria y Rumania?
En ambos países el ambiente es de júbilo y esperanza. El presidente búlgaro Georgy Parvanov, al izar la bandera de la UE en la tumba del soldado desconocido, aseguró: "seremos un socio estable y confiable".
Por su parte, el primer ministro rumano, Calin Tariceanu, calificó el ingreso a la organización como "un momento histórico, el más importante desde la caída del comunismo en 1989".
En las calles y los hogares de ambos países la gente está contenta. Hubo muchos rumanos que esperaron el nuevo año en los puestos fronterizos, para ser los primeros en cruzar hacia Hungría con sólo su carné de identidad en el bolsillo, una vez se desmantelaran las aduanas.
Pero, desde Alemania, el actual país que preside la UE de forma rotativa, llegaron palabras de advertencia en la voz del ministro de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, quien recordó que "Rumania y Bulgaria todavía tienen que trabajar muy duro para alcanzar los estándares de la UE".
La verdad es que ambos países han hecho sacrificios para entrar al club europeo. Por ejemplo, Bulgaria tuvo que cerrar dos reactores de la central nuclear de Kozloduy por razones de seguridad. También desmanteló 15 pasos fronterizos con Grecia y Rumania, y al mismo tiempo fortaleció sus fronteras con Turquía, Serbia y Macedonia.
En Sofía también se teme que una parte de su economía quiebre cuando se abran los mercados y los productos locales tengan que competir con los de la UE.
Experiencia búlgara postcomunista
Con espectaculares montañas y una bellísima costa sobre el Mar Negro, Bulgaria —un país del tamaño de Cuba y con casi 8 millones de habitantes— tiene hoy en día un ingreso promedio per cápita de unos 300 dólares mensuales, según afirma el Banco Mundial.
"Aunque todavía es un nivel muy bajo, llegar aquí ha sido un camino difícil y largo", asegura un informe reciente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
El profesor Grigori Afanasiev, de la Facultad de Economía de Sofía, dijo a Encuentro en la Red que "el bienestar que disfrutaron los búlgaros, durante los casi 50 años de dominio comunista (empleo garantizado, precios subsidiados), estaba salpicado, al igual que en los demás Estados del bloque soviético, por escasez de productos, inflación reprimida y precios distorsionados".
Estos fenómenos, precisa el experto, se hicieron más evidentes cuando comenzó la transición, y cayeron inmediatamente sobre los hombros de la población, provocando turbulencia política. En los años noventa, el desempleo escaló, cayó el PIB y el ingreso ciudadano se redujo en más de la mitad, lo que trajo calamidades sociales como criminalidad y mortalidad infantil.
El citado estudio de la OCDE señala que esta situación fue resultado de la falta de reformas estructurales y de un sistema fiscal adecuado, desbalance comercial, presupuestos descontrolados, mala política monetaria y crecimiento del déficit en la balanza de pagos. Los gobiernos postcomunistas búlgaros se vieron inmersos en una trampa.
Afanasiev explica: "Por un lado, los políticos de la transición querían mantener el poder y al mismo tiempo tenían que aplicar medidas radicales para sanear la economía. Pero para no perder los votos, aplazaron las reformas hasta que la situación se hizo ingobernable y hubo que apretarse el cinturón de manera muy dolorosa".
El experto cuenta: "En aquella época tratamos de cosechar rosas y recogimos espinas", porque "no habíamos aprendido a manejar la economía abierta de mercado y, cuando nos enfrentamos con los acuerdos de asociación a la Unión Europea y otros, nos perdimos en anexos, protocolos y cláusulas de las cuales nuestros hombres de negocio no entendían ni jota".
"Lo mejor hubiera sido habernos preparado para conocer lo que se nos venía encima cuando se acabó el comunismo. Si hubiéramos sabido cómo actuar, habríamos evitado muchos problemas y sufrimientos", señala Afanasiev y agrega: "quizás sea un consejo para países que vengan detrás de nosotros, como podría ser Cuba".
Por estas razones, Bulgaria no fue escogida en el primer grupo de países ex comunistas que ingresaron a la UE. No fue hasta 2001 cuando el ex rey de Bulgaria, Simeón II, se convirtió en primer ministro e inició un paquete de reformas encaminadas a resolver el problema económico y responder a los parámetros de la UE.
El país ingresó a la OTAN en 2004 y en los últimos cinco años ha dado un salto económico considerable. Con más de una tercera parte de la población en los límites de pobreza en 1997, hoy ha bajado a menos de un 13%.
En 2005, el PIB creció en 5,5%. Las tasas se han venido registrando por encima del 5% en los últimos cinco años y el desempleo se mantiene en un 20%, índice alto pero muy por debajo del 70% de los años noventa. La rama económica actual más activa es la de telecomunicaciones. En todas las poblaciones del interior hay conexiones de internet de alta rapidez.
Experiencia rumana postcomunista
Rumania es el país más grande de los Balcanes —un poco más de dos veces el tamaño de Cuba—. Tiene una población de casi 22 millones de personas con un ingreso per cápita de 3.830 dólares para 2006, según el Banco Mundial. Se estima que otros dos millones de rumanos viven fuera del país.
Ubicado a orillas del Mar Negro y con una historia apasionante, este país se mantuvo distante de la URSS durante la etapa comunista, pero después de la ejecución del dictador Nicolae Ceausescu, en las Navidades de 1989, el país quedó bajo el legado comunista hasta 1996, cuando un gobierno centrista resultó electo.
Luego, aunque la izquierda regresó al poder en 2000, el reelegido presidente Ion Iliescu apostó por una política más pragmática y por la entrada en la Unión Europea. En abril de 2005, Bucarest firmó el tratado de ascensión y aceleró un programa de reformas que le valió el ingreso este 2007.
Parte de este éxito ha recaído sobre el actual premier Calin Tariceanu, ex hombre de negocios, quien con su alianza Liberal Democrática puso el acento en eliminar la corrupción y sanear la economía. De hecho, bajo su mandato se han investigado y encarcelado a altos funcionarios acusados de corrupción y sobornos millonarios.
A pesar de los esfuerzos, Rumania es un país todavía muy pobre. Estadísticas oficiales indican que en 2005 el 22% de su población vivía por debajo del límite de pobreza y el país todavía arrastra un deficiente sistema de salud, legado de la era Ceausescu.
Rumania ha mantenido un promedio anual de crecimiento de casi el 6% durante los últimos cinco años y el desempleo en ciudades como Bucarest ha caído hasta un 2%, aunque los expertos aseguran que esta cifra no es realista y la sitúan mucho más alta, algunas fuentes hasta en un 30%.
Tradicionalmente un país agrícola, Rumania ha venido desarrollando una fuerte industria turística, aprovechando sus magníficas montañas y sus leyendas en la región de Transilvania. Una de ellas nos habla de los niños de Hamelin. La segunda leyenda es la de Vlad El Empalador, figura que inspiró al irlandés Bran Stoker para escribir su novela de horror Drácula.
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