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Actualizado: 04/07/2022 9:21

Banqueros, EEUU, Lenin

La madre de todas las conspiraciones (III)

Tercera y última parte de este ensayo

6. Lenin, el verdadero teórico del engendro que hoy llamamos “comunismo”

Algunos intérpretes actuales del pensamiento leninista, sobre todo apologistas de la Cuba actual, recordando la afirmación de Marx con la que empezamos esta trilogía, “yo no soy marxista”, alegan que “quien logra interpretar más cabalmente sus ideas es Lenin”[1]. Otros llegan a afirmar que “Marx tenía más de leninista que de marxista”, incluso que “fue Lenin el que hizo que Marx fuese Marx”[2]. Ante disparates como éstos solo vale decir que hubiera sido preferible que el marxismo hubiese quedado “aparcado en los museos del pensamiento”, a que Marx hubiera cargado con la culpa de ser el autor intelectual de la tragedia de tantos millones de seres humanos.

Todo lo contrario, el pensamiento de Lenin estaba más a tono con los intereses de los grandes banqueros. EnImperialismo, Etapa Superior del Capitalismo, afirmaba: “El capitalismo, en su fase imperialista, conduce de lleno a la socialización de la producción en sus más variados aspectos: arrastra, por decirlo así, a los capitalistas… a un cierto nuevo régimen social de transición entre la absoluta libertad de competencia y la socialización completa”. Planteado así, para él la “socialización de la producción” no era más que la concentración de los medios de producción en manos de los monopolios, y lo que llamaba “socialización completa”, el traspaso de todos esos bienes a manos del Estado. Luego, en el poder, rechazaría la propuesta de pasar los medios de producción a manos de los trabajadores con el calificativo de “anarcosindicalismo”.

Es falsa la idea de que el mal o los errores que malograron el ideal marxista de una sociedad socialista donde los trabajadores se librarían de la explotación y de la miseria y donde imperaría una legítima democracia, empezó con Stalin. Los gérmenes del infierno en que se convirtió posteriormente Rusia, la Unión Soviética y luego muchos otros países del mundo, estaban ya en el pensamiento y las decisiones de Lenin y fueron plasmados teóricamente en lo que se conoció con el nombre de “marxismo-leninismo”.

7. Sobre cómo los condones alemanes financiaron la Revolución Rusa

Encontrándose ya Lenin en Rusia en 1917, tras atravesar en tren toda Alemania gracias a las autoridades de esta nación que por entonces era contendiente de Rusia en la Primera Guerra Mundial, retoma la impresión y distribución del periódico Pravda así como la impresión y distribución de numerosos carteles propagandísticos. Pero las campañas no se realizan por sí solas. Todo esto requiere de mucho dinero. ¿De dónde salían esos fondos? No se sabía entonces.

Hoy se conoce. En realidad, esos fondos llegaban procedentes de Suecia. Todo ese dinero se obtenía de la venta de productos farmacéuticos en ese país y en Dinamarca. ¿De dónde procedían estos productos? Pues de Alemania. ¿Quién los pagaba? El Gobierno Alemán.

A fines de 1917, el Ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Richard von Kühlmann, confesaba en un memorandum que “los bolcheviques recibieron de nosotros un flujo constante de fondos… para llevar a cabo sus programas de propaganda y ampliar su partido”.

“Recibieron de nosotros”, dice Kühlmann, pero en realidad no eran ellos los que en primera instancia lo pagaban, porque quien estaba desenfondando el dinero detrás del Gobierno Alemán, era el financiero Max Warburg[3], hermano de Paul Warburg, como ya sabemos, uno de los principales fundadores de la Reserva Federal.

Según la historiadora británica Catherine Marridale, experta en Rusia contemporánea, “un papel clave en grandes operaciones de ventas en Estocolmo lo jugó Yakov Fürstenberg, gerente de una empresa de importación y exportación con sede en Escandinavia, cuyos directores, Alexander Helphand y George Sklarz eran conocidos como agentes alemanes”[4] y según otro estudioso, la mayor parte de esas mercancías las obtenían por contrabando “a través de una empresa alemana especializada, entre otros productos, en la fabricación de fármacos y preservativos[5]. Gary Allen, en su best-sellerNadie se atreve a llamarle Conspiración, menciona a Helphand como uno de los dos alemanes que más aportaron en el financiamiento de Lenin. El otro es Max Warburg, y agrega: “El cuadro toma otra dimensión cuando se considera que el hermano de Max Warburg era Paul Warburg, el más interesado en establecer el Sistema de Reserva Federal”[6].

Yakov Fürstenberg fue premiado luego por Lenin con un importante cargo en el gobierno ruso tras la Revolución de Octubre, pero años después fue ejecutado durante las purgas estalinistas.

En conclusión, eran los grandes banqueros de Wall Street y de la Reserva Federal quienes pagaban esa campaña que llevó a Lenin a la toma del poder. ¿Con qué fin pagaban todo ese dinero? Como dice el dicho, “quien paga manda”.

7. ¿Todo el poder para los soviets?

Pero aquí no termina todo. León Trotsky era un militante del Partido Social Demócrata Ruso que cuando se produce la escisión entre bolcheviques y mencheviques, se distinguió por intentar crear un grupo separado con la intención de volver a unir ambas alas, pero sin lograr éxito alguno. Sin embargo, él estaba mucho más cerca de los mencheviques, y cuando regresa a Rusia tras la caída del zarismo, sorprendió el hecho de que en vez de unirse a estos últimos que ahora formaban parte del Gobierno Provisional, buscara una alianza con Lenin, máxime cuando él había sido el líder del Soviet de Petrogrado que ahora estaba bajo la influencia menchevique, razón por la cual, aunque ambos líderes se oponían al Gobierno Provisional, no apoyaron al principio la consigna de “todo el poder para los soviets”. Solo cuando Lenin y Trotsky lograron la adhesión de los soviets, defendieron esta consigna, gracias a lo cual, dieron el golpe en lo que se llamaría luego “Revolución de Octubre”.

Puede decirse, incluso, que, a excepción de Lenin, este hecho se realizó de espaldas a todos los principales dirigentes bolcheviques, quienes se hallaban en medio de un congreso del partido. Con los soviets, Lenin habría podido contar con trabajadores bien organizados para administrar por sí solos todos los medios de producción que luego serían expropiados a capitalistas y terratenientes. Sin embargo, tras el golpe, utilizó al partido para dar otro más encubierto, a los propios soviets, que quedaron reducidos a meros aparatos burocráticos sometidos al Partido Bolchevique, desde entonces, “Partido Comunista”, lo cual dio lugar a la insurrección de Kronstad por parte de todos los revolucionarios inconformes por lo que consideraron una traición a los trabajadores. ¿Qué había pasado con la consigna de “todo el poder para los soviets”? Había sido solo una consigna táctica solo válida para la toma del poder, como las de los astutos caudillos populistas cuyo peligro alertara entre los cubanos José Martí, el de “la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en qué alzarse, frenéticos defensores de los desamparados”.

¿Qué había pasado con Trotsky? La última etapa de su exilio había sido en Estados Unidos, específicamente en Nueva York. El congresista de Estados Unidos, McFadden, en sus acusaciones en el Congreso contra los hombres de la Reserva Federal, había alegado que “ellos financiaron el pasaje de Trosky desde Nueva York a Rusia… fomentando e instigado la Revolución Rusa, al depositar un enorme fondo de dólares americanos a disposición de Trotsky en una de sus ramas bancarias en Suecia”[7].

Anthony Sutton, en su trabajo investigativo Wall Street y la Revolución Bolchevique, concluye que “sin el financiamiento y, aún más importante, sin la asistencia propagandística y diplomática dada a Trotsky y a Lenin por los banqueros Thompson, Robins y sus asociados de Nueva York, los bolcheviques bien pudieron haberse debilitado y Rusia habría evolucionado hacia una sociedad socialista, pero constitucional”[8].

El largo brazo de los banqueros se extiende a otros países

Según Washington Post, tras la Revolución de Octubre William Boice Thompson, director del Banco de la Reserva Federal, envió justamente desde Petrogrado, un cable a Morgan pidiéndole el envío de un millón de dólares: “W.B. Thompson, quien estuvo en Petrogrado desde julio hasta el pasado noviembre, ha hecho una contribución personal de un millón de dólares a los bolcheviques con el fin de diseminar esa doctrina en Alemania y Austria”[9]. La historiadora y filósofa alemana Hannah Arendt, en su obra Los orígenes del totalitarismo, se asombraba de que, en Alemania, la política financiera de los Warburg favoreciera a los socialistas.

¿A qué “socialistas” alemanes financiaron los grandes banqueros? Sutton afirmaría: “Sin el capital suministrado por Wall Street, no habría habido… con toda seguridad, ningún Adolfo Hitler, ni Segunda Guerra Mundial”. Y otro destacado historiador, Yuri Rubtsov, apuntaba que Hitler fue “financiado por la Reserva Federal de Estados Unidos y por el Banco de Inglaterra”[10]. Hjalmar Schacht, Ministro de Economía de Hitler, que se codeaba con todos los grandes banqueros, y que sin ser miembro del Partido era el único que se atrevía a reñir a Hitler y decirle las verdades que no quería oír, declaró haber recibido en cinco años más préstamos extranjeros que Estados Unidos en los 40 años previos a la Primera Guerra Mundial[11].

Según escribiera en sus memorias el excanciller alemán Heinrich Brüning, desde 1923 Hitler recibió grandes sumas de dinero a través de bancos suizos y suecos. Un año antes, en Munich, había tenido lugar una reunión entre Adolfo Hitler y el agregado militar de Estados Unidos en Alemania, el capitán Truman Smith, quien luego envió un informe detallado a sus superiores en la oficina de la inteligencia militar en Washington, en el que hablaba muy bien de Hitler. En el círculo de conocidos de Smith, Hitler conoció a Ernst Franz Sedgwick Hanfstaengl, un graduado de la Universidad de Harvard, que lo puso en contacto con personalidades de alto nivel[12].

Como bien se sabe, los proyectos totalitarios de Hitler y Mussolini fracasaron con el resultado de la Segunda Guerra Mundial, pero el de Lenin, en Rusia, sobrevivió mucho más al ponerse Stalin, en ese momento, del lado acertado de la historia, a pesar de que sus crímenes fueron tantos o quizás muchos más que los de Hitler, y por consiguiente, el marxismo que después conocimos como “marxismo leninismo”, con todas sus tergiversaciones, fue enseñado en las escuelas de muchos países donde se impuso ese modelo opresivo y de tantas calamidades, a través de manuales, como una ideología sacralizada. La historia, como es sabido, la escriben los vencedores.


[1] Erwin Aguirre de Lázaro: “Una pelea contra el dragón de las cien cabezas”, Juventud Rebelde, Habana, 8 de mayo de 2008.

[2] Carlos Díaz: Intensamente, Cotidianamente. Ediciones Encuentro, Madrid, 1983.

[3] Gary Allen y Larry Abraham: Nadie se atreve a llamarle conspiración, p. 51. Dauphin publications, 1971.

[4] Catherine Marridale: “How German Condoms Funded the Russian Revolution”, New York Time, 17 de julio de 2017.

[5] Miguel Angel Ferreiro: “De cómo los condones alemanes finaciaron la Revolución Rusa” El Reto Histórico, 30 de enero de 2020.

[6] Gary Allen y Larry Abraham: Nadie se atreve a llamarle Conspiración, Dauphin Publications, 1971, p. 51.

[7] Registros del Congreso, El congresista T. McFadden presenta cargos formales contra el Board de Gobernadores del Sistema Bancario de la Reserva Federal, el 23 de mayo de 1933.

[8] Antony C. Sutton: Wall Street and the Bolshevik Revolution
https://www.voltairenet.org/IMG/pdf/Sutton_Wall_Street_and_the_bolshevik_revolution-5.pdf

[9]Washington Post, 2 de febrero de 1918.

[10] Yuri Rubitsov: “Hitler was financed by the Federal Reserve and the Bank of England”, Veterans Today, june 11, 2016.

[11] Valentín Katasonov: “Banqueros anglosajones organizaron la Segunda Guerra Mundial”, Red Voltaire, Moscú, 16 de mayo de 2015.

[12] Yuri Rubitsov, op. cit.

© cubaencuentro

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