Irán
Tarjeta amarilla
Los resultados de las últimas elecciones municipales fueron desfavorables para el presidente Mahmud Ahmadineyad.
Si utilizamos el lenguaje futbolístico para definir los resultados de los comicios municipales y los realizados para elegir el Consejo de Expertos, efectuados en Irán el pasado 15 de diciembre, se llega a la conclusión de que al presidente Mahmud Ahmadineyad le han sacado la primera tarjeta amarilla.
En el Consejo Municipal de Teherán, el más importante del país, los partidarios de Ahmadineyad ganaron sólo tres de los quince escaños, mientras que los conservadores leales a su rival, el actual alcalde de la ciudad, Mamad Bagre Ghalibaf, obtuvieron siete.
Cuatro asientos consiguieron los reformistas, cuya derrota en las municipales de 2003 fue el inicio de su fracaso electoral en las parlamentarias y las presidenciales que llevaron a Ahmadineyad al poder en 2005. El escaño restante lo ocupó un independiente.
El resultado es visto como una muestra de la decepción del ciudadano de a pie por la política exterior del ultraconservador mandatario iraní, especialmente en el caso nuclear, que ha aumentado las presiones sobre la República Islámica. También, como un atisbo del rechazo de los jóvenes citadinos a la férrea censura impuesta por el régimen.
Si tenemos en cuenta que Ahmadineyad saltó al cargo de presidente desde la alcaldía de Teherán, estos resultados significan una derrota personal para el presidente iraní.
Por otro lado, tres días antes de las elecciones, Ahmadineyad fue recibido en la Universidad Amir-Kabir, de Teherán, con gritos de "muerte al dictador". Centenares de estudiantes quemaron las fotos del presidente y después organizaron una manifestación. Las agencias internacionales de noticias calcularon la participación en cerca de 3.000 personas y recordaron que era la primera vez, en dos años, que se producían acciones callejeras de este tipo.
El futuro adversario del actual presidente
En las elecciones municipales de Teherán, sus opositores se presentaron unidos en la lista llamada Gran Coalición, con el lema "Tradicionalistas Pro Reforma". Este movimiento también alcanzó la mayoría de los escaños en los consejos municipales de las demás provincias del país.
Los comicios municipales se celebraron de forma simultánea a la elección de los miembros del todopoderoso Consejo de Expertos, que nombra y controla al líder supremo del país. La mayoría de los 86 escaños los ganaron también figuras opositoras a Ahmadineyad.
En la provincia de Teherán, el ex presidente Ali Akbar Hashemi Rafsanyani (1989-1997), aliado de los reformistas, encabezó la lista de los 16 candidatos elegidos para el Consejo de Expertos en esta circunscripción. Debido a sus posiciones más abiertas y menos antioccidentales en el tema nuclear, Rafsanyani se perfila como el futuro adversario potencial del actual presidente.
Los reformistas se alzaron con tres, mientras los ultraconservadores obtuvieron un representante, Mohamad Taghi Mesbah Yazdi, apoyado por los seguidores de Ahmadineyad.
En el resto de las provincias se mantuvo la pauta marcada en Teherán y la mayoría de los 70 candidatos elegidos son conservadores, pero no fieles seguidores del presidente iraní. De cualquier manera, es justo advertir que no se deben guardar muchas ilusiones acerca de cambios en la política iraní, porque las decisiones principales dependen del "Guía Espiritual de la Nación", el ayatolá Ali Khamenei, que aunque teóricamente está controlado por el Consejo de Expertos, en realidad es el jefe supremo.
La otra poderosa institución iraní es el Consejo de Guardianes de la Revolución, bajo control directo de Khamenei. Por ejemplo, los aspirantes a presentarse como candidatos a las elecciones del Consejo de Expertos, integrado por "86 clérigos virtuosos y doctos", fueron sometidos primero a un examen escrito sobre conocimientos teológicos. Este filtro es controlado por el Consejo de Guardianes de la Revolución.
Para que se tenga una idea del proceso, el pasado 18 de noviembre, en la primera criba de candidatos, el referido Consejo vetó a casi la mitad de las 495 personas que habían presentado su solicitud para hacer el examen escrito, por considerar que las virtudes morales de dichos candidatos no se correspondían con el cargo a desempeñar.
De cualquier manera, el presidente iraní debería tomar nota de estos resultados electorales, porque acudió a las urnas cerca del 60 por ciento de los ciudadanos con derecho a voto.
Unanimidad en la ONU
Por otro lado, el pasado 23 de diciembre, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas adoptó por unanimidad la resolución 1737, que exige a Teherán que suspenda sus actividades de enriquecimiento de uranio en un plazo de 60 días.
El presidente iraní respondió con la clásica fanfarronería de los dictadores. En un mitin realizado en la antigua embajada de Estados Unidos en Teherán, dijo que "Irán es un país nuclear, quiera o no quiera Occidente". Esos países "intentan dividir la unión de los iraníes e imaginan que con ese trozo de papel roto pueden asustarnos", agregó.
El mandatario iraní podrá dramatizar sobre esta posición de la comunidad internacional, incluyendo a gobiernos más o menos amigos de Teherán, como los de China y Rusia, pero sería bueno que no olvidara que el pueblo iraní votó en las últimas elecciones claramente a favor de candidatos que no le son afines. Es conocido que en el fútbol una segunda tarjeta amarilla significa la expulsión del juego, lo que podría suceder en las próximas elecciones presidenciales.
© cubaencuentro
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