Hungría
Una leyenda de la Guerra Fría
El futbolista Ferenc Puskas tuvo que sortear un laberinto de obstáculos en uno de los regímenes comunistas más severos de su tiempo.
La reciente muerte del gran futbolista Ferenc Puskas, a los 79 años, en un sanatorio de Budapest, ha sido sentida por el mundo del deporte, pero lo que quizás no conozcan sus admiradores es que además de demostrar su excelencia corriendo tras la bola y metiendo goles como ninguno, este húngaro también fue una leyenda de la Guerra Fría.
Al cumplir 70 años, Puskas publicó un libro autobiográfico que, en vez de estar centrado en su genio futbolístico, lo dedicó a hechizar al público. Esta vez, con el laberinto de obstáculos que tuvo que sortear a través de uno de los regímenes comunistas más severos de su tiempo, cuando un insignificante desliz podía ser castigado incluso con trabajos forzados.
En aquella ocasión, en la capital húngara, Puskas contó a esta corresponsal de Encuentro en la Red cómo una vez fue "perdonado" por las autoridades comunistas por haber cometido "el delito" de entrar a escondidas a su país cuchillas de afeitar occidentales y medias de nailon para su mujer, por lo cual podían haberlo castigado con la cárcel, si él no hubiera sido una gloria del deporte mundial.
El futbolista también admitió aquel día: "Sé que la indulgencia se debió a que el régimen totalitario utilizaba mi figura, y en general al equipo, como un 'arma' en la guerra ideológica contra Occidente, exponiendo la excelencia del fútbol húngaro y de su héroe como una conquista de la clase obrera".
Llegaron a decir, agregó, "que el estilo que el grupo jugaba, 'total football' —como después lo llamaron los holandeses—, tenía un sustrato ideológico, ya que en ese estilo los deportistas podían jugar en cualquier posición, lo cual significaba que ¡Hungría había eliminado la división de clases hasta en el deporte!".
Pero Puskas, un húngaro que poseía ese cáustico humor centroeuropeo, cuenta en su libro cómo se rió varias veces del régimen. Por ejemplo, el día que le dijo a Mihaly Farkas, un temido jefe de la policía secreta en esa época, que lucía como un helado de vainilla en su uniforme de ceremonias. "Esta vez fui a parar al calabozo por unas horas, pero luego me sacaron porque sabían que la gente me quería y me apoyaba".
Sólo nos quedan los recuerdos
Ferenc Puskas capitaneó el "equipo de oro" de Hungría durante los años cincuenta y lo llevó hasta el partido final de la Copa del Mundo en 1954, cuando perdió frente a Alemania. Según los cronistas, hasta ese día el fútbol no había conocido momentos tan gloriosos como el protagonizado por el húngaro, quien galopaba tras la bola como si volara.
Su club, Kispest, fundado por su padre, fue adoptado entonces por el Ejército, que lo rebautizó como Honved. Sin embargo, recuerda el futbolista, "a través de mi carrera, donde hubo actuaciones a sangre y fuego, siempre fui observado con lupa por la línea dura del entonces Partido Comunista Húngaro".
Y es que Puskas no podía disimular su rechazo al régimen comunista, con cuyas ideas no comulgaba. La revolución de 1956 y la entrada de los tanques rusos en Hungría pusieron final a la primera etapa de su carrera. Formó parte del levantamiento y fue castigado con 18 meses de suspensión. Tenía entonces 30 años, sufrió una depresión, engordó, hasta que Santiago Bernabeu, entonces presidente del Real Madrid, le ofreció un contrato para que jugara con ese equipo.
Fue el momento en que el gran Puskas comenzó su segunda etapa como futbolista, convirtiéndose en el mejor del mundo por ser quien más goles marcara en los clubes internacionales de todos los tiempos.
Puskas hizo para Hungría 83 goles en 84 juegos internacionales, entre 1945 y 1956, y ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 1952. Para España, marcó 35 goles en 37 juegos de Copas Europeas con el Real Madrid, entre 1960 y 1965. Su récord mayor fue durante la Copa de 1960 en Glasgow, donde hizo cuatro goles en los primeros 30 minutos de un juego.
Cuando terminó con el Real Madrid, inició una etapa de trabajo como coach en distintos países, hasta 1991, cuando regresó a Hungría, convertida en un país democrático "pero con una situación desastrosa en fútbol", según Puskas. "En mis tiempos Hungría podía derrotar a Italia, a Brasil, a Alemania, a Inglaterra, pero ahora sólo nos quedan los recuerdos".
'Bala de cañón' y 'Alcalde galopante'
Nacido el 2 de abril de 1927 en Budapest, Hungría, durante su vida deportiva fue apodado "bala de cañón" y "alcalde galopante". En los clubes Kispest y Honved metió 354 y 357 goles, respectivamente, y en el Real Madrid, 528. Su equipo ganó cinco ligas en Hungría y cinco en España, tres Copas Europeas y una Olímpica. Fue considerado el sexto mejor jugador de fútbol del siglo XX por la Federación Internacional de Fútbol.
En abril de 2002, el gobierno democrático húngaro renombró el mayor estadio de fútbol del país, el Budapest Nepstadion (Estadio del Pueblo), con el nombre de Ferenc Puskas. El futbolista permanecía hospitalizado desde octubre de 2002, porque padecía Alzheimer, y murió el 17 de noviembre de 2006 por una complicación pulmonar.
Hoy es recordado no sólo por su maestría deportiva, sino por su calidad humana. Alfredo di Stefano, quien fuera su compañero de juego en el Real Madrid, dijo a su muerte: "Perdimos no sólo a un jugador de calidad, sino a un amigo". Otro compañero de juego en Hungría, Nandor Hidegkuti, afirmó: "Era el mejor de todos nosotros, si había mil soluciones, Puskas encontraba la mil uno".
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