Costa Rica
Una silla y 14 candidatos
Óscar Arias, Premio Nobel de la Paz, lidera las encuestas electorales.
El próximo domingo 5 de febrero se efectuarán elecciones generales en Costa Rica. En este año intensamente electoral en América Latina, cada posición en el tablero político del subcontinente cuenta.
A fines de 2005, les tocó a Honduras y Bolivia. Chile tuvo su segunda vuelta definitoria para elegir la primera mandataria en el país, el pasado enero, y nueve países más tendrán elecciones presidenciales este año: Haití, México, Colombia, Perú, Brasil, Ecuador, Nicaragua y Venezuela, además de la inminente en Costa Rica.
Si bien el país centroamericano no tiene el peso de Venezuela, Brasil, México, e incluso de la empobrecida Bolivia —que cuenta con grandes reservas de gas— o la Colombia conflictiva de las narcoguerrillas y los paramilitares, posee en cambio virtudes incuestionables que le confieren un valor significativo desde otros puntos de vista.
Costa Rica es el único país de América que carece de ejército. Su democracia ha mantenido una estabilidad ejemplar, y el Estado de derecho y la división de poderes se han enraizado en la conciencia de las instituciones y de los ciudadanos.
El acceso de la población a la salud pública, por ejemplo, le permite mostrar unas cifras de mortalidad infantil y unas expectativas de vida privilegiadas en la región. Todo ello le confiere en la esfera internacional cierta autoridad que excede con creces sus pequeñas dimensiones geográficas y socioeconómicas.
Desde el punto de vista de los intereses de la democracia en Cuba, el país centroamericano ha sido de las honrosas excepciones que no ha mirado a otro lado, a la hora de denunciar las violaciones de derechos humanos y la falta de libertades del régimen de Fidel Castro, tanto en la ONU como en otros foros.
Sucesivos gobiernos han acogido a una parte de la diáspora cubana, desde la década de los años sesenta, de tal manera que considerando proporcionalmente el tamaño de la comunidad cubana y el total de población del país, de poco más de 4 millones, éste ocupa uno de los primeros lugares entre las naciones del mundo en albergar familias cubanas en busca de libertad.
Clima de desconfianza
¿Cuál es el panorama que se vislumbra en vísperas de la contienda electoral tica?
Existe una gran frustración debido a los escándalos de corrupción de los ex presidentes Rafael Ángel Calderón y Miguel Ángel Rodríguez, este último con el bochorno internacional de haber tenido que renunciar a la Secretaría General de la OEA, apenas un mes después de haber sido elegido.
El actual presidente, Abel Pacheco, si bien ha mantenido estabilidad e incluso ha disminuido en unas décimas la pobreza durante 2005, año particularmente difícil por afectaciones en inundaciones y el alza en los precios del petróleo, ha fallado en promover los cambios en la política fiscal y la apertura de los grandes monopolios estatales.
Una parte importante de la población se encuentra decepcionada, en parte como consecuencia de la posición francamente derrotista e hipercrítica de la prensa nacional de más peso.
El clima de desconfianza en la política y los políticos ha generado un abanico de 14 candidatos postulados. En las encuestas, once de ellos no llegan, ni siquiera entre todos, al 14 por ciento de las intenciones de voto. Los otros tres se reparten el 87 por ciento restante.
Otto Guevara parece tener el respaldo de 12 de cada 100 presuntos votantes. El Movimiento Libertario, que preside este hombre de 46 años —por cierto con más porte de galán de novelas que de político—, defiende un liberalismo extremo que confía en el crecimiento económico a expensas de un Estado convertido en cascarón vacío.
Llevar la recaudación de impuestos a su mínima expresión seguramente le conquistará votos, en una población que acostumbra a exigirle al Estado sin importarle si existen o no los recursos.
Ottón Solis, economista de 51 años y con más del doble de intención de votos que el libertario (25,4 por ciento), ha dado en su campaña la imagen de un político rígido, poco anuente a la concertación, indispensable para gobernar con eficiencia en una democracia real.
Solis se opone a la aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, firmado por Costa Rica pero pendiente de discusión y aprobación en el parlamento, argumentando especialmente el tema de los subsidios agrícolas en Estados Unidos, que hace que la apertura a las importaciones desde ese país arruine la agricultura autóctona, incapaz de competir inerme contra un adversario guarnecido por la subvención.
Como en todos los candidatos, hay que agregar la retórica contra la corrupción, el fortalecimiento de la seguridad ciudadana y, en su caso, el compromiso del Estado con la más justa distribución de la riqueza, la mejoría de los servicios educacionales y de salud, el crédito para viviendas y las pequeñas empresas, la cultura, el deporte; pero, como en todos los casos, sin detallar en concreto cómo piensa conseguir estas metas.
El regreso de Arias
A la cabeza de las encuestas, con el respaldo del 49,6 por ciento de los electores, se encuentra Óscar Arias, ex presidente y Premio Nobel de la Paz 1987 por su decisiva participación en la pacificación de Centroamérica.
Arias apoya el TLC porque considera vital el comercio para un país como Costa Rica, que "produce lo que no consume y consume lo que no produce". Candidato del Partido Liberación Nacional, de línea socialdemócrata, propone invertir más en el sector público y fortalecer el trabajo de la Caja Costarricense del Seguro Social, institución emblemática que provee una cobertura universal en salud.
En cuanto al ICE, monopolio estatal de las telecomunicaciones (telefonía convencional, celular y acceso a Internet, entre otras), promueve la apertura comercial sin privatización.
La izquierda de moda en América Latina, la de un discurso que centra y subordina toda su política al actualmente rentable sentimiento antiestadounidense, la de la cantinela del imperio norteamericano como culpable y hacedor de todas las desgracias del planeta, liderada por Fidel Castro y Hugo Chávez, no carece de activistas en suelo tico.
Sus armas, ya se sabe, la agitación emocional, los bloqueos callejeros, las amenazas veladas de caos social, la denuncia como oligarquía al servicio del capital nacional y foráneo de todos los que no sean sus ambiciosos lidercillos, concentra sus ataques precisamente contra el candidato liberacionista.
Estos sectores llegaron hace pocos meses a una posición claramente subversiva, cuando en un teatro josefino, en medio de una convención, proclamaron que si el pueblo se "equivocaba" y elegía a Óscar Arias, desconocerían la legitimidad del proceso democrático, y —en buen cubano— ardería Troya.
La última encuesta, realizada por UNIMER, la empresa de mayor prestigio en estos menesteres, comprueba una vez más la condición de minoría altisonante de esta extrema izquierda, tan extrema, que se torna derecha fascista al renegar con sus actos de las prácticas democráticas.
De cualquier manera, el próximo domingo en Costa Rica será doblemente festivo, por ser domingo y por la fiesta democrática. Todos los ciudadanos podrán expresar su voluntad y convertirla en mandato, en leal competencia. La capacidad para ejercer ese derecho será libérrima.
Aun los que se abstengan, manifestarán su poder. Se espera una abstención algo mayor que la de las elecciones de 1998 y 2002, que fue de alrededor del 30 por ciento. Es de suponer. Los dos partidos mayoritarios que han alternado el poder han sido el de Arias y el Partido Unidad Social Cristiana, al que pertenecen los dos ex presidentes pendientes de juicio. Ello explica que el candidato de esta última agrupación cuente con un 2,3 por ciento de apoyo en las encuestas.
En consecuencia, las cifras de abstencionistas no sólo podrían engrosarse con las diezmadas huestes socialcristianas, sino con una parte significativa de liberacionistas, un tanto acomodaticios y seguros ya del triunfo de su candidato.
Es por eso que aunque el próximo domingo se llegase a producir una abstención próxima al 40 por ciento, hemos de interpretarla objetivamente como manifestación de libertad democrática.
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