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Actualizado: 23/04/2014 11:47
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Política Cultural, Música

Institucionalizan la “batalla contra el reguetón” en Cuba

El presidente del Instituto Cubano de la Música declaró que, para impedir la difusión en “los medios, las programaciones recreativas, las fiestas populares, y la ambientación sonora de lugares públicos” de productos “banales, chapuceros y grotescos”, las autoridades culturales están elaborando “una norma jurídica”, que regirá “los usos públicos de la música”

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El actual presidente del Instituto Cubano de la Música, Orlando Vistel Columbié, ha declarado al rotativo oficialista Granma, que la entidad que representa y sus instituciones están adoptando medidas contra productos musicales que “mellan la riqueza de la música cubana”.

Vistel Columbié se refirió, en entrevista titulada “Ni la vulgaridad ni la mediocridad podrán mellar la riqueza de la música cubana”, a lo que define como “entregas seudoartísticas”, que, alega, no tienen que ver con la política cultural del Gobierno cubano, “ni con la ética de nuestra sociedad, ni con la tradición picaresca, ni con nuestro sentido del humor, ni con la amplísima diversidad estética que asumimos”.

“Tenemos plena conciencia, y en consecuencia actuamos, de la altísima sensibilidad de la mayoría de nuestro pueblo cuando advierte que se le quieren homogeneizar en patrones ajenos, que vulneran los más elementales principios de la ética”, advirtió.

Se trata, explicó, de “textos agresivos, sexualmente explícitos, obscenos, que tergiversan la sensualidad consustancial a la mujer cubana, proyectándola como grotescos objetos sexuales en un entorno gestual aún más grotesco”, por un lado.

Así como de “soportes musicales cuestionables o de ínfima calidad”, caracterizados por el “facilismo” y la “falta de rigor formal”, que según el funcionario, sus creadores “justifican” alegando una “pretendida búsqueda de contemporaneidad” para romper “códigos dogmáticos y elitistas”.

Al preguntársele si estaría refiriéndose concretamente al reguetón, Vistel Columbié explicó que no hablaba únicamente de ese género musical, pues también existen “expresiones vulgares, banales y mediocres en otros”, pero afirmó que es en ese donde “es mucho más notorio”.

El funcionario apuntó que actualmente las instituciones culturales están llevando a cabo un proceso de “depuración” de sus catálogos artísticos, a fin de “erradicar cualquier práctica que por su contenido se aparte de la legitimidad de la cultura popular cubana”. Para lo que se requeriría además “consolidar formar prácticas” que garanticen la presencia de “lo mejor” de los productos culturales en espacios creativos y los medios de difusión en la Isla.

Aseguró que la tradición musical cubana está alejada de los “códigos obsoletos” y “elitistas”, así como de “lo banal, lo chapucero y lo grotesco”, y que, por el contrario, “es reflejo del constante crecimiento de los niveles de instrucción y la cultura” de la población cubana.

Los productos artísticos “contraproducentes y transgresores”, dijo, son una “grave ofensa” a la sensibilidad del pueblo de la Isla, aunque existe “lamentablemente” un público que “estimula esas expresiones”, reconoció.

Vistel Columbié aseguró que el reguetón y otras manifestaciones están vinculados a “actitudes marginales” que se manifiestan en “ciertas zonas de nuestra realidad”, a través de “intermediarios, falsos promotores y funcionarios administrativos” que “lucran” con los mismos.

El funcionario dijo que, para impedir la difusión en “los medios, las programaciones recreativas, las fiestas populares, y la ambientación sonora de lugares públicos” de esos productos “banales, chapuceros y grotescos”, las autoridades culturales están elaborando “una norma jurídica”, que regirá “los usos públicos de la música”.

“Cada quien es libre de escuchar en su privacidad la música que desee, pero esa libertad no incluye el derecho de reproducirla y difundirla en restoranes y cafeterías estatales o particulares, ómnibus para el transporte de pasajeros y espacios públicos en general”, advirtió.

De acuerdo con el funcionario, los creadores y promotores de esos productos artísticos contra los que las autoridades culturales cubanas han desatado una guerra sin cuartel, son “individuos que se han instalado en el sector profesional; ingresan formando parte de un colectivo artístico con determinado repertorio y perfil, que luego abandonan para presentarse como si fueran ellos mismos un nuevo colectivo artístico”, o que “copan” espacios de difusión con la “anuencia” de “personas” encargadas de impedírselo.

“Las instituciones culturales y los Consejos de la Administración en las provincias y los municipios cuentan con la autoridad y el deber de velar por la correcta aplicación de la política cultural”, señaló. Aunque además de las “medidas administrativas y jurídicas” que se están aplicando, se debe realizar una “labor de orientación, esclarecimiento y convencimiento acerca de los valores que debemos promover”, añadió.

Es necesario poner límites “a expresiones vulgares”, erradicar “manifestaciones de chabacanería y mal gusto” que violentan “la dignidad de las personas y la sensibilidad de la población”, para lo cual se promoverá “jerarquizadamente” y “en todos los espacios posibles” los valores “auténticos” de la producción musical de la Isla, aseveró.

Finalmente, Vistel Columbié rechazó de manera tajante que se esté produciendo una “crisis” en la calidad de la música de la Isla y ponderó el producto artístico que se crea hoy en Cuba, donde existe, aseguró, “un privilegiado sistema de enseñanza artística”, con “decenas de talentos formados con mucho rigor”.

Asimismo, elogió a los exponentes de la música en la Isla que, abarcando “los más variados estilos y modos de realización sonora”, han conseguido un alto nivel, algunos de los cuales “cuentan con gran reconocimiento internacional”.


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