Actualizado: 31/10/2020 1:43
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Política

El suplicio de Sísifo

La cancelación indefinida del congreso del Partido Comunista evade nuevamente el tan esperado debate.

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Los mecanismos de control y atornillamiento del mando partidista no fueron suficientes esta vez para persuadir, acarrear un par de consejos y echar cuesta abajo con lo que sucediera. La cautela y el temor siguen siendo las guías conductoras del partido único. Una vez más, la noticia de la cancelación indefinida del congreso del PCC ha puesto a descansar ese período de debate al que tanto le han huido en el Comité Central.

El periódico Granma, las escuelas de instrucción del Partido, los comités creados en la base, las garitas de control en cada barrio o centro de trabajo, con instructores y militantes a la cabeza, y los años de propaganda desenfrenada para intentar detener el derrumbe que sobrevendrá, han sido los mejores testimonios del andamio en que se ha convertido el socialismo tropical cubano.

Escuelas de hacer promesas

Constituidas como centros para el adoctrinamiento colectivo, las escuelas del Partido, en cada provincia, con su regenta nacional en la Ñico López de La Habana, se han encargado durante más de cuarenta años de indicar cómo rebatir el argumento contra la catástrofe gubernamental, qué decir y para qué decirlo.

Cuando la propaganda ideológica se desgastó despotricando del "socialismo real", por llevar la vida a través de manuales de marxismo, promovía por otra parte, mediante sus miles de alumnos ocasionales, las más disímiles recetas pro comunistas.

En declaraciones a CUBAENCUENTRO.com, Pablo, quien pasó varios cursos intensivos en la Escuela Provincial del PCC en Holguín, comenta que la realidad del cubano casi nunca se correspondía con los sueños de hacer el "hombre nuevo", ni defender una obra que no se veía a las claras.

"Ha sido casi imposible conciliar las orientaciones partidistas con lo que deben hacer los trabajadores, los directivos del gobierno y lo que recibe el pueblo. Yo nunca entendí mucho", señala.

Entre las herramientas para sostener los andamiajes del Partido, están el bombardeo continuo contra el modelo capitalista, el adoctrinamiento en un modo de vida frugal que nunca se ha visto practicar a los máximos dirigentes en cualquier nivel del entramado social y la prohibición expresa de todo contacto con el exterior, ya sea mediante literatura, comunicación directa o por medio de familiares. Aunque esta última se reblandeció en los noventa, fue la causa principal de la expulsión de Pablo del PCC.

"En medio de una movilización militar, se me ocurrió sentarme, a la vista pública, en una fiesta de familia, con mi hermano que había venido de Estados Unidos. Eso bastó para echar por tierra casi veinte años de militancia y mi reputación de exigente y cumplidor en la fábrica en que trabajaba. Fue el final feliz que me otorgaron", agrega.

El cuento de la buena pipa

Sin tener a mano la socorrida bola de cristal para adivinar el futuro, por las propias palabras de Raúl Castro de hace pocos días se sabe de qué van las discusiones en torno al retardado Congreso y qué le pedirán una vez más al pueblo.

La prensa oficial ha experimentado de mil maneras cómo canalizar las quejas contra la ineficacia estatalizada. Secciones fijas como un muro de las lamentaciones al vacío, programas radiales para las discusiones epidérmicas sobre la realidad social, la oreja en el barrio y el ojo en el centro de trabajo como garantes de una verdad que por serlo no puede ser dicha a voces, son los síntomas de todo lo que la masa partidista puede contra sí misma.

Un vistazo a la sección "Cartas a la dirección", del diario Granma, deja ver los términos conciencia, resultados, doble moral, despilfarro, pobreza de espíritu. Lejos de ser un sitio dado al debate abierto y limpio, se ha convertido en la cara de una sociedad ahogada por el control excesivo. Cuando hace un tiempo se abrió este "espacio de opinión", la suspicacia criolla jugueteó con la manera de firmar las cartas: una letra inicial y un apellido, como nunca había sucedido en estos casos, lo que levantó sospechas de misivas autoenviadas a la redacción.

Como la sombra (entre más cerca, más lejos), las oportunidades para el posible debate recibieron su golpe mortal cuando el gobierno engavetó las opiniones vertidas en 2007, luego del discurso de Raúl Castro, y recibieron el tiro de gracia con el descabezamiento de los supuestos reformistas (Lage, Pérez Roque, Otto Rivero…) y la cancelación definitiva del Congreso del PCC.

Los mandos de poder juegan al ratón y el gato, a ver quién se cansa primero, advirtiendo que la manada mayor ya está pasando a peor vida.

Habrá que esperar por los últimos rugidos de la fiera herida. Será el suplicio de Sísifo: mil veces para volver a llevar la piedra cuesta arriba. Ya lo dice la consigna: "El Partido es inmortal", y parece que no hay mucha prisa para estos funerales.


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Raúl Castro, durante la sesión de la Asamblea Nacional del 1 de agosto de 2009Foto

Raúl Castro, durante la sesión de la Asamblea Nacional del 1 de agosto de 2009. (AP)