Actualizado: 30/09/2020 14:35
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Sociología, Lewis, Castro

Historia del Proyecto Cuba (IV)

Este trabajo aparecerá en varias partes

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…you can disprove a theory by finding a
single observation that disagrees with the
prediction of the theory.
Stephen Hawking (1996)[1]

La investigación

El jueves 20 de febrero de 1969, luego de una ardua preparación y una complicada negociación para lograr la autorización del Departamento de Estado, Oscar Lewis llegó al aeropuerto José Martí acompañado por su esposa[2] y varios de los miembros del personal que participarían en la investigación, sus pasaportes habían sido debidamente autorizados en la embajada de Cuba en México, sin mayores dificultades.

Su equipaje consistía en unas 750 libras de artículos personales y la mayor parte en casetes de cintas para las grabaciones, las grabadoras, máquinas de escribir, piezas de repuestos para estos equipos, y suministros de oficina; desconocemos si fueron recibidos por los supuesto responsables por la parte cubana, es decir José Llanusa[3] o Rolando Rodríguez[4], pero sí por la persona que le fue asignada al cual llamaron “el responsable” y que era alguien asignado por Manuel Piñeiro que era el verdadero responsable y quien ejerció el máximo control sobre todo el proceso de la investigación hasta su final.

Este “responsable”, llamado Ramón de la Paz, facilitó todo el complejo proceso de los trámites aduanales en Cuba y Ruth Lewis, en el texto mencionado, llega a considerarlo indispensable ya que facilitó gestiones que le hubiesen robado tiempo y energías, aunque no siempre pudo resolver todos los problemas que se presentaron, en ese caso Lewis recurría a otros niveles buscando soluciones. Una de ella fue el problema del transporte; aunque le asignaron un auto y un chofer a tiempo completo y después un autobús pequeño, no fue suficiente y Lewis logró la autorización de importar de Canadá dos pequeños VW con la única condición de que quedarían en Cuba al terminarse la investigación[5].

Le rentaron inicialmente una residencia amueblada en Miramar con cuatro personas, una cocinera, una empleada de limpieza y dos más para otras tareas. Posteriormente fue necesario rentar dos casas más para los otros miembros del equipo integrado por extranjeros. Además, le dieron acceso a las tiendas al servicio del cuerpo diplomático donde podían adquirir los productos, que los Lewis sabían, no estaban al alcance de la población cubana.

Ellos suponían que el personal que le asignaron también cumplía la misión de vigilarlos e informar a la Seguridad, así como que las viviendas estarían totalmente preparadas para efectuar la vigilancia por los medios electrónicos existentes en aquella época. No era una suposición sin base, aunque no encontraron evidencias hasta el final de su estadía.

A pocas horas de la llegada les presentaron a los diez integrantes del equipo[6] de cubanos que se integrarían a la investigación, para los Lewis esto fue una sorpresa ya que ellos esperaban dos o tres graduados universitarios con experiencia en el campo de las ciencias sociales y este no fue el caso, de ellos solo dos eran graduados universitarios y todos carecían de experiencia en investigaciones en alguna rama de las ciencias sociales. Inicialmente esta fue una traba ya que Lewis tuvo que dedicar meses al entrenamiento del equipo cubano, lo cual también tuvo que hacer con los extranjeros que se unieron después.

Los diez integrantes del equipo de cubanos, todos militantes de la organización de jóvenes comunista fueron advertidos de que el proyecto estaba patrocinado por la Fundación Ford y de que esta era una fachada de la CIA, y se les informó oficialmente que sería Manuel Piñeiro quien centraría el control de toda la actividad de Lewis en Cuba. Además, recibieron información sobre el trabajo de Lewis en México y Puerto Rico y por lo menos Maida Donate y Enrique Vignier recibieron el libro Pedro Martínez, de Oscar Lewis, y copia de artículos publicados por revistas mexicanas sobre la polémica que había suscitado Lewis en México, además datos del perfil profesional, familiar y psicológico de Lewis[7].

El estilo de trabajo de Lewis y sus exigencias profesionales chocó de inmediato con el equipo cubano, Lewis era un trabajador incansable y demandante; y exigía el máximo de rigor metodológico en busca de garantizar la calidad de los resultados que se alcanzasen en la investigación. Como señala Donate: “Lewis nos confrontaba y nosotros, con la arrogancia de la juventud y la osadía de la ignorancia, nos rebelábamos ante los hechos”.[8]

Estos jóvenes imbuidos de la doctrina marxista tendían a enfrentarse con los entrevistados que en sus informaciones reflejaran algún desacuerdo con el régimen, llevó mucho tiempo el lograr que el equipo superara ese tipo de resabio y aceptasen sin alteraciones y enfrentamientos aquellos hechos que evidentemente entraban en pugna con sus ideales.

Ruth Lewis da una caracterización de las relaciones de Oscar Lewis con los cubanos del “equipo”:

“Es cierto que Oscar era un capataz difícil y era difícil para algunas personas trabajar con él y puedo entender que los estudiantes y asistentes se disgustaran… En referencia al trato de Oscar a los estudiantes cubanos, no dudo que nunca habían trabajado tanto y tan duro o meticulosamente como lo hicieron en el Proyecto Cuba, haciendo y volviendo a hacer sus encuestas y entrevistas hasta que Oscar las encontró metodológicamente aceptables. Sin lugar a dudas, era impaciente y exigente… Solo puedo esperar que los estudiantes cubanos que ahora están supervisando sus propios proyectos de investigación o que tengan trabajos responsables en Cuba piensen que valió la pena.”[9]

Por otra parte, como señala R. Lewis: “La objetividad como herramienta metodológica no es fácil de aprender, especialmente inmediatamente después de una revolución, y desde luego no es una actitud que se apoye en Cuba”.[10]

Lo que los Lewis seguramente ignoraban era que los miembros del equipo cubano tenían que informar a diario sobre los avances del trabajo y sus resultados. Maida Donate[11] brinda una detallada información de los puntos en que se basaba el espionaje que se ejercía bajo la orientación de Piñeiro sobre los Lewis y el trabajo de campo que se estaba realizando, cada miembro del equipo tenía que producir diariamente estos informes e incluso opinar sobre los otros miembros del equipo.

Este espionaje continuo y a profundidad debió drenar las fuerzas del equipo y crear tensiones, ya que como, también M. Donate le informó a Lilliam Guerra: “La entrega de tales informes a los agentes de inteligencia a veces duraba horas: el contacto se mantenía hasta que quedaba satisfecho de que realizó una entrevista completa, realizada en tu hogar todos los días”.[12]

Por tanto, podemos asegurar que Piñeiro estaba al tanto de todo lo que estaba ocurriendo en la investigación, lo cual complementaría con la vigilancia electrónica en las residencias donde vivían los Lewis y los miembros no cubanos del equipo de investigación.

Con el transcurso de los meses O. Lewis empezó a valorar de forma muy positiva al “equipo” y en septiembre de 1969, tras siete meses de trabajo. Oscar le escribió a un colega refiriéndose a los cubanos: “…todos ellos… han llegado al punto en que hacen un aporte real al proyecto”.

¿Cómo valoraban los cubanos a Lewis? A esta pregunta M. Donate me respondió vía email de una forma algo críptica: “Sin embargo, al final del día me atrevo a afirmar que todos y cada uno de los que trabajamos con OL, extranjeros y cubanos, tuvimos un antes y un después, tanto en lo personal como en lo profesional. Incluidos los oficiales de la seguridad”.

Me queda bastante clara la valoración de los que trabajaron con O. Lewis, pero cuál fue el cambio sufrido por los miembros de la inteligencia cubana, tal vez la respuesta la veamos en una opinión de Piñeiro que abordaremos más abajo.

Con el avance del trabajo Lewis empezó a percatarse de que su hipótesis, no explicitada, no se estaba cumpliendo en el caso cubano, en realidad cada vez con más claridad se estaba observando que si bien la pobreza se había reducido o eliminado en los antiguos residente del barrio de Las Yaguas[13], los elementos de la “cultura de la pobreza” aún se manifestaban con fuerza y peor aún como el investigador Douglas Butterworth, que se había integrado tardíamente al equipo y estaba ocupándose específicamente de esos exresidentes de Las Yaguas, empezó a observar que quizás antes de 1959 esa subcultura no se manifestaba en el desaparecido barrio.

Era un golpe serio a las ideas de Lewis y él pensaba que al ampliar la investigación a otro barrio al que llamaban con el seudónimo “Bolívar”[14] en el que él consideraba que los antiguos habitantes de Las Yaguas se habían integrado más a la comunidad que los rodeaba se iba a encontrar resultados diferentes. Por otra parte, ya estaban los planes de ampliación de la investigación a la zona agrícola de Melena del Sur. Estas optimistas ideas encerraban un error metodológico inadmisible ya que el encontrar los rasgos de la cultura de la pobreza en un barrio no quedaría invalidado por no encontrarlo en otros lugares. La conclusión que se hacía evidente a menos de un año de la investigación era que la cultura de la pobreza también existía en una sociedad que decía ser socialista[15].

El jueves 25 de junio de 1970 un día antes de la partida de los Lewis a unas vacaciones de verano Oscar Lewis fue citado a las oficinas de Raúl Roa, ministro de Relaciones Exteriores, él se alegró ya que tendría oportunidad de insistir en la necesidad de reunirse nuevamente con Castro e informarle de los avances de la investigación, desde abril estaba intentando este contacto, pero sin resultados. Pero lo que encontraría era un Roa que le leyó una serie de supuestas violaciones[16] del acuerdo original por lo cual la investigación queda de inmediato suspendida[17].

El impacto de esta decisión motivó que Lewis sufriese un ataque de angina que su esposa, no sé por qué razón no expone en el texto que hemos citado, sin embargo, sí es mencionado por Susan M. Rigdon en su libro sobre Lewis al cual nos hemos referido anteriormente; por otra parte M. Donate me informó que:

“Sí, fue verdad. Incluso como se sabía que estaba enfermo del corazón, en la oficina contigua a la de Roa, se había preparado el equipo del Dr. Alberto Hernández Cañero, eminente cardiólogo y director del Instituto de Cardiología para asistirlo en caso de emergencia, tal y como sucedió.”[18]

Lewis salió de esa reunión enfermo, frustrado, devastado, y a pesar de su recio carácter, profundamente deprimido; no solo quedaba interrumpida una investigación a la cual había dedicado gran cantidad de tiempo y energías físicas y mentales e incluso recursos financieros ya que, como hemos señalado con anterioridad, los Lewis financiaron cerca de la tercera parte de los costos del proyecto que no fueron pocos y ellos no eran precisamente ricos.

A la salida del despacho de Roa fueron seguidos por varios agentes de la Seguridad que confiscaron todos los documentos, casetes grabados, fotografías, etc., alrededor de 10 mil páginas de las cuales solo tenían copias de la mitad en Estados Unidos, incluso confiscaron las notas de campo que había tomado Lewis en 1946 en Melena del Sur, y algunos manuscritos sobre México y Puerto Rico, además se llevaron más de 25 mil páginas de los cuestionarios realizados en Buenaventura[19] a pesar de las protestas de Lewis que solicitó infructuosamente que le entregaran un inventario de los documentos confiscados.

Esa misma noche Piñeiro se presentó en la residencia donde vivían los Lewis y renovó las mismas acusaciones y argumentó que Castro estaba muy irritado por los libros publicados por Karol y Dumont sobre Cuba[20], que existía seria preocupación por las indagaciones negativas que se habían desarrollado en Buenaventura, y además de ello las informaciones de un enemigo del sistema como el Señor X y su familia, y que la publicación de esto sería dañina para el gobierno de Cuba, el cual vivía bajo una continua amenaza del imperialismo norteamericano.

Dos días después, sábado en la tarde, recibieron la inesperada visita de Piñeiro que había leído una buena parte del material recopilado en las entrevistas al Señor X, lo cual, él expresó, lo había convencido de que Lewis no era un agente de la CIA y felicitó los métodos de entrevista, y la paciencia y minuciosidad incluso con un sujeto tan poco estimable como el Señor X. Lewis renovó su solicitud de que le devolvieran los materiales confiscados y Piñeiro le indicó que le diese una relación de aquellos que le fueran más urgentes. Esa noche alguno de los documentos personales de los Lewis y unos pocos manuscritos le fueron devueltos y le prometieron que les devolverían otros antes de su partida el lunes siguiente, lo cual no ocurrió.

¿A que fue Piñeiro a conversar nuevamente con Lewis? En mi opinión su propósito fue el de crear ciertas esperanzas y expectativas en Lewis que le impidiesen desatar de inmediato una campaña en contra del gobierno cubano, dejar que las cosas se enfriasen y mantener esa esperanza con ciertas entregas cuidadosamente calculadas, ello no fue necesario ya que Oscar Lewis murió seis meses después el 16 de diciembre de 1970. Cuatro días antes de su muerte Lewis le escribió a Joseph Casagrande[21]: “Estoy negociando con el gobierno cubano un permiso especial para terminar mi trabajo de campo…. Planeo regresar a Cuba a principios de febrero.”[22]


[1] Stephen Hawking. A Brief History of Time. Bantam Books; New York, 2017, pág. 10.

[2] Ruth Lewis relata las vicisitudes del proyecto en el prefacio, pags. VII-XXV, de Oscar Lewis, Ruth M. Lewis, Susan M. Rigdon, Four Men: Living the Revolution – An Oral History of Contemporary Cuba, University of Illinois Press, 1977. En general nos atendremos a esa versión de primera mano, pero utilizaremos otras fuentes que serán señaladas en su momento.

[3] José Llanusa Gobel fue el primer presidente INDER y el segundo ministro de Educación, el primero fue Armando Hart, su estadía en Educación no dejó ningún logro a señalar, quizás sus mejores resultados los alcanzó dejando a Castro anotar alguna que otra canasta cuando compartían en los juegos de baloncesto que acostumbraban a celebrar a altas horas de la noche ya que él fue miembro del equipo nacional que compitió en los Juegos Olímpicos de 1948. En cuanto al Proyecto Cuba de acuerdo a la información que me suministró M. Donate él era simplemente un “cumple-ordenes”.

[4] Rolando Rodríguez García era en aquellos momentos una estrella en ascenso como hemos mencionados anteriormente.

[5] Maida Donate me informó por vía correo electrónico que uno de los VW fue chocado mientras los Lewis estaban de visita en EEUU y se requirieron todos los recursos de la llamada “reserva” de Castro para repararlo antes de que los Lewis regresaran.

[6] Los dos graduados eran Maida Donate Armada y Enrique Vignier Mesa de estos conozco su destino después de finalizada la investigación. Maida continuó estudios en la Universidad de La Habana obteniendo un doctorado, actualmente reside en EEUU, escribió un par de artículos relatando sus experiencias en el trabajo con Lewis publicados en este sitio. Enrique Vignier abandonó el proyecto debido a que viviendo en Madruga se le hacía muy difícil el trabajo junto al resto del equipo cubano, continuó su desarrolló personal como periodista y escribió un par de libros como coautor. El resto del equipo estaba integrado por graduados de profesores de la enseñanza media: Rafael Salinas Madrigal, Juan Rodney Mowell, Edilia Rabilero M., Juana Wong Saborit, Nelson Cabrera Arencibia, Lourdes Portela, Elsa Barrera López y Enrique Suárez Zarabozo; solo he podido conocer el destino de estos dos últimos; Elsa trabaja en el Centro de Estudios Sobre América (CEA) en La Habana; y Enrique está radicado en la ciudad de Resistencia en el norte de Argentina y al parecer se mantiene vinculado a las actividades docentes, no respondió a ninguno de los intentos que realicé por contactarlo.

[7] El conocimiento de la seguridad cubana sobre Lewis iba más allá de esto según me relató M. Donate, en un correo electrónico, una noche por orden de Piñeiro le reservaron a todo el equipo asientos en una función de ópera de un grupo alemán que visitaba Cuba, ya que sabían que Lewis era un amante del género, los agotados y nada interesados que no pudieron escabullirse tuvieron que “sufrir” la función ¿Qué objetivo tenía “Barbarroja” con esto? Solo podemos elucubrar alguna teoría más o menos plausible, pero no viene al caso.

[8]https://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/oscar-lewis-proyecto-cuba-2-264920

[9]“Oscar was admittedly a hard taskmaster and difficult for some people to work with and I can understand students and assistants becoming disgruntled … In reference to Oscar’s treatment of the Cuban students, I do not doubt that they had never worked as long and hard or as meticulously as they did on Project Cuba, doing and re-doing their surveys and interviews until Oscar found them methodologically acceptable. Undeniably he was impatient and demanding… I can only hope that the Cuban students who are now supervising research projects of their own or holding responsible jobs in Cuba think it was worth it.” En: Cuba and Oscar Lewis: An Exchange. Ruth M. Lewis, Susan M. Rigdon, and Alvin W. Gouldner, reply by John Womack Jr. The New York Review of Books, November 10, 1977.

[10] Ruth Lewis, op. cit. pág. XV “Detachment as a methodological tool is difficult to learn, especially so soon after a revolution, and it is certainly not an attitude that is encouraged in Cuba”.

[11] Ver artículo citado.

[12] Lilliam Guerra. “Former Slum Dwellers, the Communist Youth, and the Lewis Project in Cuba, 1969-1971”. En: Cuban Studies. University of Pittsburgh Press. Volume 43, 2015. pp. 67-89 “The rendering of such informes to intelligence agents sometimes lasted hours: “The contacto stayed until he was satisfied he carried out a full interview, conducted in your home every day.”

[13] Los residentes de Las Yaguas recibieron casas en cinco zonas de La Habana construidas para ellos, en una de estas zonas que en la investigación tomó el seudónimo de Buena Ventura estuvo centrada la investigación.

[14] Era el barrio Martí un barrio de clase media que recibió con desagrado la llegada de los “yagueros”.

[15] En una carta a Muna Muñoz Lee del 6 de agosto 1970 Lewis le comentaba: “…This material is dynamite in the sense that it portrays the persistence of many of characteristics of the culture of poverty in a Socialist context. I am afraid I was over optimistic about the possibility of eliminating the culture of poverty so rapidly.” “… Este material es dinamita en el sentido de que retrata la persistencia de muchas de las características de la cultura de la pobreza en un contexto socialista. Me temo que fui demasiado optimista sobre la posibilidad de eliminar la cultura de la pobreza tan rápidamente.”. En: Rigdon, op. cit pág. 282.

[16] Las violaciones de acuerdo al relato que hace R. Lewis en la obra citada con anterioridad fueron: a) Recibir fondos de la CIA a través de la fundación Ford; b) Contratar a una mecanógrafa no integrada; c) Realizar estudio de familias de la clase media tanto en Cuba como en Nueva York, así como a miembros del Ejército y del Partido Comunista; d) Las denuncias de dos miembros del equipo extranjero de que Lewis era una persona muy difícil y demandante y los habían expulsado del proyecto. Además mencionaron que Lewis había utilizado los servicios de una embajada para enviar documentos al exterior. Eran acusaciones simplemente ridículas.

[17] El 6 de junio de 1972 Raúl Castro en un discurso acusó a Lewis, sin mencionar su nombre, de ser un agente enemigo. Ver: Revista Verde Olivo junio de 1972, pág. 9 y en marzo de 1974 el Ministerio del Interior de Cuba y la Seguridad del Estado organizaron en La Habana una Exposición sobre el Diversionismo Ideológico, la pág. 5 del programa de la exposición informa que en la Sala A se muestra el expediente sobre Oscar Lewis.

[18] Respuesta por vía correo electrónico a mi pregunta sobre la realidad o no del ataque al corazón.

[19] Buena Ventura era el seudónimo del barrio de Vista Alegre donde realizaron el trabajo de campo con los ex habitantes de Las Yaguas.

[20] Se refería a Cuba: Est-il Socialiste?, de Rene Dumont y Los Guerrilleros en el Poder, de K. S. Karol, publicados a principios de 1970, que criticaban fuertemente al régimen impuesto en Cuba.

[21] Director del Center for International Comparative Studies (1968-82) y Campus Research Services (1979-82).

[22]“I am negotiating with the Cuban government for special permission to finish up my field work… I plan to return to Cuba in early February”. En: Susan M. Rigdon, The Culture Façade, pág. 283.


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El equipo cubano de Oscar Lewis en 1969Foto

El equipo cubano de Oscar Lewis en 1969.