Actualizado: 20/02/2020 21:12
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Sociología, Lewis, Castro

Historia del Proyecto Cuba (VI)

Última parte de esta serie

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“Lo único que la Revolución ha cambiado son las casas,
no la gente… Buena Ventura es Las Yaguas con casa de
cemento, y todo el mundo lo sabe.”
Entrevistado anónimo (1970)[1]

A manera de conclusiones

De los principales personajes en el drama en que se convirtió el Proyecto Cuba sólo queda vivo Rolando Rodríguez García en Cuba; la principal víctima del drama el Señor X (Álvaro D. Ínsua) y el posible afectado por sus informaciones (Jorge Puente Blanco) también ya han fallecido, al igual que Ruth Lewis que falleció en abril de 2008.

Del Proyecto Cuba solo quedan los cuatro libros[2] publicados entre 1977 y 1980 que se derivaron de los documentos que en aproximadamente diez viajes a los EEUU los Lewis lograron sacar sin ningún contratiempo, para su redacción la Fundación Ford brindó apoyo económico. También existe en los Archivos de la Universidad de Illinois documentos de Oscar y Ruth Lewis entre 1944 y 1976 que ocupan 62,7 pies3 (2 m3) en dichos archivos se encuentren los documentos salvados, los casetes grabados, etc., pero no están fácilmente al alcance de los investigadores, existen restricciones y a la caja 98 no se puede acceder hasta el 2030.

¿Qué contiene dicha caja? Todo lo referido a Cuba, hay una descripción de la misma. De acuerdo con lo que expone Lillian Guerra:

“Los académicos tampoco tienen acceso a la guía de archivo de la Colección Cuba hasta que uno haya sido aprobado para usar parte de la colección: dado que uno tiene que saber lo que está buscando antes de visitar, uno está efectivamente restringido a solicitar acceso a las partes o la colección en lo que publicaron Ruth Lewis y Susan Rigdon.”[3]

Lillian solo tuvo acceso a las cajas 138, 139 y 140 dentro de la caja 98, que contienen parte los casetes grabados en Cuba gracias a lo que ella llama la generosa recomendación de Susan Rigdon. ¿Cuál es el misterio? Realmente sería ponernos a elucubrar, pero sin lugar a dudas que genera sospechas, y nos preguntamos: ¿Para el 2030 existirán académicos, y no académicos, interesados en el contenido de la caja 98? ¿Es que el virus del ‘síndrome del silencio’[4] cubano infectó también a los archivos de la Universidad de Illinois?

En mi criterio, que no soy un crítico literario, los tres primeros libros publicados bajo el subtítulo: “Living the Revolution. An Oral History of Contemporary Cuba”, carecen de la garra de libros como, por poner un ejemplo, ‘Los hijos de Sánchez’, en general falta el contrapunteo entre los individuos seleccionados para contar sus vidas, falta el entorno familiar, quizá faltaba la mano de Oscar y también pudo influir la pérdida de miles de transcripciones y casetes.

Por otra parte, el segundo enunciado del subtítulo lo considero excesivo, no creo que sean una historia de Cuba contemporánea, es de forma más modesta las historias de varios individuos en la Cuba contemporánea, individuos que por cierto no son, ni los podemos considerar, representativos de la población cubana.

En el primer tomo ‘Four Men’ los personajes fundamentales son: Lázaro Benedí[5], negro, el más viejo e interesante de los cuatro; Alfredo Barrera, mulato, nació en Las Yaguas, es de todos el que más rasgos reúne de la ‘cultura de la pobreza’, término que no se menciona en ninguna de los tres primeros tomos ; Nicolás Salazar, blanco, también nació en Las Yaguas, junto con Lázaro es quien demuestra mayor integración al régimen y Gabriel Capote, mulato, nació en Oriente, pasó a vivir en Las Yaguas a mediados de los 50’.

La representación racial de los personajes está de acuerdo con la población del desaparecido barrio de Las Yaguas’ pero no de la población cubana, tampoco va resultar representativa la aceptación del sistema impuesto en el país, ni de los ideales socialistas que se pretenden imponer a los antiguos habitantes de Las Yaguas, en estos cuatro personajes.

El segundo tomo ‘Four Women’ nos presenta un detallado análisis de los éxitos y fracasos de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y como el concepto de ‘liberación de la mujer’ es abordado por esta organización y como es vista por algunas de las mujeres entrevistadas; por ejemplo Lala y Sara, que aparecen en el último tomo, lo toman negativamente como un asunto de promiscuidad sexual, mientras que entrevistadas del desaparecido barrio de Las Yaguas consideran que su liberación está en poder atender sus hogares y tener tiempo para estar con sus hijos, lo cual choca con el interés primario de la FMC de incorporar las mujeres al trabajo[6].

Las mujeres en que se centra este tomo no vivieron en Las Yaguas, y salvo un caso, están de alguna forma vinculadas al sistema actual y a sus valores. Mónica Ramos es la más joven y procede de una familia de clase media, realizó estudios en una academia exclusiva dirigida por norteamericanos, concluyó estudios universitarios y se incorporó a las tareas del gobierno desde el inicio.

Gracia Rivera fue la única que adoptó posiciones en contra del sistema, y aunque originalmente le dio su apoyo sus creencias religiosas la apartaron llegando a convertirse en monja, abandonando la orden religiosa después de siete años sometida a una relación amorosa con un prelado tiránico y sádico. Requirió tratamiento psiquiátrico y no tuvo fuerzas para mantener su posición contraria al régimen y aunque se mantuvo apegada a la Iglesia Católica inició una relación sentimental con un militante del partido comunista.

Pilar López ejerció como prostituta, al momento de las entrevistas, con 28 años, trabajaba como técnica de laboratorio y cursaba estudios de preuniversitario para posteriormente entrar a la Universidad. Ella estuvo en el primer grupo de rehabilitación de prostitutas y requirió de tratamiento sicológico, su infancia no fue muy feliz, era el producto de un matrimonio interracial y debido a los bajos ingresos del padre y el mal manejo que hacía la madre de los escasos recursos padecieron hambre. Se casó a los 14 años, con un hombre que le duplicaba la edad, matrimonio de corta duración, terminó en la prostitución, sus ingresos los daba a la madre que los dilapidaba.

Inocencia Acosta era la novena de doce hermanos tuvo una infancia feliz hasta la muerte de su padre, de origen español al igual que su madre, es la mayor de las entrevistadas y tuvo una infancia feliz hasta la muerte de su padre, se vio obligada a servir como empleada doméstica por 30 pesos al mes. A pesar de su acuerdo con los ideales del régimen y sus creencias religiosas era racista y aceptaba la superioridad de los hombres sobre las mujeres.

El tomo final ‘Neighbors’ es el más extenso de los tres de la serie y es el que en ocasiones resulta más entretenido y diverso, la propia composición de los, llamémoslo, personajes que parecen en el mismo, su diversidad de orígenes, educación y nivel económico, de por si, lo hace diverso. El estudio se concentra en una cuadra de Miramar, en la llamada ‘zona congelada’; los Lewis utilizaron el seudónimo: ‘The 400 block of Crytal Street’ que de acuerdo a algunos datos expuesto en el libro debe corresponderse a 5ta A y las proximidades de la Calle 42.

El centro de la investigación, aunque toca las casas colindantes, son las cinco familias que viven en un edificio de tres plantas, cada uno comprende un apartamento de lujo, y cada apartamento originalmente incluía un garaje y sobre el mismo un pequeño departamento para la empleada doméstica, precisamente va a ser una ex empleada doméstica el personaje central de este libro. Eulalia Fontanas (Lala), son seudónimos, fue a vivir en 1960 con una familia que después abandonó el país, ella es la que se conoce ‘la vida y milagros’ de todo el mundo, junto con su esposo, Armando Cárdenas, constituyen los más y mejor integrados al nuevo sistema.

Tal vez la que menos se ha ajustado, y muchas razones tiene para ello, es Sara. Su pareja al querer separarse de ella entra en una complicada y mágica negociación con el teniente de la policía Eduardo Rojas[7], que por arte de birlibirloque entrega un apartamento de un solo cuarto, y en mal estado, por uno de lujo de tres cuartos, y Sara se queda en la calle con sus hijos, hasta que el teniente ‘magnánimamente’ le permite utilizar el garaje que se corresponde a su recién adquirido apartamento.

El libro, al recoger tan variados personajes, que se contraponen unos con otros resulta quizá el más humano y movido de los tres, por otra parte, contiene un epílogo de sumo interés y dos apéndices, uno sobre el racionamiento en esos años y el otro sobre los estimados de gastos de las familias y sus ingresos, estos elementos no aparecieron en los dos tomos anteriores.

El cuarto libro, ‘The People of Buena Ventura [Relocation of Slum Dwellers in Postrevolutionary Cuba]’, no forma parte de la serie que hemos analizado, podemos considerarlo como independiente y el mismo se ajusta a un texto clásico resultado de una investigación etnográfica o antropológica, su autor, Douglas S. Butterworth, empleó el instrumental que generalmente se utiliza en este tipo de libros: resultados de encuestas, gráficas, tablas, planos, inventarios de menaje, etc. El libro da una visión general de la situación en Buena Ventura, que es el seudónimo del barrio Vista Alegre colindante con la avenida de Dolores a pocas cuadras de su empalme con la carretera al Lucero[8].

Butterworth llegó a Cuba el sábado 28 de febrero de 1970, y Lewis le asignó el dirigir y completar el estudio de Buena Ventura, es decir que su inmersión en la tarea tuvo que ser rápida y muy efectiva ya que, en tres meses y 25 días, logró formarse una opinión sobre el lugar y sus habitantes, lógicamente su libro no solo se basa en sus observaciones personales sino también en el material que los Lewis pudieron rescatar.

Es interesante señalar que por ejemplo sobre la función de los CDR adopta una postura positiva en sentido general ya que destaca su labor en cuanto a los planes de salud, recogida de materias primas y muchas otras alejada de su función original y principal: la vigilancia. También deja en claro el mal funcionamiento de esta organización en Buena Ventura, aunque en más de una ocasión advierte de que sus conclusiones no deben ser extendidas más allá del de la zona investigada.

Su análisis de los Tribunales Populares también es de sumo interés y aunque el considera que podrían ser de beneficio social su actuación real resulta totalmente inoperante ya que carece de los recursos para hacer efectivas sus resoluciones.

A Butterworth le han señalado que pasó por alto el tema racial[9] a pesar de que en los datos presentado se establece la preponderancia de negros y mulatos en la población de Buena Ventura, mientras que otros señalan como él menciona el tema del hacinamiento, el deterioro del menaje, las calles y aceras, las propias casas con filtraciones, tupiciones, y otros problemas constructivos y de mantenimiento, y en particular como los residentes de Buena Ventura tendían a permanecer apáticos, alienados y, a menudo, hostiles hacia los esfuerzos para integrarlos en la sociedad socialista.[10] Esa hostilidad se expresa en ausentismo y otras indisciplinas laborales, juego ilícito, consumo y distribución de drogas, prostitución, robos y hurtos en pequeña escala, violencia doméstica y otros pequeños actos delictivos.

Pero de los análisis del libro de Butterworth que he podido consultar el que más me interesó fue el de Rolando Armando Alum[11] que señala:

Ciertamente, siempre hubo cubanos pobres ─de todos los fenotipos─ y posiblemente, alguna versión de la CoP existió antes de 1959; pero en mis intercambios con Butterworth, volvió a confirmar otro hallazgo notable. Si bien reconoció las deficiencias sociales de los tiempos prerrevolucionarios, no pudo documentar (por ejemplo, a través de la recopilación de historias de vida orales), un caso para una CoP Lewisiana generalizada y prerrevolucionaria.[12]

Sin embargo, aunque Butterworth no muestra muchas simpatías acerca del concepto de ‘cultura de la pobreza’ él encontró evidencias del mismo en Buena Ventura y sin embargo no le resultaron evidentes estos rasgos antes de la desaparición de Las Yaguas.

Le sugiero a aquel que quiera sumergirse en el mundo abigarrado, complejo, contradictorio y en ocasiones desesperanzado de la población que fue motivo de la investigación desarrollada por Oscar Lewis empiece con el libro de Butterworth como una breve y eficaz introducción al tema. Ninguno de los cuatro libros se convirtió en un ‘best sellers’, ninguno recibió una avalancha de críticas, ni favorables ni adversas, a lo cual acaso influyó el que la editora no fuese de las más reconocidas y con una amplia red de distribución, hoy en día pueden ser adquiridos de segunda mano.

Una conclusión final:

En el Prólogo del primer tomo (Four Men) Ruth Lewis Intenta explicar los motivos para que Castro cancelara la investigación y se refiere a los libros publicado por Karol y por Dumont[13] con fuertes críticas al régimen, incluso Piñeiro mencionó en su entrevista final con los Lewis lo colérico que se había puesto Castro con esos intelectuales; ella también considera que las entrevistas con Ínsua desempeñaron un papel en la toma de decisión, yo agregaría que también fue un factor desencadenador el que los resultados de la investigación no estuviesen acordes con la ‘hipótesis’ de Lewis de que una sociedad socialista no existe la ‘cultura de la pobreza’, a ello habría que sumar toda la información negativa que los investigadores habían acumulado, incluyendo opiniones de los miembros del ‘equipo’ de jóvenes militantes de la UJC que participaron en las entrevistas y otras actividades investigativas.

Sin embargo, la verdadera causa, o razón suficiente, R. Lewis la palpa, sin llegar a desarrollarla, cuando dice:

“Para explicar el cómo y el porqué del fin del proyecto, es necesario repasar algunos acontecimientos que tenían lugar en Cuba por entonces. El asunto más importante fue la falla para alcanzar la meta de diez millones de toneladas de azúcar y el efecto negativo que este esfuerzo nacional concentrado tuvo sobre el resto de la economía.”[14]

Sí, el fracaso de la zafra que en la estrategia económica de Castro era fundamental para lograr la independencia de la tutoría soviética y de las críticas que a nivel partidista recibía de ‘los hermanos soviéticos’ había además hundido al país en una crisis económica de gran magnitud.[15] Ya Castro había tenido que hacer una concesión cuando se produjo la invasión, por el Pacto de Varsovia, de Checoslovaquia, el concepto de no intervención en los asuntos internos, de cualquier forma no era muy apreciado por él ya que abiertamente había intervenido en más de un país de Centro y Suramérica. No era ese el momento de echarse para atrás en cuanto al intervencionismo aventurero que había originado el disgusto del Kremlin en más de una ocasión, en particular por los desacuerdos con el intervencionismo cubano por parte los partidos marxistas de la región fieles a Moscú.

Todas las posiciones más o menos disidentes y de cuasi enfrentamientos con la URSS tenían que quedar atrás, era imprescindible eliminar toda huella de actitudes que rozaran o fuesen afines al izquierdismo teorizante de los marxólogos europeos. Ese clima de aparente libertad de pensamiento y de aceptación de corrientes filosóficas, políticas y económicas que no coincidiesen con el dogmatismo estalinista debía ser suprimido.

Ya Castro había cometido el error de autorizar las investigaciones realizadas por Karol y por Dumont, las cuales le habían sido totalmente desfavorables, ahora tenía a un académico, no europeo, sino norteamericano subvencionado por la Fundación Ford realizando una investigación que evidentemente tampoco le iba a ser favorable. No había manera de justificar semejante desliz ideológico si lo que se necesitaba era demostrar una aceptación cabal del marxismo-leninismo.

La tarea ahora era la de los planes quinquenales, la entrada en el CAME, la llamada institucionalización del régimen y la total y más completa subordinación a los dictados del Kremlin, los rublos serían el combustible que Castro esperaba que haría funcionar la deteriorada economía cubana. Romper acuerdos personales con un antropólogo yanqui no era la tarea más difícil que Castro tenía por delante, esa la resolvió con el simple movimiento de un dedo, además él tenía un fuerte hábito de hacerle promesas a todo un pueblo y no cumplirlas. La suerte de Lewis estaba echada, él jugó la partida y desde luego perdió, digamos que por razones de Estado.


[1] Douglas S. Butterworth.- The People of Buena Ventura [Relocation of Slum Dwellers in Postrevolutionary Cuba] University of Illinois Press, 1980, pág. 29 “The only thing that the Revolution has changed is the house, not the people… Buena Ventura is Las Yaguas with cement house, and everybody knows it.” Utilizamos cemento como traducción literal pero seguramente el entrevistado utilizó el término: mampostería que es lo habitual en Cuba.

[2] Oscar Lewis, Ruth M. Lewis, Susan M. Rigdon.- Four Men: Living the Revolution – An Oral History of Contemporary Cuba, University of Illinois Press, 1977.
Oscar Lewis, Ruth M. Lewis, Susan M. Rigdon.- Four Women: Living the Revolution V.2 : An Oral History of Contemporary Cuba, University of Illinois Press, 1977.
Oscar Lewis, Ruth M. Lewis, Susan M. Rigdon.- Neighbors: Living the Revolution V.3 : An Oral History of Contemporary Cuba, University of Illinois Press, 1978.
Douglas S. Butterworth.- The People of Buena Ventura [Relocation of Slum Dwellers in Postrevolutionary Cuba] University of Illinois Press, 1980.

[3] “Scholars are also not allowed access to the Cuba Collection’s archival guide until one bas been approved to use part of the collection: because one has to know what one is looking for in advance of visiting, one is effectively restricted to asking for access to the parts or the collection on which Ruth Lewis and Susan Rigdon published.” En: Lillian Guerra. “Former Slum Dwellers, the Communist Youth, and the Lewis Project in Cuba, 1969–1971.” Cuban Studies, vol. 43, 2015, p. 85.

[4] En el Archivo Nacional de Cuba existe el llamado ‘fondo verde’ que contiene documentos del INRA que no son accesibles para ningún investigador, por no hablar de los fondos que estuvieron bajo el control directo de Celia Sánchez.

[5] Todos los nombres son seudónimos que se utilizaban ingenuamente para proteger a los entrevistados los cuales eran perfectamente conocidos, y lo que decían, por la Seguridad cubana.

[6] Todavía hoy en día quedan pendiente temas como la violencia doméstica, la igualdad en cuanto al ascenso a posiciones de dirección política o administrativa, la discriminación, el ‘machismo’, etc.

[7] Rojas es el villano por excelencia, de alguna forma se confabuló con los funcionarios de la Reforma Urbana para legalizar esta permuta a todas luces ilegal que dejó a Sara en la calle con sus hijos. Rojas fue el único que no quiso ser entrevistado e hizo gestiones para sacar a los entrevistadores de la zona y el edificio.

[8] Localizar esa zona no fue tarea fácil ya que aunque M. Donate me reveló el nombre real de Buena Ventura, esa barriada no aparece nombrada en ningún mapa actual, tampoco ayudaba el plano que Butterworth incluyó en la pág. 23 ya que no sigue la convención de que el norte debe aparecer en la parte superior y además lógicamente los nombres de las calles eran también seudónimos, solo lo pude localizar en el plano de La Habana de ESSO de 1956 y con la ayuda de fotos de satélites fijar con exactitud la zona de la investigación.

[9] Reviewed Work: THE PEOPLE OF BUENA VENTURA: RELOCATION OF SLUM DWELLERS IN POST-REVOLUTIONARY CUBA by Douglas S. Butterworth. Review by: Peter M. Tobias En: Urban Anthropology Vol. 9, No. 1 (SPRING 1980), pp. 115-118 Published by: The Institute, Inc.

[10] Jennie M. Harnosty.- Book Review: The People of Buena Ventura, by Douglas S. Butterworth. Urbana: University of Illinois Press, 1980 En: Insurgent Sociologist, Volume: 12 Issue published: January 1, 1984 págs. 193-195.

[11] Ver también: Roland Armando Alum.- “La Vida in Cuba; A Critique of D. Butterworth’s ‘THE PEOPLE OF BUENA VENTURA--RELOCATION OF SLUM DWELLERS IN POSTREVOLUTIONARY CUBA’…” Urbana: University of Illinois Press, 1980. En: CUBAN STUDIES / ESTUDIOS CUBANOS Center for Latin American Studies - University of Pittsburgh, Pennsylvania, Vol. 12, No. 2; pp. 109-112 July, 1982.

[12] Roland Armando Alum.- The Cuban Culture of Poverty Conundrum En: Panoramas. University of Pittsburgh; February 14 2015 “Certainly, there were always poor Cubans -of all phenotypes- and conceivably, some version of the CoP existed pre-1959; but in my exchanges with Butterworth, he reconfirmed another remarkable finding. While acknowledging the social shortcomings of pre-revolutionary times, he could not document (for ex., through the collection of oral life-histories), a case for a pervasive, pre-revolutionary Lewisian CoP.”

[13] Est-il Socialiste?, de Rene Dumont y Las Guerrillas en el Poder, de K. S. Karol, publicados a principios de 1970

[14] “To explain how and why the project ended, it is necessary to review some of the event occurring in Cuba at the time. The most important development was the failure to meet the goal of the 10-million-ton sugar harvest and the negative effect of the concentrated effort upon the rest of the economy.” Oscar Lewis, Ruth M. Lewis, Susan M. Rigdon.- Four Men: Living the Revolution – An Oral History of Contemporary Cuba, University of Illinois Press, 1977 pág. XVII.

[15] El descalabro fue de tal magnitud que obligó a Castro a realizar un examen crítico de la situación en el discurso del 26 de julio de 1970. Era patético que en 1952 la zafra lograse 7 millones 300 mil toneladas sin tanta movilizaciones, llamamientos políticos, paralización del resto de la economía, etc. Una vez más era evidente lo disfuncional de la economía centralizada.


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