Actualizado: 26/02/2024 13:24
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Reportaje

La Iglesia, ¿se mueve?

La Conferencia Episcopal cubana envejece. Los nuevos nombramientos, claves en el futuro nacional.

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Defensores y críticos del clero cubano tienen por estos días suficiente pasto para el debate: tres nombramientos episcopales en nueve meses, dos renuncias canónicas encima de la mesa de Benedicto XVI, un prelado de primera línea con la salud seriamente afectada y una reunión "amistosa" de la jerarquía con Fidel Castro.

Tras la renuncia de Héctor Peña, ahora obispo emérito de Holguín, corresponde al pinareño José Siro González presentar la suya. En dos años, si su estado de salud no le obliga a hacerlo antes, será el primado Pedro Meurice quien cumpla el trámite obligatorio. La Conferencia Episcopal envejece y el Papa ha comenzado a mover ficha, consideran analistas.

Pero, ¿cómo y hacia dónde se mueven los vientos en el clima hostil en que se desenvuelve la Iglesia católica nacional?

Benedicto XVI, en sus primeros meses de mandato, ha designado a Manuel H. de Céspedes y García Menocal y a Emilio Aranguren obispos de Matanzas y Holguín, respectivamente, y como auxiliar de La Habana a Juan de Dios Hernández Ruiz.

Aranguren, que pasa de una diócesis de 480.000 habitantes a otra de 1.600.000, es apreciado en círculos eclesiásticos como una apuesta de futuro para la reconstrucción de la Iglesia nacional. "Su juventud (55 años) y su jovialidad y cercanía con la gente pueden convertirle en una pieza clave del futuro", admite un analista. Sin embargo, "no se le considera un hombre arriesgado".

Los próximos movimientos del Vaticano estarán orientados, probablemente, a nombrar nuevo obispo para la sede vacante de Cienfuegos y a cubrir las dos presuntas renuncias canónicas. En ese contexto de enigmático futuro, también entran en juego los "saludos" enviados por Benedicto XVI a Fidel Castro, a través del cardenal italiano Tarcisio Bertone, y la citada reunión entre la Conferencia de Obispos Católicos (COCC) y el gobernante. La mesa está servida.

Los obispos en Palacio

El pasado 17 de noviembre, el diario Granma publicó en primera plana que el encuentro entre Castro y los representantes de la Iglesia Católica había sido realizado "en un ambiente constructivo y amistoso", además de informar que al final tuvo lugar "una cena en la que se abordaron temas de interés mutuo". El órgano oficial del Partido Comunista dijo que la reunión fue "el punto culminante" de las actividades por los 70 años de relaciones ininterrumpidas con la Santa Sede.

Fuera de la breve noticia gubernamental, ninguna de las partes ha hecho declaraciones explícitas sobre el contenido de las conversaciones, ni se han emitido comunicados por parte de las autoridades eclesiásticas, salvo las declaraciones a Encuentro en la Red del secretario adjunto de la Conferencia de Obispos Católicos (COCC), monseñor José Félix Pérez:

"Se trataron temas relacionados con la vida de la Iglesia en Cuba, la vida del pueblo, y sobre todo el servicio que la Iglesia presta desde su identidad, desde su misión evangelizadora, y cómo puede mejorar y perfeccionarse", explica Pérez, y declina referirse a temas particulares, como las reivindicaciones históricas de la iglesia local, en torno a la imposibilidad de instaurar centros educativos religiosos y el acceso a los medios de comunicación.

Sin embargo, su "opinión personal es que la reunión como tal puede ser un indicio, o marcar quizás un momento, para que la Iglesia a partir de ahora pueda encontrar mejor comprensión en el modo de ejercer su servicio pastoral".

El secretario adjunto de la COCC confirma que al encuentro con Castro asistió toda la Conferencia Episcopal, "excepto el arzobispo de Santiago de Cuba (Pedro Meurice), que estuvo enfermo y tampoco participó en la Asamblea Plenaria de la COCC, que sesionó durante esos días".


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