Actualizado: 18/10/2019 17:37
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Economía

La peor zafra en 102 años

Con un promedio de 1,2 millones de toneladas métricas de azúcar en 2006, la otrora primera industria continúa cuesta abajo.

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La aspiración de volver a producir seis millones de toneladas métricas de azúcar, un monto que se había alcanzado en Cuba en el año 1948, tendrá que seguir esperando.

El anuncio que se hizo en el año 2001 de una nueva arquitectura del azúcar, de la reconversión y el redimensionamiento de la industria azucarera —conceptos que tomaron cuerpo en la reestructuración de la industria y en la denominada "Tarea Álvaro Reynoso"—, no han arrojado los resultados esperados. La ineficiencia industrial, la poca disponibilidad de caña y los bajos rendimientos por caballería siguen obstaculizando el anhelado propósito oficial.

Para la reestructuración, encaminada a lograr un rendimiento industrial del 11%, que significa extraer de cada 100 toneladas de caña 11 toneladas de azúcar, se tomó la decisión gubernamental de cerrar la mayor parte de las unidades productivas. Primero, 71 de los 156 ingenios existentes, y luego la desactivación de un segundo grupo, al punto que en la zafra de 2006 sólo molieron 42 unidades.

Con el cierre de las fábricas, la mayor parte de las tierras cañeras pasaron a otros cultivos. Una decisión que se torna incomprensible si tenemos en cuenta las ventajas que posee la caña de azúcar como materia prima renovable y las condiciones envidiables para ese cultivo en el país.

Argumentos insostenibles

Los argumentos utilizados, como los bajos precios del azúcar en el mercado internacional, son insostenibles si consideramos que la decisión se tomó cuando se pronosticaba que el consumo azucarero aventajaría a la producción mundial y que los precios del dulce, según la FAO, podrían alcanzar niveles de hasta 11-12 centavos por libra.

Además, en ese mismo período de tiempo, Brasil, otro país azucarero de la región, elevó su producción hasta convertirse en el mayor productor y exportador mundial del rubro. Por lo anterior, algunos cubanos, conocedores del papel desempeñado por el azúcar en el proceso que transformó a Cuba en una unidad insular y persuadidos de aquella afirmación que reza "sin azúcar no hay país", haciendo uso de la lógica del silogismo concluyeron que: 1) sin azúcar no hay país; 2) el azúcar desaparece; 3) entonces, Cuba desaparece.

Por su parte, la "Tarea Álvaro Reynoso", puesta en marcha en el año 2002, estaba encaminada a ganar en la edad de la caña a cortar, generalizar la tecnología del Laboreo Mínimo, organizar la producción en bloques homogéneos de cepas y variedades atendidos por brigadas integrales, y establecer el vínculo entre pagos y resultados; un conjunto de medidas cuyo fin era lograr un rendimiento mínimo de 54 toneladas de caña por hectárea. El promedio mundial, según la FAO, es de unas 63 toneladas.

La oligarquía criolla azucarera del siglo XIX, a pesar de que ocupaba el último lugar en cuanto a productividad, supo aprovechar la calidad de los suelos, el saber plantador y la tecnología productiva para convertir a Cuba en la mayor productora de azúcar en el mundo.


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