Actualizado: 13/07/2020 12:18
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Economía

La peor zafra en 102 años

Con un promedio de 1,2 millones de toneladas métricas de azúcar en 2006, la otrora primera industria continúa cuesta abajo.

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Según un reporte de Juan Varela, publicado en el diario oficialista Granma el 27 de junio de 2006, "la zafa azucarera recién terminada demostró que no siempre se corresponden esfuerzos y resultados finales", que "el atraso inicial no pudo ser vencido", que "tres cuartas partes del crudo que no se produjo fue motivado por el atraso en la arrancada de 28 de las 42 empresas que abrieron capacidades", que "el resto obedeció a incumplimientos de la norma potencial y del rendimiento industrial".

Según Granma, "quedó demostrado una vez más la importancia económica de empezar la zafra en la hora y el día acordados, buscar el período óptimo a partir de enero y aprovechar la mejor etapa del contenido de azúcar en la caña mediante un cálculo realista que tenga en cuenta la lluvia". Agrega que "si se aplican y aprovechan bien los recursos dedicados a la atención de las cepas, los rendimientos cañeros, aún modestamente, deben mejorar en la próxima zafra".

La hora y el día acordados… y más

Es decir, 214 años después del discurso de Arango y Parreño, separados 144 años del sistema ingeniado por Álvaro Reynoso, y cuatro después de haber sido puesta en escena la nueva proyección, no se alcanzaron ni las 54 toneladas por hectárea, ni el 11% de rendimiento industrial; mientras la diversificación de la producción azucarera sigue brillando por su ausencia.

Los únicos dos resultados claros son la demostración de algo que todos los colonos cubanos sabían desde antaño: empezar la zafra en la hora y el día acordados, y que si se aplican bien los recursos, los rendimientos cañeros deben mejorar en la próxima zafra.

Una vez más se pone en evidencia que algunos elementos esenciales, ignorados en los proyectos gubernamentales, han sido y seguirán siendo obstáculos infranqueables para mejorar la producción y la productividad cañeras. Entre ellos, la diversificación de la propiedad, el derecho de los cubanos a ser empresarios y la correspondencia de los salarios con el costo de la vida. Tres elementos fundamentales para estimular el interés de los trabajadores por el resultado final de su labor.

Cualquier intento de reanimar la industria azucarera, sin tener en cuenta esos elementos, está condenado al fracaso.


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