Actualizado: 13/12/2019 11:14
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La política del 'fao'

El gobierno de Bush impide a Cuba ir al Clásico de Béisbol y se anota un punto ante el exilio duro. Castro gana por no presentación y pierden los amantes del deporte.

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Es una muestra de cinismo que el gobierno de Bush esgrima el argumento de negarle recursos económicos a Castro, para justificar el veto a los peloteros, cuando acaba de conocerse que las compras de alimentos norteamericanos realizadas por La Habana aumentaron de $473 millones en 2004 a $510 millones este año.

La pelota no es sólo el deporte nacional de Cuba, sino motivo de orgullo y discusión entre sus habitantes. Mezclar la política y el deporte no es nada nuevo para el régimen de Castro. Desde su llegada al poder, éste ha utilizado los triunfos deportivos como parte de su perenne campaña de propaganda. Sólo que ahora es el gobierno de EEUU quien se sirve de la política para negarle unas horas de diversión a un pueblo, al tiempo que gasta millones en la transmisión hacia la Isla del campeonato de Grandes Ligas por las ondas de Radio y TV Martí.

No hay ni siquiera una excusa o justificación inmediata para esta medida. Esta administración ha olvidado que incluso con los mejores argumentos un boicot deportivo es contraproducente, como ocurrió con los Juegos Olímpicos celebrados en Moscú en 1980, donde EE UU no participó debido a la invasión soviética a Afganistán. A partir de entonces, parecía existir un acuerdo tácito entre todos los países de sacar a la política del terreno deportivo.

Bush fue tildado de "bobo" por el gobernante cubano, quien afirmó que el mandatario norteamericano no sabe nada de béisbol. Pero algo debe saber quien fue uno de los dueños de un equipo de Grandes Ligas. Sólo que su apuesta es en favor de otros fanáticos: los votos para su partido de los intransigentes de Miami. Para ganar esa partida desestimó los problemas de seguridad que podría haberle causado a La Habana el impedir supuestas deserciones —durante o después de los juegos—o los temores ante una posible derrota frente a un equipo de las Mayores. En su afán de anotarse un punto en La Calle Ocho, Bush no tuvo en cuenta que le regala a Castro un triunfo nunca visto en la historia deportiva: la victoria por no presentación.


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Castro en el estadioFoto

Castro en el antiguo Estadio del Cerro, actualmente 'Latinoamericano', antes de un partido frente a Venezuela. (AP)