Actualizado: 22/01/2022 2:37
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Opinión

Castrismo, imagen y puesta en escena

Fidel Castro: ¿Estamos ante su último espectáculo como actor principal?

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Tras la toma del poder, Castro ha gobernado ejerciendo un control férreo sobre la población, pero cada acto político ha significado un espectáculo en el que él ejerce el papel, a la vez de director de teatro y de personaje principal, adjudicándole al pueblo el papel de figurante.

Es el figurante el que garantiza el ejercicio de la "llamada democracia directa" de brazo levantado cuando se trata de obtener el "aval" del pueblo para la aplicación, por ejemplo, de la pena de muerte o de otra medida similar. O cuando el 16 de julio de 1959, para desembarazarse del presidente Manuel Urrutia, el cual había expresado su descontento por la presencia cada vez más visible de los comunistas en el gobierno, Castro convoca al pueblo para anunciarle su decisión de renunciar a su cargo de primer ministro. El pueblo por supuesto, entre Fidel Castro y Urrutia, escoge a Fidel Castro y Urrutia se ve forzado a dimitir.

Preparando al público

Luego, su arte de director de teatro cobró singular relieve durantes los diferentes juicios contra personajes del propio entorno del poder que en algún momento expresaron desacuerdo con el régimen o, según su certero olfato, podían pasar a la oposición.

Por lo general, el mecanismo del juicio se desarrollaba según una dialéctica que va preparando al público hacia un desenlace que conllevaba la muerte por fusilamiento del encausado, cuya culpabilidad va siendo destilada a medida que se desarrolla la puesta en escena.

Así sucedió durante el famoso juicio a Marquitos (1964), un ex miembro de la juventud comunista, acusado de haber entregado, presumiblemente instigado por su partido, a un grupo de militantes que había participado en el asalto al Palacio Presidencial, el 13 de marzo de 1957, cuyo objetivo era asesinar a Batista. El grupo comunista de la universidad era enemigo del Directorio, organizador del ataque.

Independientemente de la veracidad o no del hecho, en realidad se trataba de una maniobra destinada a deshacerse de algunos aliados, miembros del antiguo partido comunista cubano que le prestó un temprano apoyo al proceso castrista, facilitándole el aparato político del que carecía el movimiento revolucionario en los comienzos del régimen. Evidentemente, Fidel Castro ya no los necesitaba, las relaciones con la URSS ya eran sólidas y no precisaban de intermediarios, y, ciertamente, los comunistas estaban tomando demasiado poder, por lo que se imponía aplicarles lo que podría calificarse como el método del kleenex, muy usado por Fidel Castro durante su largo reinado.

El 19 de abril, Marcos Rodríguez, Marquitos, es fusilado.

Los dos altos dirigentes a los que se les quiso implicar durante el juicio, Joaquín Ordoqui, entonces viceministro de Defensa y Edith García Buchaca, secretaria del Consejo Nacional de la Cultura, lograron salir indemnes. Pocos meses más tarde, en octubre, Ordoqui fue víctima de una acusación que, dado el contexto y el hecho de ostentar, nada menos que este cargo de máxima confianza, no le dejaba salida posible: fue inculpado de haber colaborado con la CIA durante su exilio en México, hecho que por cierto, nunca se demostró.

Edith García Buchaca, esposa de Ordoqui, rechazó la acusación y forzosamente lo siguió en su caída en desgracia. Desaparecieron de la vida pública sin que nadie se ofuscara, puesto que durante el juicio a Marquitos se había hecho germinar la idea de la sospecha de su culpabilidad. Se presume que Ordoqui no fue fusilado gracias a la intervención de los soviéticos, pues había sido un hombre de confianza del Kremlin. Varios años más tarde, olvidado del mundo, Joaquín Ordoqui moría en arresto domiciliario.