Actualizado: 22/01/2022 2:37
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Opinión

Castrismo, imagen y puesta en escena

Fidel Castro: ¿Estamos ante su último espectáculo como actor principal?

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Pero sobre todo, y esta debe ser la razón principal, para evaluar la reacciones internas que emanen de los diferentes estamentos de la oligarquía castrista ante los cambios que, sin duda, van a operarse ante al liderazgo de Raúl Castro y ante los herederos del poder designados por el líder máximo.

En el nivel de la opinión pública internacional, el hecho sobre el cual se han centrado los medios ha sido la figura de Raúl Castro, que hasta ahora había despertado poco interés.

El tándem de los hermanos

El antiguo analista de la CIA, Brian Latell, encargado de analizar los discursos de Fidel Castro desde el comienzo del poder castrista y que continúa haciéndolo tras su jubilación, ahora en el ámbito académico, es el único en haberse interesado por el personaje del hermano.

En un interesante libro de publicación reciente, After Fidel. The Inside Story of Castro's Regime and Cuba's Next Leader, afirma que Fidel Castro y Raúl Castro conforman una pareja absolutamente complementaria. Sin la colaboración de Raúl Castro, Fidel Castro no hubiera permanecido tanto tiempo en el poder, ni hubiera podido desarrollar su vocación de liderazgo mundial.

Raúl ha sido el aliado indispensable, el forjador de la institución, que es el pilar por excelencia del Estado, que son las Fuerzas armadas. El talento, el estilo y los gustos se complementan en el uno y en el otro. Las debilidades de uno, él otro las compensa, con cualidades complementarias. En donde Raúl falla —comunicación, planes estratégicos, manejo de las crisis—, Fidel es el maestro absoluto. En cambio, Fidel flaquea en sentido de la organización y la gestión, en lo que Raúl es el experto.

En el tándem que forman los hermanos, Fidel Castro sería la figura del director de teatro mientras que Raúl Castro sería el productor. De hecho, apunta Latell, Raúl demostró sus dotes de organizador militar desde la guerrilla cuando en la Sierra Cristal, en el Segundo Frente, mostró un sentido de la organización excepcional, incluso logró controlar una zona mayor que la de su hermano. Allí elaboró un modelo de administración que le sirvió de base para cuando alcanzaran el poder.

En su diario de campaña menciona que llegó a formar ese frente con cincuenta y tres hombres, y al cabo de nueve meses el grupo lo integraban unos mil hombres. Organizó un servicio de inteligencia, escuelas, hospitales y servicios administrativos que sirvió de núcleo para el futuro Estado cubano impuesto por la revolución. En su diario se percibe una obsesión por la administración; es por ello que gracias a su manera de conducir las Fuerzas Armadas, a su sentido de trabajo en equipo, la única y verdadera meritocracia en Cuba emerge de ellas.

Fidel Castro aparece como el médium de los sueños de grandeza de una Isla que se mide con el mundo, y Raúl Castro, el pragmático que les da la estructura real.

Según Latell, los secretos de la historia de revolución cubana serán visibles el día que se conozcan los entretelones de las relaciones entre los dos hermanos, que el analista americano compara a los muros de piedras superpuestas y que encajan perfectamente entre sí, de las construcciones incas que se ven en el Cuzco, Machu Pichu y otras zonas de Perú.

En todo caso, se trata de una relación excepcional y tal vez única en el panorama histórico del poder latinoamericano, e incluso del mundo: el que un jefe de Estado le confié la organización y el mando de las fuerzas armadas, de por vida, a un hombre porque sabe que jamás va conspirar en su contra ni intentará apoderarse del poder.