Actualizado: 15/11/2019 19:53
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La Opinión de…

«Hay que concertar alianzas inimaginables»

Marifeli Pérez-Stable, Antonio Elorza y Lino Fernández. Analistas opinan sobre la situación actual en Cuba.

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Una desaparición rápida del "comandante" haría posible esbozar algún cambio, supuesto que exista ese deseo en Raúl y acompañantes tipo Lage. En cambio, una incapacitación prolongada de Fidel para el ejercicio directo del poder, como resultaría de la resección del colon y un largo post-operatorio, sin posibilidad de soltar sus rollos en público, pero con información permanente de cuanto ocurre, y con posibilidades de adoptar decisiones, convertiría la delegación en un ensayo controlado para garantizar la continuidad del régimen.

El influyente Chávez preferiría jugar esa carta: lo que menos desea el mecenas venezolano es una transición democrática en Cuba.

Lino Fernández
Secretario de Internacionales de la Coordinadora Socialdemócrata de Cuba y representante internacional del Arco Progresista.

En la edición de El Nuevo Herald del pasado 4 de agosto aparece en primera plana el titular de un artículo que dice Washington está ciego y Raúl invisible. Aunque el artículo tiene otro contenido, esta expresión describe a cabalidad la situación actual de Cuba.

Lo mejor que pudiera pasarle a la sucesión-transición sería que Washington siguiera ciego y sacara sus manos de Cuba, y que Raúl y su nuevo equipo de gobierno siguieran invisibles. Mientras más se generalice el poder y menos unipersonal sea, más influirán las nuevas generaciones. Se sabe que en Cuba hay multitud de proyectos para cambios, sobre todo económicos, engavetados, que esperan en línea.

No se debe menospreciar el alto valor del nacionalismo en la dinámica de los futuros cambios políticos en Cuba. Ante la amenaza de fuera, aumenta la cohesión interna. El gran vacío de poder que Fidel Castro ha dejado explica el silencio del equipo sucesor. Los actuales sucesores se pueden estar preguntando: ¿de dónde viene mi poder? En esta primera etapa del cambiante poder en Cuba, las sacudidas están en la lucha por este.

Se duda de los militares y se les encuartela; se teme al pueblo, se impiden reuniones masivas como los carnavales, y se ponen soldados en las calles.

El propio Raúl Castro ha dicho que nadie puede ser el heredero legítimo del líder, sólo el partido. Con lo cual generaliza el poder a un partido, el comunista, que, dicho sea de paso, no ha logrado celebrar su congreso, pospuesto por nueve años consecutivos desde 1997.

En una segunda etapa, el equipo que resulte ganador tratará de legitimarse ante el pueblo. Dudo mucho que pueda revertirse esa dinámica. Si en realidad nadie gobierna genuinamente en Cuba hoy —lo que parece muy obvio—, el motor del cambio para el equipo sucesor será, en primer lugar, el afán de ganarse el apoyo del pueblo haciendo las reformas tan necesarias tras casi 50 años de mal gobierno. El cambio vendrá y el pueblo lo legitimará si lo considera bueno; si no le gusta lo que venga, seguirá la inestabilidad.

El Arco Progresista señala, con razón, que nada es fuente de estabilidad, solamente las transformaciones. Siempre me ha parecido que la inflexibilidad y rigidez del líder que tuvimos, que no preparó la transición, ponía en peligro la estabilidad y supervivencia de la nación cubana.


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