Actualizado: 23/10/2017 23:51
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Bienaventurados los que puedan escuchar

El disco 'Boomerang', de Habana Abierta: Un llamado a despertarnos en el mañana de la música cubana.

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Me apresto a escribir sobre Boomerang, el nuevo disco de Habana Abierta, con el temor de parecer uno de esos predicadores que vociferan en los túneles del subway de Nueva York la inminente llegada del Señor: temo parecer tan excesivo y ridículo como ellos. Sonará excesivo que diga que se trata de uno de los mejores discos de música popular cubana de las últimas décadas y que sólo se me ocurre compararlos —en calidad, ya que no en estilo— con grabaciones ya clásicas como las de la saga de Buena Vista Social Club, las de Bebo Valdés o las de Cachao.

Me doy cuenta de que no es poca la osadía pero insisto, no exagero. Por suerte para mí la aparición del nuevo disco de Habana Abierta está mucho más cercana que la próxima visita del Supremo Creador y los lectores podrán comprobar que mi exaltación está más que justificada.

Pensándolo bien, Boomerang no debiera resultar una sorpresa. Habana Abierta reúne a varios de los mejores músicos de su generación que, justo ahora, se hallan en plena madurez creativa. Luego de seis años sin grabar como grupo, era de esperar que hubiesen acumulado material suficiente para producir no uno, sino tres o cuatro buenos discos. Faltaba, eso sí, una productora sólida y sensible que se interesara en grabar con ellos un disco que fuera algo más que añadirle otra gota a la cresta de la ola que se ha formado en torno a la música cubana en la última década.

El papel de "hada madrina" le tocó en este caso al sello Calle 54, dirigido por Fernando Trueba y Nat Chediak. Si los que no conocen el trabajo previo de Habana Abierta se verán sorprendidos por el resultado para sus seguidores de siempre, la sorpresa será aún mayor. A pesar de su calidad Habana Abierta y 24 horas, (los discos anteriores del grupo) contrastados con Boomerang parecen simples ensayos.

Sin domesticación comercial

El disco ha conseguido lo que parecía la cuadratura del círculo: la altísima calidad técnica, los creativos arreglos y la limpísima ejecución y factura no han restado un ápice a la energía, la audacia creativa y la avidez esencial por todo tipo de músicas que han venido siendo los sellos del grupo desde su aparición. No hay lugar para temer una domesticación comercial. Todo lo contrario, tales excelencias han servido como caja de resonancia a las hirsutas, rebeldes, virtudes del grupo, potenciándolas a niveles que los más optimistas estábamos lejos de imaginarnos.

Boomerang admite dos modos básicos de ser escuchado: el del goce relajado y distraído de una fiesta (prácticamente todos los números son, a su manera, bailables), y el otro, el atento hasta la impertinencia a la caza de errores y maravillas. Si de los primeros hay pocos, de las últimas está plagado el disco: el saxo soprano de Segundo Mijares en La novia de Superman, que nos hace recordar el de Branford Marsalis en el disco Bring on the night, de Sting; el minucioso contrapunto del bajo de Alaín Pérez y la guitarra de Nam-Sang Fong en Asere ¿qué volá?; el armonio de Alaín Pérez en El gato y el ratón; los steel drums manejados por Othello Molineaux en Báilala bien.

Asimismo, los coros que acompañan toda la grabación que, llevados a niveles inéditos en la Habana Abierta hasta ahora conocida, llegan hasta el juego paródico en Corazón boomerang; el trabajo de percusión a lo largo de todo el disco, una percusión profusa y precisa que consigue la tan difícil meta, entre músicos cubanos, de arropar cada canción sin asfixiarla; el cierre, donde en la canción Siempre happy, de Boris Larramendi, confluyen la serena inmensidad del piano de Bebo Valdés (sí, ese mismo) y el personalísimo arreglo para cuarteto de cuerdas de Alejandro Frómeta.


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