Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Con ojos de lector

Catorce autoras que cuentan

Una antología bilingüe demuestra la riqueza y la variedad estilística y temática de la narrativa cubana escrita por mujeres.

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Me imagino que ante un libro como Making a Scene. Cuban Women's Stories (edición de Mirta Yánez, traducción de Verita Smith, Mango Publishing, Londres, 2004), no serán pocos los que se interroguen y hasta cuestionen la pertinencia de compilar un volumen sólo con autoras. A manera de posible respuesta, me voy a abstener de repetir aquí argumentos que resultan incuestionables. Por ejemplo, que las mujeres tradicionalmente han sido la mayoría marginada, que representa lo Otro, lo Negado, lo Invisible. Que en la literatura han estado excluidas de un discurso canónico que se sustenta en la hegemonía masculina. Que su escritura, como todo lo que tiene que ver con ellas, ha sido asociada con la inferioridad. Verdades, en fin, que por su contundencia no vale la pena repetir. Me limitaré sencillamente a ilustrar con unos datos que pienso hablan por sí solos.

Después de leer Making a Scene… y antes de sentarme ante el ordenador para reseñarlo, me di a la tarea de revisar el índice de unas cuantas antologías del cuento cubano publicadas en distintas décadas, para determinar qué presencia tuvieron en las mismas las mujeres. A continuación reproduzco el resultado de esa elemental pesquisa, de la cual especifico en cada caso cuántas son las autoras que aparecen respecto a la cifra total de cuentistas incluidos:

- Cuentos cubanos contemporáneos (1946). Compilador: José Antonio Portuondo. 3 de 18.
- Antología del cuento en Cuba (1902-1952) (1953). Compilador: Salvador Bueno. 5 de 42.
- Cuento cubano contemporáneo (1967). Compilador: Ambrosio Fornet. 1 de 20.
- Narrativa cubana de la revolución (1968). Compilador: José Manuel Caballero Bonald. 1 de 24.
- Diez narradores cubanos (1977). Compilador: Antonio Tello. 0 de 10.
- Cuentos de la remota novedad (1982). Compilador: Bladimir Zamora. 3 de 17.
- Los muchachos se divierten. Nuevos cuentistas cubanos (1989). Compilador: Senel Paz. 1 de 19.
- Los últimos serán los primeros (1993). Compilador: Salvador Redonet. 6 de 37.
- El submarino amarillo. Cuento cubano 1966-1991 (1994). Compilador: Leonardo Padura. 3 de 25.
- La Isla contada (1996). Compilador: Francisco López Sacha. 4 de 20.
- Poco antes del 2000. Jóvenes cuentistas cubanos en las puertas del nuevo siglo (1997). Compilador: Alberto Garrandés. 0 de 20.
- Aire de luz. Cuentos cubanos del siglo XX (1999). Compilador: Alberto Garrandés. 7 de 59.
- Nuevos narradores cubanos (2000). Compiladora: Michi Strausfeld. 6 de 25.
- Cuento cubano del siglo XX (2003). Compiladores: Jorge Fornet y Carlos Espinosa Domínguez. 3 de 37.

Vale la pena que repitamos ahora la pregunta: ¿hacen falta antologías dedicadas exclusivamente a las autoras? Con esas cifras a la vista, mi respuesta es categórica: ¡Por supuesto que sí!

No voy a referirme a los cuentos recopilados en Making a Scene… como a "narrativa escrita por mujeres". Varias especialistas han comentado lo difícil que es señalar la diferencia única de la textualidad femenina. Virginia Wolf, Hélène Cixous e Eliaine Showalter, entre otras, se han preguntado si se trata de una cuestión de estilo, de género, de experiencia, o si es algo que se produce en el proceso de lectura. Y coinciden en que constituye una tarea escurridiza y demandante, un desafío que demanda respuestas formuladas con precisión y delicadeza. Es atendiendo a ello, que prefiero comentar el libro como lo que en mi opinión es: literatura a secas.

Lo primero que sorprende gratamente de este conjunto de narraciones es algo que Mirta Yánez anota en la primera parte de la introducción (la segunda pertenece a Verity Smith): el denominador común más notable de las catorce autoras es su especial concepción del realismo, que ensancha las fronteras de la vida cotidiana a través de la incorporación de lo sobrenatural y el absurdo. Hay asimismo un notorio predominio del humor y la ironía como claves compositivas, recurso que demuestra ser de particular eficacia para acercarse a una realidad tan terrible como la del llamado Período Especial (en ese ambiente se ubican los cuentos de Esther Díaz Llanillo, Nancy Alonso, Magaly Sánchez, Adelaida Fernández de Juan, Ana Lidia Vega Serova). Esto último lleva a Yánez a interrogarse acerca de si no estamos asistiendo a otro período de "años duros, pero visto ahora a través de la mirada femenina".

No inciden estas autoras —y es un mérito a reconocerles y a destacar— en esa visión marcadamente documental, cercana en ocasiones al periodismo, que ha dado lugar a una especie de retórica del Período Especial. Díaz Llanillo, por ejemplo, la elude a través de un tratamiento imaginativo y de la dosis de humor negro que incorpora en El gran golpe. Magaly Sánchez, por su parte, hace un homenaje a La Habana, en el cual, sin escamotear su deterioro, prefiere insistir más en los rasgos de belleza que aún conserva. Incluye asimismo el personaje de una jinetera, a la que, sin embargo, presenta en una escena inusual, al distanciarla —si se me permite tomar en préstamo el término al viejo Brecht— a través de un detalle de ternura. En Clemencia bajo el sol, de Fernández de Juan, aparece el tema de las relaciones entre los cubanos y los soviéticos que llegaron a la Isla, aspecto que nuestra narrativa apenas ha tratado. Tras la amistad que se establece entre una mulata habanera y una educada joven rusa que se narra en ese cuento, se puede leer, como apunta Smith, la macrohistoria del colapso de la URSS y de las repercusiones que ello tuvo en Cuba.


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