Actualizado: 10/12/2019 14:39
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Literatura japonesa, Literatura, Poesía

Cosa seria

A Ernesto Hernández Busto se debe Hoguera y abanico, la antología más amplia que hasta ahora se ha publicado en español de la obra de Bashō, el mundialmente célebre poeta japonés

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La frase con la cual he titulado este trabajo la empleaba Jorge Mañach para referirse a las obras que lo impresionaban por ser, en su modo y medida, obras sustantivas, hechas con una calidad y un rigor superlativos. Y cosa muy seria es la faena realizada por Ernesto Hernández Busto en Hoguera y abanico. Versiones de Bashō (Editorial Pre-Textos, Colección La Cruz del Sur, Madrid-Buenos Aires-Valencia, 2018, 456 páginas).

A propósito del empleo del término versiones, en lugar de traducciones, he preguntado a Hernández Busto la razón por la cual lo hace. Copio a continuación su respuesta:

“Dicho brevemente, mis razones para titularlo así son tres: defiendo la traducción de poesía como ejercicio propiamente poético: traducir un poema a partir de exigencias formales —y no simplemente traduciendo ‘lo que dice’— es rehacer ese poema, reproponerlo como «versión».

“En segundo lugar, las características del japonés (ejemplo por excelencia de lengua aglutinante), y de su tradición poética, convierten los poemas en posibilidades combinatorias, con más de un significado o traducción posible. Este rasgo, que suele estar presente en toda poesía, es en los haikus un componente estructural del impulso poético, digamos.

“Por último, hay cierto componente de modestia, de traductor que acepta sus limitaciones filológicas: llevo sólo cuatro años estudiando una lengua complejísima, y el japonés de esa época es complicado incluso para los propios japoneses; lo que hay en ese libro es una pretensión (más o menos lograda, ya lo decidirá el lector) de redescubrir a un clásico, para lectores que tenían una idea limitada.

“Esto último, además, es un rasgo muy japonés (y oriental, en general): no se defiende ni se tiene en gran estima la originalidad: lo importante es escoger un buen maestro, e insistir, insistir, una y otra vez, versionar hasta conseguir cierta maestría”.

Lo primero a resaltar en Hoguera y abanico es que no se trata de una antología más a sumar a las ya existentes, sino de la muestra más amplia que hasta ahora se ha publicado en español de la obra del mundialmente célebre poeta japonés. Si no he contado mal, Hernández Busto ha traducido tres renku y doscientos sesenta y cinco haikus —en su época, como él explica en el prólogo, este aún era el hakka, primera estrofa de un renku o poema colectivo de estrofas enlazadas. Bashō escribió aproximadamente un millar de poemas, de manera que esta muestra viene a hacer accesible a los lectores de habla hispana cerca de una tercera parte de su producción.

El libro se abre con un extenso, exhaustivo y bien documentado prólogo, en el cual Hernández Busto resume los conocimientos acumulados por él, que son muchos, acerca de Bashō y de las formas poéticas en las que se especializó. Son páginas que combinan contenido informativo, conocimiento del tema y claridad y en las que su autor incluso sostiene opiniones propias. Admite, por ejemplo, la indudable relación que el poeta tuvo con el zen. Pero sin negarlo, destaca que su empeño esencial no fue el religioso.

La parte final de la introducción la dedica Hernández Busto a exponer el criterio que siguió para realizar estas versiones. Acerca de los textos seleccionados por él, precisa en el prólogo que “no todos los poemas, ni siquiera todos los buenos poemas de Bashō, admiten una traducción que preserve aunque sea parcialmente su encanto poético. Así que el primer reto fue establecer un corpus lo bastante abundante para ser representativo, y lo bastante acotado para que el trabajo de las versiones conservara la calidad poética indispensable y no traicionara las complejidades del original”. A lo cual añade: “He leído varias veces la obra completa de Bashō y aún hoy tengo dudas sobre mi selección”.

Hernández Busto dice ser un estudiante perezoso del japonés, idioma que estudia desde hace apenas cuatro años. Y agrega que su competencia en él “es poco menos que rudimentaria”. Eso no impidió que, en determinado momento, se atreviera a hacer sus propias versiones de los poemas de Bashō. Su trabajo siempre tuvo como brújula la idea de que “esas versiones funcionaran como poemas en español, que el resultado final siguiera siendo poesía. Por esa razón, he preferido conectarme con la tradición de poetas que traducen a poetas: por mucho que algunas versiones de Octavio Paz, José Emilio Pacheco, Robert Hass, Paulo Leminski, Augusto de Campos, Cid Corman, Gary Snyder, Sam Hamill o David Young nos parezcan imprecisas o incompletas, siempre hay siempre en ellas algo de fulgor, de tensión verbal”.

Aparte de la versión en español de los poemas, Hernández Busto ha incluido el original japonés en ideogramas (kanji) con su transcripción romanizada, lo cual permite apreciar los juegos fónicos, la sonoridad y otras sutilezas formales. Esto ha de satisfacer por igual las expectativas del lector común y de aquel que tenga algún conocimiento del autor y del idioma. Asimismo, debajo de cada poema hay una nota, con comentarios literarios e históricos del traductor que ayudan a comprender mejor el significado del haiku y las razones por las cuales optó por tal o cual versión. En algunas ocasiones, incorpora en esas líneas lo que el propio Bashō expresó a propósito del poema, por ejemplo, dónde lo escribió y qué lo motivó a hacerlo. Y recoge además opiniones de otros especialistas y traductores, cuyas versiones reproduce. Hoguera y abanico lleva al final una bibliografía sobre Bashō, que además de libros acerca de él, recoge las versiones de sus poemas en inglés, francés, italiano, portugués y ruso consultadas por Hernández Busto.

Versiones límpidas y perfectas

Para que se pueda apreciar mejor lo que antes apunté, a continuación, copio uno de los poemas seguido de la nota que lo acompaña:

“Nieve nocturna…

No conciliaba el sueño:

culpa del sake.

“Invierno de 1686. Bashō pretendía irse a dormir temprano, pero la vista de la nieve cayendo en Fukagawa es tan hermosa que lo mantiene despierto. Ha querido alejarse de la vida mundana, pero extraña la compañía de sus amigos en esa noche de luna llena. Para otros comentaristas, el poeta, incapaz de conciliar el sueño, ha comenzado a beber sake en mitad de la nevada. Lo hace para poder dormir y aliviar su soledad, pero la bebida le provoca el efecto contrario. En el autorretrato, un reproche se mezcla con la resaca. Bashō no era un buen bebedor”.

Como se puede ver, el delicioso comentario ilumina los versos y aporta nuevos matices a su comprensión. Y, por supuesto, está la impecable calidad de la versión de Hernández Busto, límpida y perfecta, que mantiene la economía clara y esencial que caracteriza a esa manifestación estrófica. Juan Malpartida ha comentado que al traducir poesía, suele olvidarse que lo que se traduce fue escrito por poetas, “o mejor dicho: algo que, por su altura expresiva, hizo poetas a sus autores”. De ahí que sea una labor que no la puede realizar cualquier persona culta que conozca el idioma. “Traducir, concluye Malpartida, es una tarea que conlleva oficio literario e inspiración”.

Hernández Busto tiene ya sobradamente demostrada su experiencia y oficio literario, por ejemplo, en ensayos como Perfiles derechos e Inventario de saldos. Y en cuanto a inspiración, esa cualidad cuya existencia algunos cuestionan, ahí están sus incursiones en la poesía —Práctica mortal, Jardín de grava— como prueba de que también la posee. A eso hay que sumar su amplio currículo como traductor, que incluye libros de Ezra Pound, Joseph Brodsky, Eugenio Montale, Andrea Zanzotto y Valerio Magrelli, entre otros.

Todo ese bagaje ha cristalizado en las notables versiones de Hoguera y abanico. En ellas los poemas de Bashō han sido trasladados a nuestro idioma con perfección, fineza y limpidez, y preservan los atributos que los distinguen: su clara y esencial economía, su capacidad de combinar en tres versos sencillez y profundidad, la naturalidad de su lenguaje, su talento para atrapar un instante poético singular y absoluto (“Un haiku es simplemente lo que está sucediendo en ese lugar y en ese momento”, sostenía Bashō).

Leer al escritor japonés —y estas versiones, por si hiciera falta, lo vienen a confirmar— constituye siempre una experiencia gratificante y enriquecedora. Significa asomarse a la realidad a través de unos textos en los cuales pequeñez no significa pobreza, sino, por el contrario, complejidad, sabiduría y belleza concentradas. Se trata, es pertinente recordarlo, de una poesía que responde a una forma de vida y a una manera específica de ver el mundo. A manera de botón de muestra, copio un puñado de esos poemas:

“Unas hortensias

en ropa de verano:

colores claros.

***

“Ese discreto

arte de tocar fondo:

termina el año.

***

“Pez transparente:

si lo cojo en mi mano

desaparece.

***

“Nube y chubascos:

como un perro que mea

por el camino.

***

“El gato en celo:

por un hueco en la estufa

yendo y viniendo.

***

“Hasta la noche

se ha quedado despierta

viendo la luna.

***

“Parten las nubes,

igual que los amigos.

Migran los gansos.

***

“Día indeciso:

¿llega la primavera

o se va el año?”.

Ante Hoguera y abanico no hay, en suma, más remedio que acudir a los adjetivos superlativos. Como diría Jorge Mañach, ¿a qué la parsimonia cuando está el alma encendida de agradecimiento? Cuando llega el talento, hay que darle la bienvenida y dar la nueva a los cuatro vientos.