Actualizado: 21/11/2017 14:51
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Cosecha del 67

Aquel fue un año particularmente significativo para el cine cubano. Nuestra cinematografía se anotó lo que hoy llamaríamos su primer blockbuster

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El de 1967 fue un año particularmente significativo para el cine cubano. Hasta entonces, los largometrajes producidos por el ICAIC habían tenido una moderada acogida en el público nacional. La cifra más alta de espectadores la había alcanzado el año anterior La muerte de un burócrata. Pero con el estreno de Aventuras de Juan Quin Quin, nuestra cinematografía se anotó lo que hoy llamaríamos su primer blockbuster: hasta diciembre de 1990 era la película más popular, al haber sido vista por 3,2 millones de personas.

Aventuras de Juan Quin Quin marcó el regreso a la realización de Julio García Espinosa (1916-2016), quien después de El joven rebelde (1961) asumió la responsabilidad de organizar la producción del ICAIC. Para volver a ponerse detrás de la cámara, decidió adaptar la novela de Samuel Feijóo Juan Quinquín en Pueblo Mocho (1964). “La comicidad, frescura e ingenuidad de sus situaciones resultaron, desde el primer momento, muy contagiosas para nosotros”, comentó entonces el cineasta. Su idea inicial era hacer una traslación literal a la pantalla, pero tan abundante material habría dado una película de tres o cuatro horas. Al final, el libro se convirtió en fuente de inspiración del filme.

Lo primero que hizo García Espinosa, quien también firma el guion, fue alterar la estructura lineal de la historia, que fue dividida en dos planos: Juan Quin Quin en la guerra y Juan Quin Quin en la paz. Asimismo, fue necesario reducir los personajes principales y varias de sus características fueron concentradas en los que pasaron a ser los dos protagonistas: Juan Quin Quin y su amigo Jachero. Eso dio lugar además a que se crearan nuevas situaciones y también a que la narración no se atuviera a un orden cronológico. Así, al inicio vemos a Juan Quin Quin y su grupo guerrillero cuando están acorralados por el ejército de Batista, cuando quemaban cañaverales. Siguen luego unas secuencias correspondientes a la etapa anterior, cuando Juan Quin Quin era monaguillo y torero ocasional. El relato vuelve a la escena inicial, para presentar a Juan Quin Quin y sus amigos cuando tratan de romper el cerco de sus enemigos. Un tercer bloque narra cómo Juan Quin Quin conoció a su amada Teresa. Y en las escenas finales, conocemos cómo se formó el pequeño grupo guerrillero.

El principal hallazgo de García Espinosa es que parte de lo popular para emprender la búsqueda de una expresión cinematográfica mucho más elaborada. Su interés tiene que ver tanto con la historia como con la forma como la cuenta. El filme está realizado con un estilo heterodoxo. Se emplean globitos como los de los comics para visualizar los pensamientos de los personajes. En una escena, el protagonista se vuelve hacia la cámara y guiña el ojo al público. La acción se interrumpe con carteles chistosos. Son recursos brechtianos que rompen el posible naturalismo, aunque en este caso cabe hablar de un Brecht cubanizado. Con ellos, García Espinosa obliga al espectador a “salirse” de la trama y reflexionar sobre la realidad que le es mostrada. Es una manera de provocarlo y de despertarlo de su letargo habitual frente al hecho fílmico.

Al abordar la figura del guerrillero en clave de comedia, García Espinosa se apartaba de lo que hasta entonces era habitual en el cine cubano. Presentaba un héroe mayor en un género menor. Al respecto, él declaró: “Mi personaje es un pícaro pero no es un pícaro, es un héroe pero no es un héroe, y la película es de aventuras pero no es de aventuras”. Acerca de esto último, es pertinente apuntar que con ese osado tratamiento del material proponía una ruptura radical de los géneros populares al uso. Impugna desde dentro los tópicos del cine de simple entretenimiento. Lo deconstruye, pero no lo despoja de su encanto ni de su capacidad de fascinación.

Tras su estreno, fue sepultada en una bóveda

A la buena acogida que Aventuras de Juan Quin Quin tuvo entre los espectadores, debe haber contribuido la presencia de actores tan conocidos a través de la televisión como Julito Martínez, Enrique Almirante, Erdwin Fernández, Agustín Campos. Otro valor adicional fue el buen aprovechamiento de los escenarios y la luz natural que Jorge Haydú logró en la fotografía. Y está, en fin, la realización incisiva e ingeniosa de su director. Todo eso, sin embargo, no alcanza a explicar completamente la popularidad que tuvo el filme entre los espectadores, que aceptaron como habitual una manera de concebir el cine que no lo era. Esa paradoja la ha resumido muy bien Ambrosio Fornet, al comentar: “Aventuras de Juan Quin Quin es al mismo tiempo una divertida comedia de enredos y aventuras, apta para todos los públicos, y un tipo de cine que por su capacidad de parodiarse a sí mismo (…) ejerce una extraña fascinación sobre la crítica erudita”.

Aquel año llegó a las pantallas otra comedia, El bautizo, que disfrutó de una buena acogida del público, pero que poco después de su estreno dejó de proyectarse. Fue sepultada en una bóveda y engrosó la lista de películas fantasmas del ICAIC. Nunca más se exhibió en los cines, a excepción de un efímero pase en 1999. Después el crítico e investigador Luciano Castillo la proyectó, en octubre de 2009, en su programa de televisión De cierta manera. Con ese largometraje debutó en el cine de ficción Roberto Fandiño (1928-2009), quien antes había dirigido algunos documentales. Uno de ellos fue Gente de Moscú (1963), que no agradó al régimen soviético por su visión desprejuiciada, pesimista y poco edificante. Con aquella cinta, su realizador tuvo el primer roce con la censura, esa maquinaria que hasta hoy en la Isla sigue funcionando eficientemente.

El guion fue coescrito por Fandiño y Miguel Fleitas. Este ha contado que le comentó al primero que “tenía una idea para una película, una comedia basada en la realidad de aquellos años sobre las costumbres religiosas que persistían en la población y el surgimiento del ateísmo apoyado por la idea de un esquema falso del marxismo. A Fandiño le gustó el asunto y presentó a la dirección del ICAIC su fundamentación del proyecto, que fue aprobado, y comenzamos a realizar entre Fandiño y yo el guion”. Comenta que por esos años se habían filmado varias buenas películas que no habían tenido mucha aceptación entre los espectadores, razón por la cual la dirección del ICAIC decidió rodar varias comedias. Fue así como surgieron La muerte de un burócrata, Aventuras de Juan Quin Quin y El bautizo. Las tres, afirma Fleitas, tuvieron mucho éxito. Y “las colas en los cines permitieron que se recuperara la inversión económica de las tres producciones”.

Por su parte, Fandiño expresó en una entrevista: “Preparé mucho este paso al largometraje. Tuve tres semanas de prefilmación. Estudié plano por plano junto a Tucho Rodríguez, mi jefe de fotografía. Ensayamos buena parte de la película con los actores, y cuando no podíamos ensayar, estudiábamos sobre el papel los encuadres y las angulaciones de cámara”. La cinta fue rodada en su totalidad en Isla de Pinos, donde se ambienta la historia. Para interpretar a los numerosos personajes, se escogió un elenco donde figuraban los nombres más populares de la radio y la televisión: Enrique Almirante, Dulce Velazco, Asseneh Rodríguez, Julito Martínez, Eloísa Álvarez Guedes, Manela Bustamante, Manuel Estanillo, Teté Blanco, Alden Knight, Idalberto Delgado, Agustín Campos, Salvador Wood.

Hace pocos años volví a ver El bautizo y confieso que lo hice con bastantes prejuicios. Apenas la recordaba y temía que fuera una comedia mediocre, a la que seguramente el paso del tiempo había pasado factura. Quedé gratamente sorprendido al encontrarme con una película muy divertida y con méritos artísticos muy dignos. Las copias que hoy se venden en internet han permitido al público descubrir y disfrutar el hilarante estreno de Fandiño.

No delata su origen teatral

Para aquellos lectores que no han visto la película, que serán legión, apuntaré que se trata de una farsa acerca de la rivalidad que surge entre dos familias acerca de la elección de los padrinos para el bautizo de un niño. Cada una de las abuelas tiene sus candidatos y quiere imponerlos. “Pónganse de acuerdo, porque esto va a acabar mal”, les dice el padre del niño. Y así es: la discrepancia va subiendo de tono y el filme termina con un final apocalíptico. A partir de esa premisa, los guionistas idearon una simpática comedia que incorpora toques de humor negro, y en la cual no faltan las pinceladas satíricas y los dardos críticos.

Quiero reproducir parte de lo que Rosa Ileana Boudet escribió en su blog porque pienso que le hace justicia a la película: “Para ser la primera incursión del director en el cine de ficción, se sostiene por su trama, sus equívocos, su narración hilarante, su humor y capacidad para trabajar el exceso y bordear lo esperpéntico. Me gusta El bautizo tragicómico, el gusto por las ceremonias populares —velorio, bautizo, rapto, asamblea, procesión, retreta—, que toma del teatro bufo sus rasgos de brocha gorda pero también del cine norteamericano (filmes de gánsteres y westerns)”.

El tercer largometraje producido en 1967 fue Tulipa, el segundo que dirigió Manuel Octavio Gómez (1934-1988). Se basa en una pieza teatral de Manuel Reguera Saumell, quien antes había colaborado con el cineasta en la reescritura de los diálogos de La salación, su primera película. En una entrevista que le hizo Mario Rodríguez Alemán, poco después de que concluyera el rodaje, Gómez contó que en las primeras conversaciones el dramaturgo y él estuvieron de acuerdo en que no iban a hacer una simple adaptación del texto original, ni a trasladar fielmente una obra que, por las necesidades propias del teatro, desarrollaba toda la acción en la carpa de Tulipa. Optaron por conservar básicamente el argumento, y a partir del mismo crearon lo que se puede calificar como un guion original.

El hecho de que Reguera Saumell estuviese de acuerdo en no realizar un simple trasvase a la pantalla de su obra, así como el haber sido uno de los guionistas, beneficiaron de manera significativa la película, que en ningún momento delata su origen teatral. El tema sigue siendo el mismo, la lucha de la protagonista por vivir con dignidad y mantener sus valores como ser humano. Pero se le agregaron escenas y subtramas que lo enriquecen, sin que con ello el núcleo argumental se afecte ni se desvirtúe. Ejemplos de esas incorporaciones son el incidente del tarugo con la guardia rural, el sainete con que Beba debuta en el circo, la escena en el cementerio, la boda de la hija de Tomasa, el homenaje de despedida a Ruperto, el encuentro de Tulipa con Camelia.

Lo que se cuenta en Tulipa es, esencialmente, una historia humana verosímil y sensible, la de una mujer que tiene una profesión “inaceptable” y que, no obstante, convierte en centro de su existencia la lucha por conservar la dignidad. Tulipa vive orgullosa de haberse mantenido decente y haber transformado un espectáculo indecente en verdadero arte. Lo resume cuando expresa: “Quedarme en cueros, de eso nada. Siempre dejo algo sugerente, una pluma, algo artístico”. Es cierto que su público dista de ser el mejor y durante su actuación los espectadores acostumbran gritarle oprobios. Pero ella posee su técnica, y cuando ejecuta la Danza de los Siete Velos se olvida de ellos e imagina que está bailando para faraones y reyes.

Idalia Anreus, quien a partir de Tulipa pasó a ser uno de los rostros emblemáticos del cine cubano, contaba a su favor el haber interpretado en teatro el papel protagónico de Recuerdos de Tulipa. Ahora además el personaje estaba mucho mejor desarrollado y mostraba con más nitidez ese carácter contradictorio (buena y mala, generosa y egoísta, tierna y dura) señalado por Calvert Casey cuando comentó el montaje teatral. Gracias a eso, Anreus caracteriza a una Tulipa muy bien construida y rica en matices. Pero no sólo es ella quien realiza una magnífica labor. Gómez logró reunir a un elenco de campanilla, en el cual estaban Alejandro Lugo, Omar Valdés, Daisy Granados, Teté Vergara y, en papeles de reparto, José Antonio Rodríguez, Alicia Bustamante, Raúl Eguren y un jovencísimo Aramís Delgado. En cuanto a la dirección propiamente dicha, Gómez maneja el guion con sensibilidad e indiscutible conocimiento, y al plasmarlo en imágenes sabe darle el ritmo idóneo. Tulipa además está realizada con profesionalismo y con mucho respeto a las exigencias de la historia.

Tulipa no es una gran película, pero sí una buena película que se termina de ver con la grata satisfacción que deja el cine bien hecho. Posee el mérito de no descuidar la comunicación con el público, de tener siempre presente que el cine es, ante todo, espectáculo. Y entre todos los filmes cubanos rodados a partir de textos teatrales, es además uno de los mejor logrados. Una lista que es, por cierto, muy exigua.

Aventuras de Juan Quin Quin y El bautizo se pueden ver en YouTube.

Para ver Aventuras de Juan Quin Quin en YouTube haga clic aquí: https://www.youtube.com/watch?v=gjqgtARrtWc