Actualizado: 17/10/2017 10:31
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Massiel, Brecht, Música

Cuando Massiel cantó a Bertolt Brecht

Un disco en el que la cantante española interpreta baladas y canciones del dramaturgo y escritor alemán, permite descubrir una faceta escasamente conocida de su dinámica trayectoria

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Muchos cubanos han de recordar a Massiel, quien décadas atrás disfrutó de una gran popularidad tanto en su país, España, como en otros del ámbito hispano. En la Isla se dio a conocer en 1967, cuando actuó en el Festival Internacional de la Canción de Varadero. Entonces era una guapísima joven de veinte años y se ganó al público interpretando “Rosas en el mar”, del entonces novel compositor Luis Eduardo Aute. Luego nos llegaron otras grabaciones suyas, entre ellas aquel “La, la, la” con el cual triunfó en el Festival de Eurovisión al año siguiente. Y cómo no, también las que integraban la banda sonora de Cantando a la vida, una película que entre nosotros fue todo un éxito de taquilla. Posteriormente, sus canciones dejaron de programarse en la radio por razones nunca explicadas, como era costumbre en esos años. Su nombre fue incluido en la lista negra, al lado de artistas como Julio Iglesias, Raphael, José Feliciano, Camilo Sesto, Carlos Santana.

A lo largo de su carrera musical, que ella dio por concluida en 1996, Massiel alternó comercialidad con riesgo. En sus primeros discos se advierte una marcada apuesta por lo que entonces se conocía como canción protesta: “Aleluya no. 1”, “La moza de los ojos tristes”, “Deja la flor”, “A espaldas de mi pueblo”, “Mirlos, molinos y sol”, “Niños y hombres”, “Rufo el pescador”, “¿Y sabes qué vi?”, “Rosas en el mar”. Después, “La, la, la” vino a conectarla con un público poco interesado en el contenido de las letras y más amante de las melodías ligeras y pegadizas.

Y a propósito de “La, la, la”, tras el triunfo en Eurovisión las autoridades vieron la oportunidad idónea para utilizarla y hacer de ella la “niña del régimen”. A su regreso, le concedieron el Lazo de Isabel la Católica, reconocimiento que ella rechazó. Tenía claro que una cosa es ir a representar a España en Eurovisión y otra bien distinta permitir que hagan de ella un peón a las órdenes de los capitostes gubernamentales. “Me querían hacer la hija de España, pero los mandé a la mierda”, comentó Massiel años después. Aquella decisión le valió un año de veto en Televisión Española, entonces el único canal que existía.

En su discografía posterior, Massiel se decantó por un repertorio más comercial. Se lo proporcionaron compositores como José Luis Perales, Napoleón, Juan Pardo. Eso no le impidió incorporar temas de otros como Patxi Andión, Carlos Mejía Godoy y Pablo Milanés, y grabar discos como Massiel en México (1970) y Carabina 30-30 (1976), que desconcertaron a sus fans de España. En ellos, además de canciones de Antonio Aguilar, Víctor Yturbide, Ramón Ayala y José Alfredo Jiménez, incluyó varias rancheras, un género, al decir de Carlos Boyero, “muy adecuado para una señora cuya apariencia física y psíquica no hubiera desentonado montada a caballo y pegando tiros en la Revolución Mexicana”. Al referirse a la trayectoria artística de Massiel, Julián Molero ha comentado: “Tengo la impresión de que Eurovisión cambió para mal la trayectoria de una cantante llamada a ser la musa de la izquierda española y que se quedó nadando entre dos aguas en una piscina de indefinición, con ciertos ramalazos de capricho y dando justificaciones sobre su pasado que a pocos importaba y casi nadie le pedía”.

De todos los proyectos no comerciales por los cuales Massiel apostó, el más arriesgado fue el que la llevó a compartir escenario con un actor de sólida reputación en España y a cantar textos de un autor incómodo para el régimen franquista. Me refiero al espectáculo A los hombres futuros: Yo, Bertolt Brecht, estrenado el 4 de noviembre de 1970, en el Teatro Bellas Artes de Madrid. En el mismo, trabajó junto con Fernando Fernán Gómez, y ambos interpretaron canciones y poemas del célebre dramaturgo y escritor alemán.

Tuvo que aprendérselo todo nota por nota

La idea de realizar aquel espectáculo fue de Antonio Díaz Merat, un joven director que provenía del equipo de José Tamayo. A los hombres futuros… había sido estrenado en 1967, con el título de Io Bertolt Brecht, por la cantante italiana Milva, dirigido por Giorgio Strehler y producido por el Piccolo Teatro de Milán. Díaz Merat lo vio en Roma y decidió que iba a ser su primer trabajo como director. Le llevó dos años materializar su sueño, y al ser interrogado sobre la elección de Massiel como intérprete declaró: “Si hubiera tenido que seleccionar un cantante masculino, el problema sería grande. Hay muchos cantantes de calidad. Pero entre las mujeres apenas hay posibilidad de elección, y Massiel se presta, por su manera de ser, por su vitalidad, a lo que Bertolt Brecht quiere para sus poemas y canciones”.

Por su parte, Massiel comentó: “Yo tenía la misma tesitura de Milva, mezzosoprano, aunque tuve que aprendérmelo todo nota por nota, porque no sabía música”. Asimismo declar: “Aquel montaje me hizo doblemente feliz; me hizo aprender mucho, me dio disciplina, me demostró que podía con todo, con mi separación, con la presión de ser la «novia de España», con las dudas de mucha gente… Fue un salto mortal y caí de pie. Estaba segura de que podía hacerlo”.

Dos días antes de que le ofreciesen trabajar en aquel proyecto, se había casado con Luis Recatero, un médico que antes había incursionado con escaso éxito en la música. La cantante ha contado que la misma noche del ensayo general de A los hombres futuros…, su esposo la llamó por teléfono al teatro: “Me dijo que yo era su señora y que lo que tenía que hacer era dejar aquello como estuviera, irme a la casa y cenar con él”. Por supuesto, ella no tenía intención alguna de hacer lo que él pretendía, pero Fernando Fernán Gómez le advirtió que el buen señor la podía acusar por abandono del hogar conyugal. Llamaron entonces a un abogado y este se encargó de llevarla a casa de sus padres. Asimismo Massiel era entonces amiga de dos de los abogados del Proceso de Burgos, donde se juzgaba en juicio sumarísimo a dieciséis miembros de ETA, y eso, según ella, la llevó a pensar: “Si los fachas además se enteran de que me acabo de separar, se me van a venir a la puerta del teatro a llamarme puta y roja”.

Sin embargo, nada de eso sucedió. Los censores tampoco se atrevieron a prohibir el espectáculo, que se convirtió en la noticia de la temporada. Probablemente pensaron que iba a quedar mal y que ya los críticos se encargarían de destrozarlo. Pero ocurrió todo lo contrario. Los comentarios de la prensa fueron muy positivos e incluso entusiastas, y similar acogida tuvo el montaje entre los espectadores. C.L.A. (Cándido) escribió en el diario Arriba que “la sesión, de una singular dignidad, obtuvo un éxito memorable, y las ovaciones, los bravos y los gritos se prolongaron largamente”. Y en un texto sin firma aparecido en Pueblo, se leía: “Decir que Massiel cantando, y Fernando Fernán Gómez recitando ¡y cantando también!, obtuvieron un triunfo resonante, es decir poco. Todas las actuaciones transcurrieron entre vítores y bravos, y al final, ambos artistas saludaron en unión de realizador y colaboradores”.

Se publicaron críticas en los principales medios de la prensa escrita. Algunas además estaban firmadas por destacadas figuras. El historiador y ensayista Pedro Laín Entralgo empezaba su artículo comentando que durante dos semanas intentó infructuosamente conseguir entrada, y solo “la eficaz ayuda de un amigo generoso me ha permitido ver y oír la sensacional representación de poemas y canciones de Bertolt Brecht”. Asimismo en un comentario titulado “Brecht-Fernán-Gómez-Massiel: ¡Perfecto!”, la futura cineasta Pilar Miró expresó acerca del trabajo del actor: “Si hay que explicar a alguien quién es Bertolt Brecht y cuál es su teatro, creo que basta con oír a Fernán Gómez en «De la infanticida María Farrar». Si hay que demostrarle a alguien cómo es un actor, basta con ver a Fernán Gómez en «La balada del soldado muerto»”.

Y sobre la labor de la cantante, Miró anotó: “Me daba miedo que Massiel utilizara su mirada airosa, su postura desafiante, sus movimientos llenos de inquietud. ¡Pero qué lista eres, Massiel! Saliste al escenario con pasitos cortos, con los ojos bajos. No miraste al frente casi hasta el final de la primera canción, no utilizaste apenas las manos, ni el pelo…, solo la voz y la fuerza de una verdadera interpretación (…) Massiel arrojó su voz a los espectadores, demostró su capacidad de estudio, de posibilidades y de humildad. Esto, todo, ha merecido la pena. Merece la pena”.

Otras dos destacadas figuras, el escritor Terenci Moix y el crítico Ángel Fernández-Santos, también escribieron sobre el espectáculo. El primero lo calificó de sugerente y atractivo, y acerca de su concepción señaló: “La desnudez del escenario es total, el espacio ha sido dividido en dos tarimas, que irán ocupando en sendas intervenciones, Fernán Gómez, para el recitado, y Massiel para los cantables. Ha desaparecido toda concesión a unos trucos de luminotecnia que pudieran crear, sobre este espacio, una esperanza de ficción. Sin maquillaje, con los atuendos más austeros posibles, diríase que esos dos seres se han convertido de repente en dos actores improvisados… que niegan, al mismo tiempo, el mito del actor”.

Estremecidas versiones de esa poesía

Fernández-Santos parte de la pregunta qué es y qué no es teatro, y después de referirse a los escasos elementos que intervienen en el montaje (dos plataformas, un piano, un atril, un recitador, una cantante y un pianista), afirma: “Cada uno de estos ingredientes, ajeno de por sí al teatro, se pone en marcha: el pianista toca su instrumento; el recitador lee poemas; la cantante canta canciones. Nada de esto tiene que ver con la esencia del teatro. Pero el resultado de la mezcla es teatro puro”. Esa unanimidad de la crítica fue compartida incluso por dos representantes del ala más conservadora, como lo eran el dramaturgo Alfonso Paso y el crítico Lorenzo López Sancho.

Además de Massiel, Fernán Gómez y Díaz Merat, el equipo artístico incluía al dramaturgo Lauro Olmo, autor de las versiones de los textos, y al arreglista y pianista Agustín Serrano. El espectáculo se presentó en el Teatro Bellas Artes los miércoles por la noche, durante 13 semanas. Luego continuó en el también madrileño Teatro Fígaro y posteriormente sus intérpretes lo llevaron de gira por algunas ciudades de España. Tras eso, el actor y la cantante continuaron con sus respectivas carreras y A los hombres futuros… no se escenificó más.

Se presentó entonces la oportunidad de que aquel trabajo pudiera trascender y llegar, como su título sugería, a los hombres del futuro. En 1972, el poeta y novelista José Manuel Caballero Bonald propuso a Massiel grabar para la discográfica Ariola un álbum basado en el espectáculo, con ella como única intérprete. La grabación se hizo y salió muy barata, pues se realizó a partir de la primera toma. Lo integraban las diez canciones que Massiel interpretaba en el montaje: “Balada de María Sanders”, “Canción de la Moldavia”, “Jenny la de los Piratas”, “En la cama que estamos, estaremos”, “Surabaya-Johny”, “Canción de la mujer del soldado”, “Un caballo se lamenta”, “La muchacha ahogada” y “Balada de la comodidad” (“Balada de la explotación sexual” no fue autorizada por la censura). El disco se comercializó con el título de Massiel canta Bertolt Brecht. La portada reproduce el dibujo que el pintor Antonio Saura diseñó para el cartel del espectáculo. La cantante era amiga suya y le pidió que lo diseñara.

Para acompañar el disco, Caballero Bonald redactó un texto, en el cual expresó: “El dolor y la sátira, la esperanza y la desesperación, la crítica y la ternura, se alían en estas baladas y canciones, de tan universal significación para reflejar un mundo atribulado que la cantante nos transmite con una absoluta entrega emocional. Como pretendía alcanzar Brecht con su poesía, también Massiel procura mostrarnos ahora a través de sus estremecidas versiones de esa poesía el remozado y fraternal camino del «hombre del futuro»”.

Como era previsible, Massiel canta Bertolt Brecht fue bien valorado por la crítica, pero se vendió mal. En una entrevista, al ser interrogada sobre ello Massiel contestó: “No sé si se vendió bien o mal. Nunca me lo dijeron, ni a mí me preocupó. Solo quería que quedara”. Una propuesta musical como aquella solo podía ser comprendida por su antiguo público, aquel que la encumbró cuando ella interpretaba un repertorio de contenido social y combativo. En cambio, los fans de la Massiel eurovisiva debieron quedar desconcertados ante unas canciones de letras tan raras y con unas melodías difíciles de tararear.

Varios años después, Massiel quiso reeditar aquel trabajo, pero el vinilo estaba perdido. Afortunadamente, José Ramón Pardo, periodista español experto en música, lo encontró, y en 2007 aquel histórico disco vio de nuevo la luz. Esta vez, en formato de disco-libro, en el que, además del compacto con las diez canciones, se reprodujeron dieciocho artículos y comentarios acerca del espectáculo, además de varias fotos. Eso ha dado a Massiel canta Bertolt Brecht una segunda vida y a muchos de los admiradores de la cantante, la oportunidad de descubrir una página escasamente conocida de su dinámica trayectoria.

El hecho de que la grabación se hiciera después de concluir las presentaciones y la gira del espectáculo, benefició notablemente al disco. Massiel demuestra sentirse cómoda y segura, pues el rodaje dio a sus interpretaciones la medida justa. Como destacaron los críticos a propósito del montaje, acierta de manera cabal en el tono, el ritmo y las inflexiones de cada una de las canciones. Al servicio de estas, puso su magnífica voz, su poderosa personalidad, su clase interpretativa.

Como colofón, me parece oportuno citar estas palabras que pertenecen al texto escrito por Caballero Bonald: “El fondo y la forma de las canciones de Bertolt Brecht contienen magistralmente todos los requisitos que mejor podían adaptarse a las últimas conquistas de Massiel en la vertiente de la canción. Y a su vez, el gran poeta alemán encuentra en la cantante una intérprete plenamente identificada con el sentido de los textos cantados”.