Actualizado: 10/12/2018 18:40
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Hemerotecas, Bibliotecas, Museos

Del museo de efímeras noticias

Cumple su primer siglo de existencia la Hemeroteca Municipal de Madrid, una institución singular y modélica, que internacionalmente goza de un bien merecido renombre

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Jorge Luis Borges se refirió a los periódicos como “esos museos de efímeras noticias”. Pero son museos vivos, pues al cabo de los años volvemos a ellos con una atención mayor que la que en su momento concitaron. Tras una existencia brevísima —los diarios, expresó César Gonzales Ruano, “llevan en el tuétano de sus huesos la maldición del olvido”—, disfrutan de una segunda vida imperecedera e íntegra como documentos. El paso del tiempo los ennoblece, y los estudiosos e investigadores recurren a ellos como fuente histórica. Por eso las hemerotecas archivan en sus estanterías la esencia de la vida, y representan un precioso tesoro para la cultura, la docencia y la investigación.

Eso viene a cuento porque por estos días está celebrando su primer siglo el más importante centro hemerográfico de España, el más acreditado, solvente y prestigioso. Me refiero a la Hemeroteca Municipal de Madrid, una institución singular y modélica, que internacionalmente goza de un bien merecido renombre. Con motivo de tan señalada efeméride, se ha programado una serie de actividades —un ciclo de conferencias, otro de cine, visitas guiadas, la edición de un libro— que culmina este mes con la exposición Cuatro siglos de noticias en cine años, montada a partir de una selección de sus ricos fondos documentales.

La Hemeroteca fue fundada en 1916, pero empezó a prestar servicios el 19 de octubre de 1918. Su primera sede fue la Tercera Casa Consistorial, la Casa de la Carnicería, en la Plaza Mayor, anexa a la Biblioteca Municipal. Pronto aquella pequeña sala se quedó reducida para albergar los fondos y para recibir a los usuarios que acudían a consultarlos. Eso hizo que en 1922 fuera trasladada a un hermoso edificio mudéjar en la Plaza de la Villa. Allí estuvo hasta 1983, cuando pasó a ser ubicada en el restaurado Cuartel de Guardias de Corps (calle Conde Duque, 11). En el año 2011 fue mudada del segundo piso al patio norte, donde se encuentra hasta hoy.

La iniciativa de su fundación se debe al sueño de dos periodistas, Ricardo Fuente y Antonio Asenjo. Su sueño fue hecho realidad por Francisco Ruano, secretario del Ayuntamiento, quien procedía del periodismo. Fue de las primeras bibliotecas de su tipo del mundo, pues entonces la prensa no estaba muy valorada e incluso se cuestionaba como fuente para documentar la historia. En ese sentido, se puede afirmar que nació en una fecha pionera y supuso un paso de avance con sentido de anticipación. De hecho, hemeroteca era una palabra que no existía en nuestro idioma. Fue justamente gracias a una propuesta de esa institución que en 1935 la Real Academia Española incorporó a su diccionario ese neologismo, definido como “biblioteca en que principalmente se guardan y sirven al público diarios y otras publicaciones periódicas”.

El fondo inicial era de 900 volúmenes. Ruano y Asenjo viajaron mucho por Europa para recopilar ejemplares de periódicos y revistas. La Hemeroteca empezó a ser conocida fuera de España a partir, sobre todo, de que participó en la Exposición Internacional de Prensa, celebrada en la ciudad alemana de Colonia en 1928. En aquel evento, periodistas y bibliófilos de todo el mundo pudieron admirar sus colecciones. El sueño de sus fundadores de albergar publicaciones de todo el mundo tuvo que ser frenado en 1966. Los responsables de la institución se dieron cuenta de que no podían abarcar tanto y por imperativos materiales decidieron restringirse, con alguna excepción, a publicaciones de Madrid. No obstante, para entonces ya se habían acumulado y conservado valiosas colecciones de otras localidades de España, de Iberoamérica y de varios países europeos.

Más de cuatro siglos de publicaciones periódicas

En 1940 se inició el servicio de reprografía en microfilme, un aspecto en el cual la Hemeroteca es pionera en España. También lo fue en la apertura de la Sala de Lectura en Microforma, que empezó a funcionar en 1992. Eso fue posible porque en 1986 se comenzó la microfilmación sistemática de los fondos. Asimismo, las nuevas tecnologías han permitido que en 2008 se pusiera en marcha la digitalización del fondo antiguo que no está protegido por la Ley de Propiedad Intelectual. Eso facilita la consulta y difusión de esas colecciones a través de internet. En la actualidad, se ha incorporado la consulta a otras hemerotecas digitales y a prensa digital.

Las colecciones abracan más de cuatro siglos de publicaciones periódicas procedentes, aparte de España, de muchos países. En la actualidad, se conservan cerca de 250 mil volúmenes correspondientes a 25 mil títulos, que se hallan albergados en un sótano acondicionado para albergarlos. Las publicaciones se encuadernan para poderlas ubicar verticalmente y facilitar su consulta. La Hemeroteca es dirigida, desde hace veinticinco años, por Inmaculada Zaragoza y su equipo lo integran en total 40 personas. El horario en que presta servicios es de 9 am a 21 horas, y el acceso a su rico e insustituible patrimonio cultural es gratuito y libre, aunque los menores de 18 años deben ir en grupos con un profesor. Solo hubo un breve periodo después de la Guerra Civil durante el cual se exigían los datos a las personas que querían leer la prensa socialista o comunista.

Además de la sala de consulta, existe otra de lectura de la prensa del día. Las instalaciones están dotadas con los medios más modernos para cumplir eficazmente su noble e inestimable cometido. A eso hay que sumar la eficacia y la amabilidad con que atienden los empleados, lo cual contribuye a que trabajar allí se hace muy grato. De esto yo puedo dar fe personalmente, pues desde hace cerca de quince años acudo con frecuencia a consultar sus fondos con fines investigativos. En 2017, más de 4 mil usuarios usaron la Hemeroteca, y en 2015 se superaron las 192 mil descargas de la Biblioteca Digital Memoria de Madrid. El hecho de que la cifra de usuarios presenciales sea pequeña se debe a que con los servicios digitales no hace falta desplazarse hasta allí, puesto que se puede acceder desde cualquier país y a cualquier hora.

Para dar una ligera idea de los fondos que la Hemeroteca atesora, ordena y hace accesibles, apuntaré que posee obras impresas a partir del siglo XV, así como periódicos editados desde esa centuria. Son muy completas las colecciones españolas de los siglos XVIII y XIX, así como las de los periodos de la Restauración y las dos repúblicas. Igualmente valiosos son los fondos de la Guerra Civil. Durante aquel conflicto bélico, la institución tuvo dos sedes, en Madrid y Salamanca, y se dio la orden de guardar todo lo publicado en ambos bandos sin aplicar censuras. Gracias a las colecciones de Ayuda, Mundo Obrero y Frente Rojo, mucho más completas que las de la Biblioteca Nacional, quien esto escribe pudo reunir el material para la voluminosa compilación Un escritor en el frente republicano, que recoge los artículos escritos como corresponsal de guerra por Lino Novás Calvo.

En cuanto al capítulo de ejemplares raros, preciosos y únicos, hay que empezar por un incunable: Ad Bernardinum… in Panegyra Triumphi Granatensis, de 1490. Están también una carta de 1623 escrita por una señora inglesa a su marido, en la que lo exhorta a no dejar de confesar que es católico; las predicciones de la caída del Imperio Otomano (Viena, 1687); una colección de almanaques y pronósticos astrológicos, publicaciones muy en boga en el siglo XVIII; el último manifiesto del general Santa Anna y el parte oficial de la nueva elección a Presidente (México, 1847); el Journal de San Petersburgo, anterior a 1917; hojas sueltas de la propaganda electoral de 1931; y prensa antigua de Hispanoamérica, Francia y Alemania. Conviene decir que los fondos de la Hemeroteca incluyen, además de diarios y revistas, todas las formas de la cultura impresa: folletos, boletines, publicaciones unitarias, panfletos, manifiestos, hojas sueltas, carteles, bandos, pasquines, cartas, calendarios, pliegos, partituras, anuarios.

Una parte de nuestro patrimonio histórico y cultural

Aunque concentra su labor esencial en conservar y acrecentar sus fondos, la Hemeroteca también se ocupa de difundirlos. Eso se ha materializado en la edición de libros compilatorios, preparados a partir de las colecciones que atesora. Algunos de los títulos publicados hasta la fecha son: El póstumo disparate de Goya: La odisea de sus restos mortales (2001), Bodas Reales en Madrid (2001), Velázquez en la prensa española del siglo XIX (2002), Paliques (2003), de Leopoldo Alas “Clarín”, Ensayo de un catálogo de periodistas españoles del siglo XIX (2004), La Vida Contemporánea (2005), de Emilia Pardo Bazán, Platos del Día (2007), de Mariano de Cavia, y Murmuraciones (2007), de Emilio Castelar.

Tras leer lo que hasta aquí llevo escrito, seguramente muchos lectores y lectoras se preguntarán qué sentido tiene, más allá del puramente informativo, que en un diario de tema cubano se dedique un artículo al centenario de una institución española, por más prestigiosa que esta sea. La interrogante es justificada y paso a darle respuesta. En 1998, la Hemeroteca publicó el libro Publicaciones iberoamericanas de los siglos XVIII y XIX. Se trata de un catálogo de los fondos procedentes de esa amplia área geográfica que allí se conservan. Los países con mayor cantidad de registros son Argentina, México y Cuba y de los tres, es este último el que ocupa más páginas en el citado volumen. Así, que como se ve, los cubanos también tenemos motivos de congratularnos por los cien años de la Hemeroteca. En ella se conserva una parte de nuestro patrimonio histórico y cultural, y hay que decir que no puede estar en mejores manos.

Algunas de esas publicaciones han sido microfilmadas y las otras se pueden consultar en el ejemplar impreso. Entre las primeras se encuentran el semanario El Regañón (1831), la revista mensual La Cartera Cubana (1838-1840), el “periódico satírico y burlesco de costumbres y literatura” El Moro Muza (1854-1875), el semanario La Piragua (1856) y La Charanga (1857-18…), “periódico literario, joco-serio y casi sentimental, muy pródigo en bromas”. También está en microfilme el Diario de la Marina, del cual la Hemeroteca posee las ediciones de 1892 a 1940 (entre los planos futuros, se contempla la digitalización de ese periódico).

Entre las colecciones más valiosas, por su importancia documental, figuran las de la Gaceta de La Habana (1879-1898), el diario autonomista El País (1885-1897) y la “colección de los decretos y órdenes que han expedido las Cortes generales y extraordinarias desde su instalación el 24 de setiembre (sic) de 1810 hasta igual fecha de 1811”. La mayor parte de esas publicaciones son de La Habana, pero también hay otras editadas en Santiago de Cuba, Santa Clara, Sancti Spiritus, Camagüey, Sagua la Grande, Cienfuegos y Matanzas.

Es pertinente decir que este meritorio e impagable aporte a la conservación de esas publicaciones cubanas hecha por la Hemeroteca madrileña, no es el único. La Biblioteca Nacional de España ha incluido en su Hemeroteca Digital 22 diarios y revistas cubanos. Gracias a esa labor, desde cualquier parte del mundo se pueden consultar, descargar e imprimir el Papel Periódico de La Havana, Diario de La Habana, El Lince, Don Junípero, Revista de Avance, Álbum Universal, Nadie Parecía y Cuba Contemporánea, esta última la primera gran revista del pensamiento cubano. Por otro lado, en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica se puede acceder a algunos años del Diario de la Marina, y aunque no puedo dar información concreta sé que también hay otras publicaciones cubanas.

Y en Cuba, ¿cómo se ha conservado este rico patrimonio, esa biblioteca de la vida que son los diarios y revistas? Es un tema que duele y deprime, sobre el cual resulta impropio hablar en estas fechas prenavideñas. Limitémonos, pues, al propósito de estas líneas, que es felicitar a la Hemeroteca madrileña por su cumplesiglo.