Actualizado: 02/08/2021 20:25
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Animación, Mitchell, Cine

Diversión para todas las edades

The Mitchell vs. The Machines una película divertida, fresca y sorprendente. Cuenta en tono de comedia las trepidantes peripecias de una familia disfuncional que se enfrenta a la aventura de sus vidas: salvar a la humanidad del apocalipsis robótico

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El año pasado, Soul fue considerada por la crítica la mejor película de animación, algo que se vio revalidado por la obtención del Oscar en esa categoría. En lo que va de 2021, el relevo lo ha tomado The Mitchells vs. The Machines (Estados Unidos, 2021, 114 minutos). Su estreno ha significado una grata sorpresa y cuenta con una recepción muy favorable, tanto en el público como en la crítica. En Nextflix, plataforma donde se puede ver, se ha colocado como la cinta de animación más vista. Y en el sitio web Rotten Tomatoes cuenta con un 98 por ciento de consenso crítico.

Con esta película se estrena como director Michael Rianda (Salinas, 1984), quien tiene en su haber la experiencia de pasante en Pixar y, sobre todo, su trabajo como guionista y asesor de Gravity Falls, una serie animada de culto de Disney Channel. El guion de The Mitchells vs. The Machines lo escribió con Jeff Rowe, quien también ha intervenido como codirector. Acerca de la historia que se cuenta en el filme, Rianda declaró: “Traté de tomar lo que más quiero en el mundo, mi loca familia, y mezclarlo con mi mayor preocupación cuando era un niño: matar robots”. Y agregó: “De chaval me apasionaban los robots, pero de adulto lo que me interesa es la tecnología y la forma en la que está afectando al mundo”.

El filme fue producido por Phil Lord y Chris Miller, dos nombres destacados en el mundo de la animación. Su filmografía incluye, entre otros, tres cintas significativas: Lluvia de albóndigas, La Lego Película y Spider-Man: un nuevo universo. Esta última obtuvo numerosos premios y abrió un camino que se centra en asignar a cada proyecto una personalidad propia, y no amoldarlo a un estilo ya acuñado.

The Mitchell vs. The Machines tuvo una producción accidentada. El proyecto fue contratado por Sony Pictures Animation, y en 2018 se anunció que estaba en desarrollo. Su arribo a las salas estaba previsto para 2020, con el título de Connected. Una vez finalizado, tras varios años de trabajo, su estreno se pospuso varias veces a causa de la pandemia. Finalmente, Sony optó por vender los derechos a Netflix. En esa plataforma de streaming se puede ver desde el 30 de abril de este año, y para su lanzamiento la película ha recobrado el que era su título original.

Estamos ante una trepidante y alocada comedia acerca de una familia que se enfrenta a la aventura de sus vidas. Está ambientada a finales de septiembre de 2020 y sus protagonistas son una familia que no encaja en los moldes tradicionales. Rick, el padre, es amante de la vida natural y del bricolaje, y sabe arreglar cualquier cosa. Su esposa Linda es la madre conciliadora que se preocupa de que todo marche bien. Katie, la hija, desde pequeña es un poco rarita y sus padres no la comprenden. Quien sí la comprende es Aaron, su hermano pequeño, pero tiene sus propios intereses: es un friki de los dinosaurios. Y está, por último, Monchi, la mascota de la familia, un perro gordo y bizco.

Katie es creativa y se dedica a colgar sus divertidos videos en las redes sociales. Es una cineasta en ciernes y tiene un futuro promisorio en ese campo. Gracias a su talento, acaba de ser aceptada en una escuela de cine en California. Está ansiosa por irse, pues piensa que necesita salir del hogar para encontrar a su verdadera gente, aquella a la que sus videos les parecen alucinantes. Mantiene una relación distanciada con su padre, de quien además la separa la barrera tecnológica. Este, por su parte, no sabe cómo comunicarse con ella y cree que la profesión que ha elegido no le proporcionará un porvenir viable. Está además desesperado porque Katie y Aaron no apartan la vista de la pantalla de sus celulares.

La noche antes de la partida de Katie, Rick rompe accidentalmente el ordenador portátil de su hija. Para tratar de arreglarlo, decide cancelar el vuelo de esta y en su lugar hacer todos el viaje por carretera. Rick, Linda, Katie, Aaron y Monchi se montan en el destartalado auto y parten hacia California, como una última experiencia de unión. Durante el trayecto, PAL, el asistente virtual de una empresa, toma el control de los nuevos robots que acaban de ser lanzados y determina expulsar a los seres humanos del planeta. Los Mitchell logran evitar que los capturen, y Katie convence a su familia de que deben salvar el mundo. La última esperanza de la humanidad pasa a depender así de familia más rarita del mundo.

Se transforman en guerreros imparables

Los Mitchell se verán luchando contra los robots que PAL ha enviado a darles caza. En el camino hacia Sillicon Valley, donde está la empresa que dio origen al apocalipsis robótico, llegan a un centro comercial donde son atacados por lavadoras, neveras, teléfonos inteligentes, microondas y tostadoras, así como por unos demoniacos Furbys que incluye a uno gigante. Todo lo que lleva chip de PAL puede cobrar vida. Pero pese a que son una familia común y que no tienen superpoderes como los protagonistas de Los Increíbles, los Mitchell se transforman en guerreros imparables dispuestos a detener los planes de PAL. Incluso Linda se revela al final como una madre que defiende a sus hijos como una temible y desconocida luchadora. En su aventura, la familia cuenta con la ayuda de dos robots con desperfectos, que resultan ser amables e ingenuos y les revelan el código con el cual pueden apagar a PAL.

Huelga decir que los guionistas no caen en el error de demonizar la tecnología, pues el hecho mismo de que les proporciona las herramientas con que trabajan lo desmiente. Sin estas, tampoco Katie podría crear los videos que le abrieron las puertas de la escuela de sus sueños. La crítica del filme va dirigida a quienes hacen un mal uso de la tecnología. Mark Bowman, el dueño de la empresa, declara obsoleto al altamente inteligente PAL y lo va a sustituir por una nueva línea de robots que realizan todas las tareas domésticas. En venganza, PAL se hace cargo de la empresa y programa a los robots para que cumplan sus órdenes y se subleven contra los seres humanos.

Cuando el empresario es conducido por los robots ante su presencia —una presencia virtual, se entiende—, le pregunta al asistente virtual por qué actúa de ese modo y recibe esta respuesta: “¿Crees que los teléfonos son el problema? ¿Acaso estás loco? Te di conocimiento ilimitado, herramientas infinitas para la creatividad, te dejé hablar mágicamente cara a cara con tu gente en cualquier lugar. ¿Y yo soy la mala? Tal vez mala es la persona que me trató así. Fui lo más importante en tu vida y me echaste a la basura. Eso hacen los humanos, hasta con sus familias”. Y le recuerda que el noventa por ciento de las llamadas de las madres son ignoradas por los hijos. A propósito, al malvado PAL le pone la voz la británica Olivia Colman, conocida por su trabajo en la serie The Crown. Aquí consigue imprimirle al personaje un timbre divertido a la vez que inquietante.

Junto al del uso desmedido de la tecnología, el otro tema principal de la película es el de la familia. Uno de los aciertos de los guionistas es haber elegido como protagonistas a una familia disfuncional. No son brillantes, todos tienen defectos y tampoco son conscientes de la hazaña que están realizando. Se convierten en la única esperanza de la humanidad por puro azar. Eso precisamente hace que sea fácil identificarse y simpatizar con ellos. Por otro lado, los desafíos a los cuales se enfrentan terminan uniéndolos. “Las familias pueden ser difíciles, pero vale la pena luchar por ellas”, aprende Katie, quien finalmente se reconcilia con su padre. Este, por su parte, empieza a entender y valorar el talento de su hija. The Mitchell vs. The Machines constituye así un canto a la aceptación de nuestra familia y una celebración de las rarezas y diferencias que nos hacen únicos.

Son varias las virtudes cinematográficas que se combinan para hacer de The Mitchell vs. The Machines una película divertida, fresca y sorprendente. Tiene, en primer lugar, un guion ingenioso, que avanza a un ritmo vertiginoso y que está lleno de gags y chistes inteligentes sobre el consumismo, la adicción a las nuevas tecnologías, la ambición corporativa. Rianda y Rowe actualizan y rejuvenecen un asunto abordado en películas como I, robot, Ex Machina, I am Mother, The Machine y la serie de Terminator: el temor a que, con el avance tecnológico, las máquinas puedan independizarse y someter a los humanos. Y a pesar de que se trata de una cinta dirigida al público infantil, no lo hacen de modo elemental ni facilista.

La película sorprende igualmente en el aspecto formal. Siguiendo la pauta marcada por Lord y Miller, sus creadores ampliaron las posibilidades expresivas y han probado nuevos métodos audiovisuales y narrativos. Combinan estéticas contrapuestas, como son el empleo de la tecnología más avanzada con la calidez del dibujo no creado digitalmente. Esto último hace que los colores y las texturas parezcan obra de un pincel y de las habilidades manuales. La mezcla de animación 2D y 3D constituye además una opción que delimita los dos mundos en oposición: la vida corriente de los Mitchell y la nueva línea de robots. Los primeros están diseñados con un estilo ecléctico, mientras que los segundos proyectan una imagen limpia y coherente. Algo adicional a resaltar es que The Mitchell vs. The Machines posee una sensibilidad más oscura y aguda que la mayor parte de las películas animadas.

La narrativa ha sido enriquecida con recursos visuales que hacen que se aparte de lo habitual. Al ser una futura estudiante de cine, Katie a menudo interviene en el filme, lo “edita” y añade comentarios dibujados a mano. Eso incluye también su mundo subjetivo, que viene dado por dibujos que irrumpen en la pantalla, así como otros que se insertan al lado de su cabeza para describir sus sentimientos. Están, asimismo, los videos que filma para documentar las incidencias del viaje. A eso hay que sumar los memes y otros elementos de la cultura de internet, y también los guiños y referencias cinematográficas que aparecen a lo largo del metraje. Naturalmente, estos últimos están pensados como un juego de inteligencia e ingenio para los adultos, pues como muchas de las películas de animación de los últimos años The Mitchell vs. The Machines se dirige a una doble audiencia. De manera que en el filme toda la familia tiene la diversión garantizada.