Actualizado: 22/05/2024 18:46
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Literatura, Literatura cubana, Novás Calvo

Efemérides para el recuerdo

El 2023 es especialmente propicio para rememorar a Lino Novás Calvo. Este mes se cumplen 120 años de su nacimiento. También se cumplen 90 de la salida de su primera obra narrativa y 40 de su fallecimiento

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Alguna vez he comentado que para recordar a nuestras figuras eminentes no es imperioso aguardar a que se cumpla una efeméride señalada o que haya un motivo que lo justifique. Cualquier ocasión es buena para hacerlo. En el caso de Cuba, eso es además algo sumamente necesario, pues se ha hecho una burda reescritura de nuestra tradición histórica y cultural para acomodarla a los intereses ideológicos de quienes desde hace más de seis décadas ocupan el poder de la nación.

Sobre Lino Novás Calvo he escrito varias veces en este diario, y las razones por las cuales vuelvo sobre su obra no hace falta que las explique. Esta vez, sin embargo, reincido porque el 2023 es especialmente propicio para recordarlo. En primer lugar, el 24 de este mes se van a cumplir 120 años de que viniera a este mundo. De acuerdo a la partida de nacimiento, fue inscrito por su madre, María Calvo Rego, con el nombre de Lino Gonzalo. Declaró que era hijo natural, no reconocido por el padre. Una nota adicional fechada el 2 de enero de 1909 hace constar que Lorenzo Novás lo declaró como hijo suyo.

Su familia era de procedencia humilde. Vivía en Grañas do Sor, una parroquia de Galicia perteneciente al municipio de Mañón. Ese mundo Novás Calvo le reflejó después en algunos de sus cuentos, que tienen mucho de exorcismo de las vivencias y los fantasmas de su infancia. En “La primera lección” recrea parte de lo que fue su existencia en la niñez. Al igual que él, su protagonista es hijo de una costurera que ha sido abandonada por el hombre que es su padre. Anda descalzo, los pantalones enrollados sobre las rodillas, y está siempre hambriento. Tiene ocho años y desde los cinco se dedica a las mismas tareas que los otros niños del lugar: pastorear vacas, arar y cultivar la tierra para ayudar a su familia, tan pobre como el resto de las que viven en aquel apartado sitio de la Galicia profunda. Es este una aldea triste, que “tenía siete casas, todas en línea, de piedra en bruto, sin pintura y sin cristales”.

Como no estoy haciendo un resumen de la biografía de Novás Calvo, se me permitirá que dé un salto en el tiempo hasta 1933. Ese año debutó en España como escritor con El negrero, de cuya salida ahora se cumplen, por tanto, nueve décadas. Aunque empieza como una biografía al uso (“Pedro Blanco nació en la Paz de Basilea”), es significativo que omita la fecha en que el personaje vino al mundo. Novás Calvo marca las diferencias con las biografías tradicionales desde el subtítulo del libro: Vida novelada de Pedro Blanco Fernández de Traba. Ahí anticipa su doble propósito de ceñirse a hechos fidedignos y, a la vez, tomarlos como punto de partida para la fabulación y el despliegue imaginativo.

Muchos años después, esa vía será retomada desde otros presupuestos por autores hispanoamericanos como Alejo Carpentier (El Siglo de las Luces), Abel Posse (Daimon, Los perros del paraíso), Gabriel García Márquez (El general en su laberinto) y Tomás Eloy Martínez (Santa Evita). Conviene resaltar, asimismo, que El negrero se anticipa a novelas como Yo, Claudio y Claudio, el dios, y su esposa Mesalina, de Robert Graves, Los Idus de marzo, de Thornton Wilder, Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, y Las confesiones de Nat Turner, de William Styron, en las cuales la perspectiva del historiador y del novelista confluyen en “la imaginación histórica”.

Añade una dosis considerable de magia

Novás Calvo aborda la novela histórica a partir de una concepción más dinámica y flexible, que le permite participar a la vez de la amenidad y el vértigo fabulador de la narrativa y del rigor de la investigación documental. Inauguraba así un modo peculiar de asumir ese género: en lugar de atenerse a la poética realista tradicional, que trataba de conservar la mayor fidelidad a las figuras y los acontecimientos históricos, añade una dosis considerable de magia, así como personajes y situaciones insólitos. Su acierto es lograr que estos se integren armónicamente al cuerpo del discurso. Esa reescritura de la historia desde la ficción se materializó en un libro hermoso y terrible, que al mismo tiempo que es un puñetazo a la conciencia, constituye una fascinante novela de aventuras.

Coincidiendo con los noventa años de que viese la luz por primera vez, la Editorial Verbum ha publicado una nueva edición de El negrero. Se diferencia de las anteriores en varios aspectos. En primer lugar, es rigurosamente fiel a la original de 1933, que su autor debió de revisar por residir entonces en Madrid. Eso ha permitido restituir cambios no autorizados que se hicieron en ediciones posteriores. Por ejemplo, se agregaron comas y en otros casos fueron utilizadas para reemplazar los paréntesis, que eran uno de los tics estilísticos de Novás Calvo. Asimismo, se han incorporado unas cuantas notas que proporcionan información histórica, geográfica y de otros campos que contribuyen a una mejor comprensión del texto.

El antes mencionado cuento “La primera lección” forma parte de La luna nona y otros cuentos (1942), que al año siguiente fue galardonado con el Premio Nacional de Literatura, convocado por el Ministerio de Educación. Es decir, que de ese significativo hecho se cumplen ahora ochenta años. No era, sin embargo, el primer reconocimiento recibido por Novás Calvo. En 1942 se convocó por primera vez el Premio Hernández Catá, que le fue adjudicado a él por “Un dedo encima”. A esos dos lauros se sumó después el Premio Juan Gualberto Gómez, el más importante en el campo del periodismo que se daba en Cuba. Lo mereció por su artículo “América sin patitos feos”. Otro trabajo suyo, “Guerra de nervios en Santa Lucía”, le reportó en 1948 el Premio Eduardo Varela Zequeira.

En La luna nona encontramos algunos de los mejores cuentos de su autor: “Aquella noche salieron los muertos”, “En las afueras”, “La luna nona” y el antológico “La noche de ramón Yendía”. Salvador Bueno hizo notar que hasta la publicación de La luna nona y Cayo Canas, el desarrollo del cuento en Cuba había seguido un ritmo pendular entre dos polos opuestos: el localismo y el cosmopolitismo. Novás Calvo se desmarca de esa división antagónica y logra que ambas tendencias alcancen en su obra un equilibrio admirable.

Al tratamiento de los principales asuntos por los cuales se interesó, añade el dado por él a los personajes, el habla popular y los contextos socioculturales. Gracias a ello, en sus cuentos lo que domina no es lo típico ni lo pintoresco. Pero lejos de distanciarse de su circunstancia inmediata, consiguió una visión más aguda y plena de la realidad de la Isla. Supo conjugar el sentido universal con lo que Pedro Henríquez Ureña llamó el espíritu y el sabor de la tierra de los que se ha nutrido el artista. Al referirse a La luna nona, Francisco López Sacha comentó que aquel libro se convirtió en “la puerta que abre todos los caminos”.

Regreso a la docencia

En septiembre de 1960, Novás Calvo optó por salir de Cuba y llegó a Estados Unidos, donde residió hasta el fin de sus días. Al año siguiente, empezó a circular Bohemia Libre, con el mismo formato y la misma periodicidad que la revista que existía en la Isla. Se incorporó a su equipo como uno de sus subdirectores. Se reencontró así con colegas como Antonio Ortega, Andrés Valdespino y Agustín Tamargo. Desempeñó ese cargo hasta abril de 1964. Después pasó a trabajar en Vanidades, una publicación orientada al público femenino que dirigía su esposa Herminia del Portal.

La compra de Vanidades por una empresa venezolana lo llevó a buscar un nuevo empleo. Lo encontró en la docencia, una actividad realizada antes por él (en los años 40 enseñó en la Escuela Normal de Maestros de La Habana). En 1967 se incorporó como profesor visitante al Departamento de Lenguas Romances de Syracuse University. Dio clases de español, así como cursos de literatura hispanoamericana sobre temas como la poesía postmodernista y la nueva novela latinoamericana. En 1974 se jubiló con el título de Profesor Emérito. Ese año, la universidad organizó un coloquio en su homenaje, en el cual ocho académicos leyeron estudios sobre su obra narrativa. Creó además la Lino Novás Calvo Memorial Lecture Fund, como otro modo de recordar a aquel profesor sencillo y de voz apacible que fue muy querido por sus estudiantes.

En diciembre de 1973, Novás Calvo había sufrido una trombosis cerebral de la que no se recuperó. Desde 1978 pasó a vivir en el Florence Nightingale Nursing Home. Nunca más pudo escribir, aunque sí recuperó una vieja afición: la pintura. De esa última muestra de su energía creadora surgieron varios cuadros, que fueron exhibidos en el Pratt Institute. Uno de ellos fue escogido para la exposición itinerante Images of Experience: Untutored Older Artists (1981). Aparece reproducido en la portada del catálogo, y en el interior se incluyen unas palabras sin firmar sobre él (su apellido aparece invertido). A ese texto pertenece este fragmento que he traducido:

“Calvo-Novas comenzó a pintar en el Home como alternativa a la inactividad. Mientras estudiaba seriamente el dibujo de figuras, también comenzó a hacer caricaturas de amigos y conocidos, así como de figuras políticas e históricas famosas. A menudo añadía comentarios irónicos en las zonas en blanco de los dibujos. A esta obra le sucedió un estilo que está representado en la exposición: pinturas que enfatizan los aspectos humorísticos y voluptuosos de los sujetos. El artista encuentra refuerzo para su elección poco ortodoxa de temas en las numerosas pinturas de figuras desnudas en los libros de arte. La capacidad de Calvo-Novas para crear la imagen de un modelo suele ser bastante notable. Su manera de definir la forma con muchas pequeñas pinceladas constituye su solución al desafío de expresar el volumen en dos dimensiones”.

Hace cuatro décadas, el 24 de marzo de 1983, falleció aquel hombre nacido en Galicia ochenta años atrás, y a quien, como apuntó Guillermo Cabrera Infante, sin saberlo su madre envió para que se convirtiera en un gran escritor cubano.