Actualizado: 17/04/2024 23:20
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El contagio del bacilo griego

Con Jardín de héroes, una reescritura de la historia de los Atridas, Yerandy Fleites Pérez ha logrado un texto de singulares valores

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ORESTES. Frente a la casa, podríamos hacer un jardín para que corran
tus hijos y los míos. Guardaremos el secreto de familia en el jardín.
Sembraremos Euménides de todos los colores, y habrá una nueva especie
de flor que llamaremos “héroes”. ¿Te imaginas? Un jardín lleno de Ulises,
Hércules, Aquiles, Héctores, Agamenones. Y un día llegará en que uno
de nuestros hijos se robe un Ulises para regalárselo a su novia.
Yerandy Fleites Pérez, Jardín de héroes

Una escena de la obra teatral Jardín de HéroesFoto

Una escena de la obra teatral Jardín de Héroes.

Cuando estrenó en 1948 Electra Garrigó, Virgilio Piñera en realidad se incorporaba a una corriente de nuestras letras que venía de mucho más atrás, y que se basa en la recreación de mitos y modelos griegos. Comenzó, como bien ha apuntado Cintio Vitier, con la cubanización de la épica en Espejo de paciencia, en donde sátiros, faunos, silvanos, náyades, dríades y centauros salen a recibir con regocijo al obispo rescatado y le ofrecen guanábanas, caimitos, mameyes, biajacas, iguanas, jutías y bateas de flores. Prosigue después con varia fortuna con la adaptación al estilo criollo del romance (Domingo del Monte), la égloga y la fábula (Plácido) y la anacreóntica (Joaquín Lorenzo Luaces). Y aunque esa corriente no ha dejado de manifestarse de vez en cuando en la literatura (ahí están, para mencionar ejemplos más recientes, los poemarios Electra, Clitemnestra y Hemos llegado a Ilión, de Magali Alabau), es en los escenarios donde su presencia ha sido más notoria y visible. Medea en el espejo, de José Triana, Los siete contra Tebas, de Antón Arrufat, Medea sueña Corinto, de Abelardo Estorino, Las hetairas habaneras, de José Corrales, y Medea, de Reinaldo Montero, son títulos que lo confirman.

El último más recientemente contaminado por lo que Piñera llamó “el bacilo griego” es Yerandy Fleites Pérez (Ranchuelo, 1982). El año pasado el Estudio Teatral La Chinche, de Santa Clara, estrenó su pieza Jardín de héroes, montaje que coincidió con la publicación del texto (Casa Editorial Abril, Premio Calendario, Ciudad de La Habana, 2009). Aunque su título no permite deducirlo, se trata de una revisitación del mito de los Atridas, el mismo al cual acudió Piñera para crear su Electra Garrigó. No es, sin embargo, la primera obra de Fleites Pérez. Antes había escrito El gallo electrónico, Un bello sino (Premio José Jacinto Milanés) y Antígona. Las dos últimas forman parte, junto con Jardín de héroes, de una tetralogía sobre heroínas griegas (Un bello sino recrea la figura de Medea). Ese proyecto se completará con una pieza sobre Antígona, y según ha adelantado su autor será un drama satírico.

¿Qué ha llevado a este joven dramaturgo a interesarse de ese modo por unas historias que surgieron hace ya varios siglos? Ésta es la respuesta que ha dado él: “Los materiales griegos son documentos muertos, hay que dinamitarlos, contemporaneizarlos a través de una mirada actual. Cuando veo o leo teatro prefiero que el autor me haga un cuento y por eso me gusta hacerle un cuento al espectador de mis obras. Para eso sí son fascinantes las historias de los griegos, con estructuras como las de Antígona, Medea, Electra e Ifigenia”. Es discutible su afirmación de que esos textos son documentos muertos. Un clásico, expresó Italo Calvino, es una obra que nunca termina de decir todo lo que nos tiene que decir. Algo que no se podría aplicar a un texto muerto. Por otro lado, es difícil encontrar reescrituras de obras mediocres. Reescribir entraña admiración y respeto por parte de quien acomete esa labor. Y, en fin, como autores perdurables, los clásicos arropan múltiples lecturas y reinterpretaciones y, por lo tanto, múltiples reescrituras. Pero es sólo un comentario colateral, pues el objeto de estas líneas no es polemizar con Fleites Pérez, sino comentar la edición de su Jardín de héroes.

Portada del libro Jardín de HéroesFoto

Portada del libro Jardín de Héroes.

Ya desde las primeras páginas el elector intuye que la escritura de Fleites Pérez no va a transitar por caminos convencionales. A modo de exergo, entre otras citas aparecen textos pertenecientes a otras versiones de la historia de los Atridas. A ellas, el autor incorpora una tomada de Jardín de héroes. Con ello inscribe su obra en una tradición a la cual viene a sumarse, y además declara su propósito de establecer un diálogo con algunas de esas obras. La siguiente sorpresa la tiene el lector al encontrar que en la lista de personajes, éstos van acompañados por unas especificaciones poco usuales. Sobre Orestes, por ejemplo, se dice que es “dos o tres años menor que su hermana Electra. Flaco, alto, de ojos saltones, pelado bajito, con mucho acné en la frente, en los cachetes. Tiene esa mirada vacía de quien le debe algo al mundo”. De Electra se apunta que “tiene algunas pecas en el rostro, que según ciertas fuentes salen por negar a su madre, por maldecir”, pero que “la hacen muy pícara, más interesante —debieron ponerle Camila y no Electra”.

A eso siguen la primera acotación, redactada en similar estilo, y el primer parlamento, un monólogo de Clitemnestra: “Ignórala, Egisto. Ignórala. Hazte la idea de que no existe, que no conoces a nadie con ese nombre, esa nariz y esas pecas. Déjala que hable, que diga lo que le venga en ganas. ¿A quién le importa? Ignórala. Si la ves por aquí, corre tú por allá. Si la ves venir por allá, hazte invisible: ignórala. No dejes que te saque de paso. Amárrale las manos a la espalda, pero no le des oportunidad de morir. Tampoco le des la espalda, ¿eh? No le des ni golpes, ni pan, ni agua. Mejor condénala al anonimato. Date cuenta, como buena Atrida, busca la celebridad, necesita una muerte. Que no sea su piel la que sirva de alfombra a las nuevas generaciones, por favor. (Tiempo.) Eso es, ignórala. Deja que poco a poco su amargura la cocine, como el limón al bistec. Pero tú no, amor mío, mantente intacto. Tú, ignórala a ella y a sus palabras, ¡qué digo!, a sus groserías”.

Centra su atención en los jóvenes

No conozco las anteriores obras de Fleites Pérez. Eso me priva de poder comentar cuál ha sido la evolución experimentada por su escritura desde obras de como Partagás y El gallo electrónico, que constituyen sus primeros tanteos como dramaturgo (la segunda fue representada en una de las ediciones del Festival Elsinor, que se realiza en el Instituto Superior de Arte). En todo caso, Jardín de héroes denota un nivel de calidad y una madurez que se dan con poca frecuencia en un autor tan joven. Asimismo, en lugar de lanzarse al folio en blanco, Fleites Pérez ha asumido el riesgo de reescribir lo ya escrito, sin temor a las inevitables comparaciones. Su acercamiento al mito griego ha cristalizado en una obra densa e incisiva, que posee profundidad y también desenfado, y que alcanza una extraña combinación de universalidad y cubanía.

Al igual que en sus otras dos obras dedicadas a heroínas griegas, aquí Fleites Pérez centra su atención en los jóvenes. Si en Un bello sino Medea es una muchacha y en Antígona la protagonista es una estudiantede un instituto tecnológico, en Jardín de héroes Orestes y Electra son adolescentes, mientras que El Mensajero “tiene, además de un buen corazón, dieciocho años”. Eso le da pie al autor para proponer un debate sobre cómo las nuevas generaciones asumen su participación en la Historia y su responsabilidad con el porvenir. Ese tema además está ligado a la desacralización del heroísmo como práctica, a la reducción del destino manifiesto del héroe trágico. Incluso los propios mitos son cuestionados y los personajes hasta llegan a burlarse de ellos:

“CLITEMNESTRA. Son malos presagios. ¿Has visto la nata de peces muertos que flota en el río? Desde hace más de diez días no corre el agua.

ELECTRA. Porque no llueve.

CLITEMNESTRA. Son peces muertos y no apestan.

ELECTRA. ¿Una nueva variedad? Ya apestarán, en la ciencia no se ha llegado tan lejos.

ELECTRA. ¿Y las Euménides? ¿No viste mi hermosa mata de Euménides lo fea que se ha puesto? Parece de Erinias.

ELECTRA. Dile a Egisto que no orine más de noche sobre ella, que para eso hay un baño”.

Varios son los aspectos y detalles que diferencian Jardín de héroes tanto del original griego como de las otras recreaciones que se han escrito. Aquí, por ejemplo, se ha eliminado el personaje de Agamenón, pues cuando se inicia la obra ya ha sido asesinado por Egisto. Sin embargo, el cambio más importante es de orden conceptual. Los personajes se niegan a ser héroes y se rebelan ante su irreversible destino. Orestes reconoce que no entiende mucho de héroes, y ante el reclamo de Electra de que debe matar a Clitemnestra, protesta: “¿Por qué tendría que matar a una mujer por una cochina superstición?”. Y expresa: “Soy un hombre común. Quiero hacer mi vida a mi manera, sin que ningún hado ni ninguna estupidez de ésas decida por mí”. Electra es la única que exige el heroísmo e insiste en que la tragedia se cumpla. Pero al final se resigna, pues se da cuenta de que no puede reclamar a los demás lo que ella es incapaz de hacer.

Otra escena de la obra premiadaFoto

Otra escena de la obra premiada.

Antes aludí a la cubanía de la obra. Es oportuno aclarar en ese sentido que la cubanización de la historia griega no está hecha mediante los estereotipos y los lugares más comunes. Fleites Pérez elude la preocupación que pone Piñera en ubicar la acción en un contexto criollo que el espectador pueda reconocer. Para acercar a éste la obra, se vale más del uso de un elemento como el choteo. No obstante, emplea un humor inteligente, irónico, que no busca la risa fácil, sino la reflexión. De igual modo, Fleites Pérez incorpora detalles de algunas de las versiones anteriores. Clitemnestra cuenta a Electra un sueño en el cual aparece una frutabomba partida en dos, referencia evidente a la Electra Garrigó de Piñera. En otro diálogo, Orestes espanta unas moscas y al preguntarle Electra dónde están, le responde: “Electra, por favor, ahora no. Ya te dije que no eran heroicas, sino caseras. Aquí no hay nada de qué arrepentirse. Se confundieron de obra, y punto”. La obra a la cual remite, sin nombrarla, es Las moscas, en la que Jean Paul Sartre reescribió la Electra de Sófocles desde una óptica existencialista. Se trata, en fin, de pequeños homenajes, de guiños al espectador.

A propósito de las presentaciones en La Habana de la puesta en escena de Jardín de héroes, Joel Cano escribió unas líneas que resumen acertadamente los notables valores estéticos de la obra de Yerandy Fleites Pérez: “La capacidad para abordar de un modo profundo y nítido la realidad, la calidad de los diálogos, la coherente estructura dramática, el modo desprejuiciado y sincero con que se apropia de la tradición precedente, y en especial su temprana madurez, hacen de Jardín de héroes un texto de singulares valores”. Poco queda por añadir a ese elogio.

Estamos, pues, ante un talentoso autor cuya trayectoria habrá que seguir con atención.