Actualizado: 18/09/2019 12:17
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Literatura, Literatura estadounidense, Poesía

El epitafio como épica

En su crónica poetizada de un poblado imaginario, Edgar Lee Masters configuró el retrato de un pueblo tradicional y característico del Medio Oeste. Una obra que posee además el mérito de ser el poemario más vendido de ese país

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El año pasado, la argentina Ediciones En Danza publicó una nueva traducción de la Antología de Spoon River, del norteamericano Edgar Lee Masters (1869-1950). La firma Gerardo Gambolini, y se viene a sumar a las hechas, entre otros, por los españoles Jaime Priede y Jesús y Fabio López, el argentino Alberto Girri y los cubanos Jesús David Curbelo y Susana Haug. Gracias a todos ellos los lectores en lengua castellana hemos podido acceder a una obra cuya aparición Ezra Pound saludó con estas palabras: “Por fin el Oeste americano ha producido un poeta suficientemente fuerte para soportar el clima, capaz de abordar la vida directamente, sin circunloquios, sin frases resonantes que no significan nada. Listo para decir lo que tiene que decir, y callarse cuando lo ha dicho”.

Antología de Spoon River es todo un clásico de las letras de Estados Unidos y debe figurar entre las grandes realizaciones poéticas del siglo pasado. Posee además el mérito de ser el poemario más vendido de ese país. Se publicó por primera vez en forma de libro en 1915 (antes había aparecido por entregas, entre mayo y noviembre de 1914, en la revista Reedy’s Mirror, bajo el seudónimo de Webster Ford) y en los primeros cuatro años se vendieron 80 mil ejemplares. En 1940 acumulaba 70 ediciones, y hasta hoy no ha dejado de publicarse. Es uno de los pocos best sellers de la poesía norteamericana, pero se impone aclarar, para quienes no lo hayan leído, que se trata de un libro popular al que no se le pueden reprochar las concesiones comerciales de muchos best sellers.

Con Masters estamos ante el típico caso de lo que en inglés se define como un escritor de one hit wonder. Pasó su infancia y adolescencia en Lewinston, una pequeña ciudad del estado de Illinois. Estudió derecho en el Knox College y después de graduarse defendió a trabajadores, huelguistas y sindicatos. Tenía ideas liberales y anarquizantes, y estaba preocupado por el ascenso imperialista de su país. Se trasladó a Chicago para abrirse un hueco en el mundo del periodismo, para él una vía mediante la cual acceder a la literatura. Antes de publicar su Antología de Spoon River, era un escritor frustrado, que pese a haber publicado varios libros no era reconocido. Esa actividad solo se había materializado en unos poemas sin interés, malas imitaciones de Shelley y Tennyson; unas piezas teatrales académicas y convencionales; y unos ensayos prescindibles.

Tras finalizarla la obra por la cual ha trascendido, Masters sufrió un colapso nervioso muy grave. Al extremo de que Harriet Monroe, fundadora de la revista Poetry, tuvo que encargarse de todo lo relacionado con la publicación del poemario. Lo que sucedió después con la trayectoria literaria de Masters, no tiene explicaciones plausibles. Ni siquiera él pudo explicar satisfactoriamente cómo fue capaz de crear su gran obra, cuando redactó el ensayo “The Genesis of Spoon River”. Nunca logró superar su éxito. Volvió a la mediocridad inicial, y sus libros posteriores fueron ignorados por el público y la crítica. Pensó entonces que lo que debía hacer era entregar más de lo mismo, repetirse, y en 1924 publicó The New Spoon River, una secuela con poemas de factura muy inferior. Era evidente que ya no tenía nada sustancial que decir. Vivió sus últimos días amargado por su fracaso. Los pasó en el Hotel Chelsea de Nueva York, gracias a la ayuda de los amigos.

La celebridad con un solo título

Acerca de esto, Alberto Girri ha hecho notar que el hecho de que un oscuro abogado de Chicago escribiese un libro como Antología de Spoon River, para volver después a la mediocridad, resulta, cuando menos, llamativo. En su opinión, “acaso no existan explicaciones apropiadas. En definitiva, ¿cómo establecer por qué, sin ninguna razón aparente, un talento empieza a desvanecerse, y por mucho que el dueño de ese talento se empeñe llega el día en que siente que se ha tornado artificioso, repetido, que nada tiene ya de valioso por decir?”. En el caso de Masters, agrega, “no es improbable que las conjeturas más aventuradas sean también las más verosímiles. Como la que sostiene el crítico Horace Gregory, para quien la Antología de Spoon River parece haber sido escrita en una especie de estado de trance similar al que W.B. Yeats describe en sus autobiografías”.

No se trata, sin embargo, del único caso de un autor que ha pasado a la posteridad con un solo título. Y la de Masters es una obra que clave de la poesía norteamericana, para la cual abrió horizontes más amplios. Se sabe que la escribió en seis meses, y para crearla se inspiró en la Antología griega, compilada hacia el siglo I antes de Cristo. Recoge unas 4 mil piezas, entre las cuales predominan los epitafios, los epigramas y los versos amatorios, humorísticos y de tono elegíaco. Era un viejo proyecto suyo y comenzó a realizarlo en Chicago en 1914, tras una conversación con su madre acerca de personajes que él conoció en su infancia y adolescencia. Inicialmente pensó escribir una novela, pero como apunta en su libro Across Spoon River. An Autobiography, se dijo: “¿Por qué no hacer de este libro en el que había pensado en 1906, un libro en el que pintaría el macrocosmos describiendo el microcosmos?”.

Antología de Spoon River está compuesto por 244 epitafios de muertos imaginarios, que se hallan enterrados en un cementerio inexistente en la colina de un poblado mitad real, mitad mítico, de Illinois. En la primera edición los textos solo eran 209. Alguien le hizo notar al autor que el tono general era muy amargo, y para la reedición de 1916 él escribió 35 poemas más, en los que los personajes conservan la fe y alcanzan cierto grado de realización moral. Un solo personaje es real: Anne Rutledge, la novia de Abraham Lincoln.

El propio Masters señaló que prácticamente todos los oficios o profesiones están representados en su libro, a excepción de los de barbero, sastre, remendón y garajista. Asimismo, observó que las vidas de varios personajes se entrecruzan en 19 historias. Aunque los nombres de estos son ficticios, los pobladores de Lewinston sabían de quién se trataba, y al reconocerse se referían al escritor como “ese canalla de Masters”. Eso motivó que el libro fuese prohibido en escuelas y bibliotecas de la zona. La madre de Masters formaba parte de la junta de la biblioteca y votó en contra de que Antología de Spoon River circulase.

Cada poema es un relato, una pequeña crónica, un fragmento de la historia interior. A la vez, cada uno constituye una confesión pública, facilitada por la muerte, que libra y desinhibe. Escritos en primera persona, esos textos son, en el fondo, una introspección en la cual los personajes hurgan en aquellas zonas de su propia realidad que, en vida, permanecieron ocultas de las miradas ajenas: “En mi losa grabaron las palabras:/ ‘Su vida fue apacible, y los elementos se combinaron en él de forma tal/ que la naturaleza podría alzarse y decir al mundo entero:/ este fue un hombre’./ Los que me conocieron sonríen/ al leer esta retórica vacía./ Mi epitafio debió ser:/ ‘La vida no fue benévola con él/ y los elementos se combinaron en él de forma tal/ que le hizo la guerra/ y en ella fue muerto’./ ¡En vida no me pude defender de las lenguas oprobiosas,/ y ahora que estoy muerto debo someterme a un epitafio/ grabado por un tonto!” (traducción de Gerardo Gambolini). Cada muerto cuenta y recapitula su existencia: oficios, vida cotidiana, ambiciones, fracasos. Todos hablan, todos opinan, pues todos son personajes principales.

Resumen de la historia de Estados Unidos

Esa crónica poetizada de un poblado imaginario configura el retrato de un pueblo tradicional y característico del Medio Oeste, sumido en el puritanismo, la hipocresía, la codicia, la estrechez de horizontes, el sometimiento a las convenciones sociales. De ese modo, Spoon River alcanza, a través de la ficción, una magnitud más real que la realidad misma. Pero es también un resumen de la historia de Estados Unidos: la expansión territorial, las guerras, el avance de la civilización del dinero, la muerte de los valores preindustriales, la hipocresía del sistema judicial, el fracaso del idealismo.

En varios de los poemas, Masters muestra un mismo hecho desde perspectivas y vivencias distintas. Enfrenta a parejas de personas que, a través de los respectivos epitafios de sus nichos, arrojan luz y también justicia sobre sus vidas. Así, en el que corresponde a Benjamin Pantier se lee: “Yacen juntos en esta tumba Benjamin Pantier, procurador,/ y Nig, su perro, fiel camarada, consuelo y amigo./ Por el largo camino gris, amigos, niños, hombres y mujeres,/ abandonaron uno a uno la vida, me dejaron hasta quedarme/ solo con Nig como socio, compañero en el lecho y en la bebida”.

Esa versión contrasta con la de su esposa: “Y supongamos, además:/ que seáis una mujer bien dotada,/ y que el único hombre con quien la ley y la moral/ os permite tener relaciones conyugales/ es precisamente aquel que os repugna/ cada vez que pensáis en ello, ¡y lo pensáis cada vez que lo veis!/ Es por eso que lo eché de casa/ a vivir con su perro en un cuarto sombrío/ en la trastienda de su oficina” (ambas traducciones pertenecen a Alberto Girri). Masters hace una parodia de los epitafios tradicionales y pone de relieve su mentira y su acatamiento a la visión de los sobrevivientes, al sacar a la luz en los suyos la vida oculta, la sumergida.

Dos de los aspectos de Antología de Spoon River que Ezra Pound reconoció como un paso adelante para la poesía norteamericana de la época, fueron la combinación de registros y las innovaciones de estilo. En el libro de Masters hallamos versos coloquiales junto a otros que denotan una ardua elaboración y un indudable dominio formal. Mezcla el lenguaje cotidiano con sabias iluminaciones, y opta por un lirismo contenido, pero permeado de ironía, sarcasmo y ternura. La suya es una poesía directa y desnuda, que se plasma en unos monólogos amargos y decepcionados, en los cuales el conocimiento de personas y cosas corre parejo con la capacidad de ver lo esencial de los pequeños detalles.

Con su obra, Masters aportó un contrapunto realista a la poesía experimental que entonces empezaba a asomar en Estados Unidos. Es también un antecedente de una zona de la literatura norteamericana en la cual se inscriben autores como William Faulker, Sherwood Anderson, el Sinclair Lewis de Main Street, Richard Ford, Raymond Carver, y que tiene como escenario la realidad de las pequeñas ciudades como arquetipo de las grandes contradicciones del ser humano contemporáneo. Asimismo, Spoon River es precursor de los territorios ficcionales. Y finalmente, se puede decir que Masters abrió un camino novedoso y anticipó corrientes muy posteriores. Sin su visión, resultaría difícil imaginar la obra de algunos de los novelistas de los años siguientes.

Quiero concluir reproduciendo tres de los poemas que aparecen en Antología de Spoon River. La traducción pertenece a mi admirado Jorge Luis Borges. Esos textos aparecieron en marzo de 1950 en el habanero Diario de la Marina.

“Ana Rutledge”
Oscura, indigna, pero salen de mí
las vibraciones de una música eterna:
“Sin rencor para nadie, con caridad para todos”.
En mí el perdón de millones de hombres para millones
y la faz bienhechora de una nación
resplandeciente de justicia y verdad.
Soy Ana Rutledge que reposa bajo esta yerba,
adorada en vida por Abraham Lincoln,
desposada con él, no por la unión
sino por la separación.
Florece para siempre, oh república,
del polvo de mi pecho.

“Petit, el poeta”
Simientes en una vaina seca, tic, tic, tic,
tic, tic, tic, como una discusión entre insectos—
yambos desfallecidos que la fuerte brisa despierta—
pero el pino hace una sinfonía con ellos.
Triolets, rondeles, villanelas, sextinas,
baladas a docenas con el mismo viejo argumento:
las nieves y las rosas de ayer se han desvanecido,
y qué es el amor sino una rosa que se marchita?
La vida a mi alrededor en el pueblo:
tragedia, comedia, valentía, verdad,
coraje, fidelidad, heroísmo, fracaso—
todo eso en el telar y con qué dibujos!
Monte, pastizales, ríos y arroyos—
ciego toda mi vida a todo eso.
Triolets, sextinas, villanelas, rondeles,
simientes en una vaina seca, tic, tic, tic,
tic, tic, tic, qué minúsculos yambos,
mientras Homero y Whitman rugían en los pinos!

“Chandler Nicholas”
Bañándome cada mañana, afeitándome,
vistiéndome después,
pero nadie en la vida para alegrarse
con mi trabajada apariencia.
Caminando cada día, respirando hondo
en pro de mi salud,
pero la vitalidad ¿de qué me sirvió?
Adelantando cada día la mente
con meditación y lectura,
pero nadie con quien canjear sabidurías.
No era un ágora, no era un banco de liquidación
para lo intelectual, Spoon River.
Buscando, pero no buscado de nadie:
maduro, afable, utilizable, pero no utilizado.
Encarcelado aquí en Spoon River,
menospreciado por los buitres mi hígado,
devorándose solo.