Actualizado: 11/12/2019 10:35
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El olor de La Habana

Mariana Lendoiro ha publicado el libro 'Cuba: no hay tal lugar', una lúcida demostración del fracaso de la utopía que se enarbola dentro y fuera de la Isla.

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En Cuba no conozco a nadie que responda al nombre de Mariana Lendoiro. Sin embargo, ella ha escrito el libro estremecedor que tengo ahora entre mis manos. Se titula Cuba: no hay tal lugar (Ediciones La Cueva, 2006). Sorprende y duele como un puñetazo en pleno rostro su lúcida demostración del fracaso de la utopía que por muchos se pretende enarbolar a toda costa dentro y fuera de la Isla.

El libro está formado por varias viñetas en las que texto e imagen, además de complementarse, ofrecen el testimonio de la denuncia social: algunas en pequeñas historias individuales, y otras en reflexiones de franco tono filosófico.

Así, pues, Lendoiro narra el total agradecimiento de Nacha, una joven que nació en un caserío y que logró estudiar y superarse gracias a la revolución. Sin embargo, fustiga su oportunismo: Nacha ya no reconoce sus raíces, "recibía canastas del Consejo de Estado y cheques convertibles del Buró Político. Vivía en Miramar y nunca más se montó en una guagua. No conoce a la gente del caserío y juega siempre a la gallinita ciega. Ignacia, que no Nacha".

Cuenta sobre el alcoholismo de Miguel Elpidio, que bebe porque su vida se ha convertido en una sucesión de días tristes, los mejores los entregó a una causa en la que ya nadie cree: "pero Miguel Elpidio siempre vuelve al trago. Es su sirena personal para no acordarse de los jueves. Su forma de olvidar Angola y esto".

O cuando cuenta la historia de la tía Omara, personaje que dibuja la esquizofrenia que sufren los cubanos ante lo políticamente "correcto" y las verdaderas necesidades materiales y espirituales: "Luego despertó y vio que la ciudad era un puro escombro, que nadie entendía sus razones, que sólo ella oía el conjuro del Brujo. Volvió a tomar pastillas".

La reflexión alcanza sus momentos cumbre cuando la autora inquiere en torno al tiempo, la justicia, los derechos, las diferencias de clases y de razas que todavía persisten —aunque se niegue a diario en el discurso oficial—, el miedo, el exilio y tantos temas más que harían esta enumeración interminable. Y no sólo consigue un examen profundo de los hechos que expone, para el lector avezado no pasarán inadvertidas las alusiones a la obra de Jorge Luis Borges, Antonio Machado, María Zambrano, José Martí o a la lógica aristotélica.


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