Actualizado: 08/08/2022 15:58
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Hablar sobre hoy con palabras de ayer

Aunque resulte paradójico, la más auténtica aproximación cinematográfica a la figura de Cristo se debe a un hombre que fue ateo, marxista y homosexual declarado

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Es una obra poética que yo deseo hacer, no una obra religiosa, en el sentido usual de la palabra, ni una obra ideológica, en ningún otro sentido. Yo no creo que Cristo sea el hijo de Dios, porque no soy creyente, al menos conscientemente. Pero creo que Cristo es divino, ideal, que sobrepasa los límites comunes de la Humanidad. Por eso he hablado de poesía, instrumento irracional para expresar mi sentimiento irracional hacia Cristo.
Pier Paolo Pasolini

Es una paradoja ante la cual la lógica pierde su sentido. La mejor y más auténtica aproximación cinematográfica a la figura de Cristo se debe a un hombre ateo y marxista, que en los años 50 fue expulsado del Partido Comunista, en gran medida, por ser un homosexual declarado. Y para que nadie albergue la menor duda de lo que digo, el pasado mes de julio L´Osservatore Romano, el periódico oficial de la Santa Sede, proclamó El Evangelio según San Mateo, de Pier Paolo Pasolini (1922-1975), como “la mejor obra cinematográfica sobre Jesús”. Allí se expresa que “el abandono al fluir de la página evangélica” llena la película de “un expresivo soplo religioso”. Asimismo se apunta que “la humanidad febril y primitiva que el cineasta lleva a la pantalla confiere un nuevo vigor al verbo cristiano, que aparece en este contexto aún más actual, concreto y revolucionario”. Y se califica el filme como “una representación que toca las cuerdas sagradas con un realismo sincero”.

Desde 2005, El Evangelio… forma parte de los 8 mil títulos que integran los fondos de la Filmoteca Vaticana, instaurada en noviembre de 1959. Era la etapa del papado de Juan XXIII, a quien Pasolini dedicó su película. Al revisarse la copia existente, se descubrió que las imágenes mostraban signos de pérdida de luminosidad e intensidad. Debido a esto, la Filmoteca ha anunciado la decisión de restaurar y digitalizar su copia de El Evangelio… El anuncio coincide con los cincuenta años del estreno de esa obra única, en la que su director se propuso algo que, en principio, parece imposible: establecer puentes entre la ideología marxista y la doctrina social de la religión católica.

Nada permitía suponer que Pasolini pudiera realizar una película como esa. En varias ocasiones había declarado públicamente su ateísmo, algo que venía de su infancia: “No he tenido formación religiosa. Mi padre no creía en Dios. Si el domingo iba a misa, solo era por respeto a una institución garantizada del orden social”. Y además precisó: “Yo no amo el catolicismo como religión, no por ateísmo militante, sino porque mi religión, o más bien mi espíritu religioso —es otra cosa que una pertenencia por bautismo— se ofusca ante él”.

En su filmografía contaba asimismo con un precedente que era casi lo opuesto a lo que después hizo. Me refiero a La ricota, episodio de la película colectiva Rogopag (1962, los otros directores eran Roberto Rossellini, Jean-Luc Godard y Ugo Gregoretti). En el mismo, Orson Welles interpreta a un director que está filmando una cinta sobre la pasión de Cristo. Su protagonista es un pobre extra que toma parte en el rodaje. Sátira y a la vez apólogo, La ricota constituye un conmovedor y extravagante testimonio de la religiosidad pasoliniana. A causa de su contenido, el cineasta enfrentó un proceso bajo la acusación de ofensa a la religión y tuvo que hacer algunos cortes en su película (se puede ver en Youtube).

Ese mismo año, Pasolini recibió una invitación de la Pro Civitate Christiana di Assisi, para asistir a un encuentro con Juan XXIII. Fue hospedado en un convento, y como después contó un día descubrió en la mesa de noche junto a la cama un ejemplar del Nuevo Testamento. Empezó a leerlo y quedó fascinado. “Ese día me leí los Evangelios de principio a fin, como una novela. Fue como un rayo de luz. Sentí una necesidad inmediata de hacer algo con ese material”. Escogió el Evangelio según San Mateo por su sentido social y decidió que iba a respetar rigurosamente los diálogos, sin suprimir u omitir nada. Su argumento era que “ninguna imagen o palabra añadida puede alcanzar el altísimo nivel poético del texto”.

Pasolini dedicó mucho tiempo a la preparación, pues sabía que era un proyecto muy delicado y que caminaba sobre el filo de la navaja. Iba a ser además una producción cara y entre los posibles financiadores suscitaba una duda: cómo iba a ser el Cristo pasoliniano. Su idea inicial era rodar en Palestina, y allí se fue para buscar las locaciones. No las encontró, pero con las imágenes grabadas montó para el Festival de Spoleto Sopralluogo in Palestina. El Evangelio… se rodó en la primavera de 1964, en escenarios naturales del sur de Italia (Basicalato, Calabria, Sicilia, el Lazio), la región más pobre del país. Gracias a esos paisajes, el filme logra una imagen alejada de la dada por Hollywood y refuerza el carácter contemporáneo de la historia.

Siguiendo el camino iniciado por el neorrealismo italiano, Pasolini no usó actores profesionales. Los personajes son interpretados por campesinos y proletarios, gentes populares y corrientes de la Italia profunda, que aportaron su bagaje existencial y gestual. Para el personaje de Jesucristo, el cineasta había pensado en el poeta ruso Evgueni Evtushenko (algunos mencionan a Allen Gisnberg y Jack Kerouac). Justo entonces apreció Enrique Irazoqui, un catalán estudiante de economía de 19 años. Había leído Ragazzi di vita, la novela de Pasolini, estaba en Roma y mostró interés en conocer al autor. Alguien comentó que parecía salido de un cuadro de El Greco, pero que iconográficamente estaba lejos del gusto visual del cineasta. Este, sin embargo, de inmediato lo escogió. De acuerdo a él, lo impresionó la mirada penetrante del joven, detrás de la cual había una ira refrenada. La María anciana la interpreta la madre de Pasolini. Y también tiene una aparición episódica Ninetto Davoli, su amante en esa época. Después el cineasta le dio papeles importantes en Pajarracos y pajarillos, Edipo rey, Teorema y Porcile.

Superior a los anteriores y comerciales filmes

El Evangelio… se estrenó en el Festival de Venecia de ese año. Una película como esa representaba una prueba para la sociedad italiana, y por temor a posibles disturbios ese día el número de policías fue triplicado. Pero la película contaba con el apoyo de Giuseppe Seri, el conservador arzobispo de Génova. La Iglesia además dio, al menos por esa vez, muestras de amplitud de miras. Tras la proyección, la película fue recibida con un largo y cálido aplauso. Y además del Premio del Jurado, obtuvo el de la Oficina Católica Internacional del Cine (OCIC), que fundamentó así su decisión: “El autor ha tratado fielmente, con sencillez y piedad y a menudo conmovedoramente, el mensaje social del Evangelio, en particular el amor a los pobres y oprimidos, mostrando un suficiente respecto por el aspecto divino de Cristo. Este trabajo es, de lejos, superior a los anteriores y comerciales filmes sobre la vida de Cristo”.

No obstante, cuando se estrenó comercialmente hubo algunas protestas gratuitas y farisaicas por parte de los sectores católicos más reaccionarios. En realidad, obedecían a que consideraban un atrevimiento que un hombre como Pasolini, marxista, ateo y homosexual, abordase ese tema. Por otro lado, la crítica marxista objetó al cineasta su falta de compromiso al tratar una historia como esa. Algo a lo cual él ripostó: “Realmente, yo habría podido rehacer la historia de Cristo dándole el aspecto y los hechos de un agitador político y social, y habría tenido —quizás— el nihil obstat de los marxistas oficiales. No lo he hecho porque va contra mi profunda naturaleza desacralizar cosas y personas. Al contrario, tiendo a resacralizarlas lo más posible”.

Pasolini siguió punto por punto el Evangelio de San Mateo, sin hacer una adaptación ni reducirlo (la película dura 137 minutos). Se puede decir que su director se limitó a traducirlo fielmente en imágenes. En ese sentido, exteriormente es una obra capaz de despertar las reminiscencias de los católicos. Pero un examen más a fondo, demuestra que la hecha por el cineasta no es en absoluto una representación que corresponde a la imagen que la mayoría de esas personas tienen. Pasolini reivindica a Cristo como una figura mítico-popular. Su mirada marxista le quita aura divina al personaje, a través del cual, como él declaró, expuso su nostalgia por lo mítico, lo épico y lo sagrado. Asimismo su elección del Evangelio de San Mateo no es casual ni mucho menos arbitraria: se trata del más revolucionario de los evangelistas, porque es el más “realista” y concreto, el más próximo a la realidad terrenal del mundo donde Cristo apareció.

El Cristo que se muestra es, ante todo, un hombre de su tiempo. La película mantiene un respeto escrupuloso al contar su vida, desde su nacimiento hasta su resurrección, tal como es narrada por San Mateo. Lejos del tratamiento que se le ha dado en el cine religioso, en el filme de Pasolini Cristo aparece como un hombre dinámico, infatigable, orgulloso, severo y, en algunas ocasiones, hasta autoritario, que anuncia el evangelio con una vitalidad heroica. Es además un Cristo que pasa hambre, que llora por la muerte de Juan, que tiene miedo de morir, que ruega a su padre que le ahorre sufrimiento. Su figura, comentó un crítico, es tan frágil, que no parece poder aguantar lo que la posteridad crearía sobre él. Asimismo a diferencia de la mayoría de las otras películas, no tiene pelo largo, ni ojos azules, ni voz empalagosa. Coherente con ese concepto, Enrique Irazoqui se aleja de cualquier falsa grandilocuencia. Interpreta a Cristo con contención y con una solemnidad modulada (su voz fue doblada al italiano por el actor Enrico Maria Salerno).

En su filme, Pasolini hizo lo que nadie había logrado hacer hasta entonces: se acercó a la figura de Cristo con una mirada laica y limpia, renunciando a los colores y el cinemascope de Hollywood. En su puesta en escena, extraordinariamente respetuosa con la fuente, descartó el concepto clásico de belleza, en favor de la autenticidad. Todo en su película es simple, sencillo y narrativamente despojado de artificios. Un buen ejemplo de lo que digo es cómo el director ha resuelto las escenas de los milagros. El ángel que se les presenta a María y José es una chica vestida de blanco, sin ningún atributo que la identifique como tal. Igualmente ocurre en la secuencia en que Cristo camina sobre el mar. Pero la eficacia del filme descansa precisamente en la desnudez de su planteamiento.

Asimismo y a diferencia de la película de Mel Gibson, no hay sangre, tortura explícita, castigos exagerados o sadismo. El sufrimiento es mostrado mediante planos generales y fugaces primeros planos del rostro de Cristo. Por otro lado, es de destacar la impresionante fotografía de Tonino Delli Colli. Al captar los ásperos y desolados paisajes por donde se mueven los personajes, sumerge al espectador en el hermoso primitivismo de unos luminosos blancos, negros y grises. Otros acierto es la banda sonora, que incorpora música de Bach, Mozart, Prokofiev, Webern, junto con cantos africanos y afroamericanos.

Medio siglo después de realizada, El Evangelio… conserva sus valores como magistral representación de las Sagradas Escrituras. Película fascinante y de amplias proporciones, transpira autenticidad, sencillez y humanidad por los cuatro costados. De ella se puede decir lo que el crítico italiano Mario Verdone escribió cuando su estreno: “Quizá se puede afirmar por primera vez que incluso con un filme bíblico se puede dar vida a un hecho artístico”.